¿Energías renovables? Claro que sí, pero ¿cómo?

Quinta entrada. Ya es hora de tocar temas un poco más conflictivos. Es la hora de las energías limpias, de la fotovoltaica (FV) en concreto.

En los ambientes de “nuestras” plazas (casi) nadie pone en duda que la energía FV es merecedora  de atención y de promoción por parte de los poderes públicos. Es esencialmente buena, y en ella deben invertirse esfuerzos y recursos públicos. Pero ¿es realmente todo de color de rosa? ¿No hay ningún pero? Revisémoslo con un poco de detalle.

Distribución mundial de la energía solar recibida. Existe una apreciable desigualdad que penaliza, en general, a los países ricos

Distribución mundial de la energía solar recibida. Existe una apreciable desigualdad que penaliza, en general, a los países ricos

A nivel mundial, realmente parece que no hay límite en cuanto a energía FV disponible. Esto nadie lo pone en cuestión. De hecho, con cubrir con paneles solares tan sólo el 0,007% de la superficie emergida de la tierra produciríamos toda la electricidad que hoy consumimos [1].

Cierto es que la energía solar no se reparte por igual en todo el planeta (la imagen superior es ilustrativa), que existen pérdidas en el aprovechamiento y el transporte y que su patrón de dsiponibilidad difiere mucho del de la demanda, sin tener, por si misma, la posibilidad de adecuar el uno al otro, pero, en cualquier caso, hay tanta y la desproporción con las necesidades es tan grande que, en la práctica, puede considerarse hoy como ilimitada.

Por otra parte, y aun cuando pueda pensarse que la técnica para su explotación no está del todo madura (que aún está en una fase de evolución “moderadamente rápida”),  ya no es cierto (si es que alguna vez lo ha sido) que la fabricación de los paneles consuma más energía que la que pueden producir a lo largo de su vida útil. De hecho, a día de hoy, dependiendo del lugar en que se instale y de la forma “razonable” en que se explote, toda la energía consumida en la fabricación de un panel se recupera en entre uno y tres años de funcionamiento, siendo la vida útil del orden de 30. Realmente produce entre 30 (las más avanzadas) y 10 (los modelos más antiguos) veces la energía que ha sido necesaria para su fabricación [2].

Desde el punto de vista económico, también hay acuerdo en que el coste del panel, instalado como fuente de energía adicional y en muchas zonas de la tierra, ya es competitivo con la energía convencional, céntimo arriba o céntimo abajo, [3].

Ambientalmente, no hace falta investigar mucho para llegar al convencimiento de que la energía FV emite menos gases de efecto invernadero que las energías que actualmente dominan el mercado y, por tanto, debe tener mejor comportamiento frente al calentamiento global, o que su impacto ambiental es muy inferior al de la competencia.

Y lo mismo puede decirse respecto a nuestra soberanía y la reducción de nuestra dependencia energética del exterior, a que se trata de un campo en el que somos (¿éramos?)  cabeza de cartel, o que admite casi cualquier escala en la producción y no necesita apenas mantenimiento, por lo que no genera servidumbres…

Lo anterior se plasma en la existencia (bendita existencia) de defensores honestamente convencidos de la necesidad de esta energía, como son por ejemplo, la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético (PNME) [4] y la WWF [5] .

Entonces, ¿dónde está el problema?

No es seguro que exista tal problema, pero algunos pensamos que, si bien es cierto que la energía FV  está ahí y forma parte de la solución a la encrucijada energética en la que estamos, también lo es que, por sí sola,  no resuelve la cuestión. Que la preponderancia de las renovables respecto a las convencionales en el “mix” energético llegará, un poco antes o un poco después, y que es tremendamente importante la forma en que se formule el camino. Que las renovables, por sí mismas, no son más que soluciones técnicas (hoy ya indispensables)  y que su influencia en la estructura social, sea positiva o negativa, dependerá de nosotros y de nuestra manera de conducir el proceso de transición.

Actualmente los problemas globales relacionados con la energía son muchos y diversos. A algunos de ellos se enfrenta la energía FV (el calentamiento global y el agotamiento de los recursos son dos aspectos claros) pero, por ejemplo, no incide nada en otro, también fundamental, como es el de la desigualdad que, en su límite, se traduce en la pobreza energética que ha aflorado ahora en los medios españoles, como consecuencia de la crisis, y que es endémica en buena parte del mundo [6]. ¿Cómo incide en la lucha por la erradicación de la pobreza energética la apuesta por la energía FV? ¿No es posible que dé lugar a un trasvase de recursos desde los muy pobres hacia hacia los menos pobres? Si el precio de la energía FV es competitivo (no notablemente inferior) con el de las convencionales, ¿cómo van a poder disponer de ella los que ahora no pueden pagar la factura de la luz? ¿No agravará la situación el hecho de que el coste de la FV deba desembolsarse en el momento de la instalación inicial? Si existe una parte apreciable de la población (en España y en el mundo) en situación energética precaria, ¿cómo prevé el nuevo sistema su integración, sin recurrir a la caridad?

Con lo anterior se incardina la cuestión del enfoque que se adopte,  individual o colectivo. Por aclarar las cosas y caricaturizando, la cuestión vendría a ser como si, ante el problema del tráfico (atascos y contaminación), uno optase por la solución “helicóptero” (individual) y no se plantease la posibilidad del transporte colectivo. Realmente, la defensa del autoconsumo como alternativa fundamental, ¿no es más una alternativa individual, asocial, que un planteamiento social, colectivo? ¿No tiene un cierto parecido a los planteamientos neoliberales con que nos acosan? ¿De un planteamiento como ese, no es esperable que deje tirados a todos los que no pueden pagar el precio que fijen los productores de paneles, aquí y en África? Y, al que se queda en la cuneta, ¿le preocupan algo el calentamiento global y el futuro del planeta? ¿Se le puede pedir que participe en un movimiento colectivo de lucha? Si nuestra solución es individual, ¿tiene sentido el realizar enfoques colectivos a la pelea por alcanzarla?

Hilando con precios y costes, es una tendencia humana culpar de los fallos siempre a otros, sean el gobierno, que no apuesta por las renovables, o las eléctricas, que ejercen presión e impiden su desarrollo y que prefieren el control a la rentabilidad (como si tuvieran que elegir). Pero, ¿por qué no invierten en el negocio los fondos de inversión y otros buitres? Si lo han hecho en alimentación, ¿por qué no aquí? ¿No será que la FV no es tan rentable? ¿No será que nuestra valoración positiva no la comparten los que tienen el dinero? Sabemos que el coste de la energía FV, en abstracto, como apoyo y para nuevas instalaciones, puede ser competitivo con las fuentes tradicionales, pero ¿lo es también en un ambiente de ahorro de energía o de decrecimiento, cuando ya existen instalaciones funcionando? ¿Lo es en todos los emplazamientos? Si no lo es, ¿no habría un coste de transición al nuevo modelo [7]? ¿Es razonable plantear una cuestión como esta en términos económicos? ¿No equivale esto a dejar a los “mercados” que campen a sus anchas? ¿Cómo puede hacerse compatible el considerar que, hoy en España, la factura eléctrica está inflada artificialmente con una defensa “económica” de una alternativa cuyo precio es semejante al “inflado”? ¿Cómo puede pensarse simultáneamente en la madurez de la técnica y en la existencia de un margen importante de reducción de costes?

Entonces, ¿qué es lo que pensamos algunos? Pues que no es que el recurso a la energía FV (y, en general, a las renovables) sea mejor o peor, es que es ineludible. Estamos condenados a recurrir a ella, simplemente porque nos obliga el calentamiento global y el agotamiento de los recursos fósiles. La cuestión no es tanto discutir ventajas e inconvenientes sino en convencernos y convencer de la necesidad  (más allá de la conveniencia) del cambio y conseguir que el proceso de transición entre lo viejo y lo nuevo conduzca no sólo a un planeta viable, sino, también, a una sociedad más justa, única manera de que el planeta sea viable, por otra parte.

Las preguntas están ahí. Y la posibilidad de comentarlas, también. En el blog volveremos sobre ellas en entradas posteriores, que esto da para mucho.

 

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Si la relación fuese la misma en España, sobraría con dedicar a la producción de energía PV la superficie que ocupan los grandes embalses, que podrían seguir funcionando

[2] El renacimiento de esta leyenda urbana puede que haya sido debido a la publicación  reciente de artículos técnicos (por ejemplo “Energy Balance of the Global Photovoltaic (PV) Industry – Is the PV Industry a Net Electricity Producer?”  Dale y Benson 2013) en los que se afirma que la industria de la FV acaba de alcanzar un nivel en el que produce más energía que la que consume. Esto ha sido interpretado (por ejemplo en http://www.veoverde.com/2013/04/al-fin-paneles-solares-producen-mas-energia-de-la-ocupada-en-su-fabricacion/, curiosamente una página ambientalista)  como aplicado a un panel individual (se acaba de conseguir que en la fabricación de un panel se consuma menos energía que la que producirá en el futuro) cuando lo que realmente dicen es que la industria de la FV, en su totalidad, demanda en un año menos energía que la que producen, también en un año, la totalidad de los paneles instalados, sin hablar para nada de la energía que producirán en el futuro. Además del año en que se equilibran, cada panel habrá estado o estará otros 29 captando energía sin contrapartida.

[3] La energía FV no llega a ser gratis, como dicen algunos, pero puede competir en coste. Es cierto que el sol está ahí y nadie se ha apropiado de sus derechos (¿todavía?), pero eso también ha pasado con todas las fuentes de energía en algún momento (el agua estaba ahí para las hidroeléctricas y el uranio también para las nucleares, hasta que alguien se inventó un título de propiedad o de concesión). El coste de la energía, a nivel global, está en los elementos necesarios para ponerla a disposición, siendo el resto, hasta llegar al precio, lo que se paga a alguien en concepto de remuneración por usar lo que dice que son sus recursos naturales. Este alguien debiera (y no lo hace)  restituir lo que ingresa de más a la legítima dueña del recurso: la tierra y la humanidad que la habita.

[4] En http://www.nuevomodeloenergetico.org/pgs2/index.php/main-page-list/documento-base/documento-base-espanol/ se lee: “Las tecnologías renovables son las que utilizan materias primas energéticas autóctonas, que se regeneran y que no emiten (o lo hacen de forma mínima o neutral) contaminantes a la atmósfera. Estas formas de obtener energía deben desplazar lo antes posible, pero de forma planificada (de acuerdo con criterios ambientales, económicos y sociales), a las tecnologías sucias y peligrosas”.

[5] “La revolución energética contempla el desarrollo de un nuevo paradigma, basado en la generación distribuida y el autoconsumo energético, que estarán influidos por el desarrollo de la energía solar fotovoltaica, así como de la energía eólica de media potencia con suministro a la red del excedente generado”. La cita está tomada de http://awsassets.wwf.es/downloads/nuevo_modelo_energetico_wwf_axa.pdf:

[6] Esta cuestión a nivel mundial ha sido objeto la entrada anterior “¿Ahorro energético? Mejor decrecimiento“.

[7] Como nota completamente al margen, la existencia de este coste de transición debiera ser interpretada como una buena noticia por  los defensores del crecimiento sobre todas las cosas. Haría subir el valor del Producto Interior Bruto que utilizan como medida universal

 

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6 respuestas a ¿Energías renovables? Claro que sí, pero ¿cómo?

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  3. estela dijo:

    Muy bueno el articulo, las ER son necesarias por limites físicos pero son tan necesarias como lo es el democratizar el sistema energético, si hacemos una mera sustitución de unas energías por otras estamos en las mismas…también estoy de acuerdo con Rodrigo en que el autoconsumo no tiene por que implicar individualismo por lo que reducir el consumo y procurar el autoconsumo me parece que es un buen camino…

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  4. Respondo a la entrada como miembro de la mencionada Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, Ecologistas en Acción, comunero de Ecooo y socio de Som Energia (productor y consumidor, por lo tanto, de electricidad a partir de paneles fotovoltaicos y renovables), y algunas otras organizaciones y plataformas.

    Lo primero decir que me parece que el artículo en general tiene un enfoque acertado, pero adolece de algunos errores de percepción en cuanto a los defensores de las renovables, o al menos esa es la impresión que da al leer algunas frases, por lo que me gustaría aclarar o matizar algunos aspectos:

    1. Es evidente que ninguna tecnología, ni la fotovoltaica ni ninguna otra, por sí sola, es suficiente ni adecuada para atender a las necesidades de la humanidad, ni siquiera, probablemente, es la mejor opción (por si sola) a nivel económico y ecológico para ningún colectivo. Pensar que hay quienes apuntan en esta dirección es un error. Desde las organizaciones a las que pertenezco siempre se ha hecho énfasis en que transitar hacia un modelo bajo en carbono requiere de un mix equilibrado de diferentes tecnologías renovables.

    2. Ahondando en esto, hay que tener en cuenta que cuando hablamos de fotovoltaica hablamos de consumo eléctrico, que es únicamente el 25% de la energía total que se consume. El restante 75% se dedica a transporte y usos térmicos, fundamentalmente a partir de fuentes fósiles.

    3. Otro hecho en el que se hace hincapié desde las diferentes organizaciones que pugnan por un modelo energético y social respetuoso con el planeta es la necesidad de reducir drásticamente, en los países industrializados (o enriquecidos) el consumo de energía. De hecho, este debe ser el primer punto a plantear en relación a un nuevo modelo, un consumo responsable y ético de recursos.

    4. Respecto a la pobreza energética, decir que se lleva décadas instalando fotovoltaica, minieólica y otras formas de autoconsumo eléctrico, de forma normalmente colectiva, en pueblos de África, Sudamérica y Asia, ya que estos sistemas son más baratos en lugares a los que no llega una línea eléctrica, y esto ya desde hace décadas.

    5. Autoconsumo individual/colectivo. Cuando se defiende el autoconsumo desde posiciones sociales y ecológicas, no se hace desde el plano únicamente individual. El autoconsumo es una opción válida a nivel de una familia, de una comunidad de vecinos, de un lugar de trabajo, ocio, comercio, locales sociales, instituciones públicas, colegios, hospitales… El hecho de que se pueda generar parte o la totalidad de la energía que se consume, directamente a partir del sol, el viento, o cualquier otra fuente renovable, no es por sí un alegato al individualismo.

    6. Elitismo o democratización de la energía. Las fuentes renovables son gratuitas (el sol, el viento, el agua, las olas, el calor de la tierra), pero requieren una inversión inicial a veces (no siempre) más elevada que una instalación convencional. Esta inversión se recupera con el tiempo, pero puede suponer un problema para quienes no disponen de los recursos suficientes. Esto es cierto, y por lo tanto debería haber ayudas para su implantación, o posibilidad de colectivizar los esfuerzos. Dicho esto, también es cierto que precisamente la fotovoltaica (y también la solar térmica) es de las tecnologías más modulares que existen, por lo que desde una inversión relativamente baja se puede generar una parte de la energía que se consume, por lo que es, probablemente, la más democratizable. De hecho, posiblemente, es esta una de las razones por las que sufre los ataques desde los grandes monopolios de la energía: porque es una fuente energética dificilmente controlable por las grandes corporaciones.

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  5. Luis García dijo:

    Muy interesante artículo. Coincido plenamente con la idea de que las energías renovables ya no son alternativas sino ineludibles: no nos queda otra que aceptarlas a pesar de todos sus inconvenientes prácticos (aquí hay un comentario mío al respecto, aunque centrado en la eólica: http://lasendadelcrecimiento.blogspot.com/2014/02/molinos-vs-pozos-el-dilema-de-las.html). La solar tiene la ventaja práctica de ser sobreabundante, una ventaja que aflora ahora que los combustibles fósiles por un lado y la capacidad del sistema climático para digerir las emisiones de CO2 por otro comienzan a escasear seriamente. Pero en todos los demás aspectos prácticos sale malparada de la comparación con las energías convencionales (al menos con las de los tiempos en que eran abundantes).
    Hemos disfrutado de muchas décadas de abundancia energética (el petróleo y el gas eran baratos, el cambio climático no nos preocupaba). No me parece a mí que en ese tiempo hayamos construido un sistema energético exento de desigualdad y de pobreza energética: cuántos cientos (¿miles?) de millones de personas no tienen acceso a la electricidad, ni a muchos otros servicios esenciales que dependen de un suministro energético asequible y seguro. Ahora nos toca revertir la escasez energética que viene y además enmendar (o al menos no empeorar) unas “influencias negativas en la estructura social” del sistema energético vigente. Yo lo veo complicado, sea con FV, con termosolar, con eólica…
    Pero no todo van a ser inconvenientes. Nos puede gustar más o menos el enfoque individual, o individualista, que permite la PV merced a su escalabilidad. Pero esta misma escalabilidad también permite acomodar el coste de acceso a economías modestas. En muchos lugares de África el coste de conectarse a la red (desembolso inicial, la facturación del consumo viene luego) es infinito (porque no hay red) y en otros muchos inasumible para una familia de ingresos medios, y desde luego muchísimo más caro que el de una instalación FV modesta que permita iluminar por la noche (para estudiar, por ejemplo), cargar los teléfonos móviles y tal vez mantener un pequeño frigorífico.

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  6. Benito dijo:

    Verdaderamente interesante, muchas reflexiones… especialmente interesante la relativa al individualismo y el planteamiento de lucha colectiva. Imagino que algunos veran una critica a la FV en este articulo e igual te llenan el muro de criticas por eso comento pronto y añado que tambien veo una carencia en reflejar algunos problemas ambientales que puede llegar a tener como residuos o contaminacion en los procesos de extraccion de materiales y fabricacion (dejo fuera ese problema de que las aves, e incluso los insectos, confunden las instalaciones grandes con masa de agua y se obsesionan, hasta morir, con intentar beber en ellas que ultimamente plantean los ultra-ecologistas californianos).

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