El agua en Arabia. Una historia leve

Este cuento empieza en Arabia Saudita, allá por 1930…

En ausencia de riego, es difícil pensar en algo que no sea una subsistencia nómada

En ausencia de riego, es difícil pensar en algo que no sea una subsistencia nómada

¿Cómo era Arabia entonces? Difícil de imaginar, porque el petróleo (o el uso intensivo de la energía) lo ha cambiado todo, pero, quizá, si imaginamos el Yemen actual, con el que comparte península, y echamos 75 años atrás, es posible llegar a hacerse una idea. Un paisaje nada amable. En cualquier caso, un pueblo esencialmente nómada y ganadero, pesquero en la costa, sin grandes concentraciones humanas, que el clima y los recursos no las permiten (lugares de peregrinación aparte), con problemas en todos los campos (enseñanza, salud, agua, energía, etc.).

Al final de los años 30 aparecen los primeros yacimientos petrolíferos y, con ello, todo cambia, aunque suavemente. Intereses extranjeros mueven el negocio, se atraviesa la  guerra mundial, etc.

La explosión se produce en la crisis de comienzos de los años 70 del siglo pasado (sucesora, al menos en el tiempo, del final de la convertibilidad automática del dólar y de los acuerdos de Bretton Woods), cuando el precio del barril de petróleo, mucho tiempo estancado, experimenta un apreciable crecimiento. Los ingresos por las exportaciones suben de una manera sostenida y, de forma pareja, lo hace también la renta per cápita.

Aprovechando la época de bonanza, los sabios del país intentan hacer frente al mayor problema que aqueja a su sociedad: la escasez de agua, que hace difícil una mínima seguridad alimentaria. Se lanza un gran programa de electrificación y, haciendo uso también de la técnica de perforación de pozos petrolíferos, se comienza la extracción a gran escala de agua desde un acuífero profundo. Agua cara, en energía, pero agua.

Invirtiendo más de 30.000 millones de euros en el bombeo, consiguen, en diez años, poner en regadío un millón de hectáreas (en España hoy se riegan 3,5 millones de hectáreas), esencialmente para trigo. Al mismo tiempo, se desarrolla una potente ganadería, por lo que también se empieza a cultivar alfalfa. Y, a través de esta política, Arabia consigue su independencia alimentaria y recolecta casi 3 millones de toneladas de trigo en el año 2005.

En un “milagro”, de los muchos que hemos visto basados en la cultura del crecimiento. La seca Arabia llega a ser la sexta exportadora mundial de trigo[1].

Pero el milagro no era “sostenible”. Como no podía ser de otra forma en un territorio de precipitaciones escasas, el acuífero es un acuífero fósil, sin recarga. Su agua es agua de miles de años atrás, cuando el clima era otro y la zona fértil. En estos treinta años, el acuífero ya ha perdido el 60% de su agua.

Así, tras más de veinte años de autosuficiencia de trigo, los saudíes anunciaron en 2008 que su acuífero se encontraba casi agotado (el acuífero ha ido descendiendo a un ritmo aproximado de 10 metros/año) y que se abandonaría gradualmente la producción de trigo. Entre 2007 y 2010, la cosecha de casi 3 millones de toneladas cayó hasta menos del millón. Si hubiesen seguido a pleno rendimiento, los saudíes podrían estar recogiendo hoy su última cosecha de trigo y acabar dependiendo del cereal importado para alimentar a su población de casi 30 millones de personas. Además, las técnicas de desalación a gran escala y para riego aun no están maduras y su consumo energético es disparatado, incluso para el gran extractor de petróleo.

Pero aun cuando las dificultades puedan parecer insalvables, desaparecen como por arte de magia si se dispone de dinero y poder (aunque sea aliado). Dado que no tenemos agua y, por tanto, tampoco alimentos propios, ¿cómo funcionarían las cosas si en lugar de buscar directamente el agua, compramos (en tiempos pasados podría haber sido “conquistamos”) tierras que se puedan regar, producimos allí los alimentos (con la ventaja de que podemos emplear pseudo-emigrantes que trabajen para nosotros en sus tierras) y nos los traemos aquí, a nuestras mesas?

Y dicho y hecho, los petrodólares atacan Etiopía, regada por el Nilo (antes hubo un intento de inversión en infraestructuras en Sudán, pero la salinización progresiva de las tierras lo abortó). Crean fincas/colonias en territorios próximos y con posibilidades de transporte. Países que sufren hambrunas regulares ceden por (casi) nada tierras de regadío para que se produzcan alimentos para países acomodados.

Agua “procesada” para los nuevos colonialistas, siguiendo un esquema que se ve tan natural que se puede expresar incluso por escrito. En la Guía-País correspondiente a Arabia Saudita, elaborada por la Oficina Económica y Comercial de España en Riad (2010) se dice, sin ningún rubor: “El gobierno creó en 2008 un nuevo programa destinado al desarrollo del sector agrícola. Este programa consiste en apoyar los proyectos agrícolas en países extranjeros a condición de que la producción sea reexportada a Arabia Saudí. Con este objetivo se anunció en abril de 2009 la Saudi Company for Agricultural Investment and Animal Production, de capital público, destinada a apoyar a empresas privadas interesadas en las citadas actividades”.

Y aquí acaba el cuento, que viene con “moraleja”. Los límites existen, son evidentes, pero los del norte somos capaces de evitarlos, de ignorarlos, a base de hacerlos recaer sobre el sur pobre. Si esta crisis, además de una estafa, está siendo una crisis de crecimiento, saldremos de ella en algún momento, sí, pero a base de colocar las pérdidas a otros con menos posibles y a la espera de la siguiente, que ya amenaza. Y, quizá, la cuestión que se está dilucidando ahora en España (y en Grecia y en otros países de la periferia) es si quedaremos situados entre los que pueden vivir ignorando los límites o pasamos a ser de los que deben soportar sus propios límites y los de los demás. Si nos desplazamos desde el rico norte hacia el pobre sur. Defendamos el sur, que quizá sea nuestro destino a corto plazo,

Comparación entre las rentas per cápita en Arabia Saudita y España a lo largo de los años, en US$

Comparación entre las rentas per cápita en Arabia Saudita y España a lo largo de los años, en US$

Para evitar la tentación de pensar que este cuento sólo cabe en el mundo de los ricos jeques, en el gráfico adjunto se presenta la evolución de la renta per cápita en  Arabia en comparación con la española a lo largo de los últimos 40 años. Los más ricos somos nosotros.

 

 

[1] Fuente de los datos anteriores: FAO. “La situación mundial de la alimentación y de la agricultura 1992”, donde también loa “los remarcables progresos realizados por Arabia Saudita en el último decenio en los campos de la alimentación y de la agricultura han atraído la atención del mundo entero

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5 respuestas a El agua en Arabia. Una historia leve

  1. Pingback: EL LENGUAJE DE LAS FLORES. Y DE LA TIERRA QUE LAS ACOGE Y EL AGUA QUE LAS RIEGA | Agua, energia y decrecimiento

  2. estela dijo:

    Muy buena la entrada, yendo a la clave del problema, los limites están ahí, pero desde el norte es fácil esquivarlos y hacer que recaigan en el sur empobrecido, pero nos olvidamos de que la Tierra es una y que esta trampa, además de injusta, no será sostenible por mucho tiempo…Felicidades por el blog.

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  3. amalia dijo:

    la historia del las peronas y sus acciones no se suscriben a los ultimas décadas, yo imagino una Africa hace 2000 años o incluso mas muy verde…. no puede ser que esos grandes rios que la cruzan con sus miles de afluentes, no estuvieran rodeados de su influencia(afluencia…) por que sin que sea una ninguna lumbrera… me lleva a pensar que toda esa desertizacion, no se ha producido mas que por la acción de las diferentes “culturas” que han ido pasando por ella… en fin la accion seria no hacer… pero ….
    hoy quiero…. y puedo, aunque en pequeñas acciones, hacer algo ….
    Amalia

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