Gato por liebre. O petróleo por agua (embotellada, claro) [1]

Puede resultar hasta cierto punto sorprendente el hecho de dedicar una entrada específica a un asunto tan poco relevante como el del agua embotellada, pero esta simple cuestión ayuda a entender cómo agua y energía, como recursos básicos que son, abundantes y escasos a la vez, se relacionan íntimamente y cómo, desde la modestia, en nuestra cultura, todo contribuye al crecimiento destructor.

Aksum Botellas de agua

Para nosotros es un desechable. Para otros, las botellas usadas de agua mineral se venden en los puestos, al lado de las sombrillas litúrgicas. Aksum (Etiopía)

Cierto. Ya no es extraño encontrar textos que expresan oposición (o al menos sorpresa) desde distintos puntos de vista frente al consumo exacerbado de agua embotellada [2]. Así, se cuestiona la causa que nos hace pagar 1.000 veces más por el agua embotellada que lo que nos cuesta el agua del grifo [3] o por qué se exigen menores controles en la legislación española al agua embotellada en comparación con los obligados para el agua “municipal” [4]. Se resalta la posible contaminación que pasa del plástico de la botella al agua, sobre todo si esta se reutiliza [5] o el gran volumen de residuos que se generan en el ciclo [6] e, hilando muy fino, se hace referencia al sobreconsumo de agua que genera [7].

No obstante, y aun siendo válidas las críticas anteriores, aquí nos vamos a referir sólo a una cuestión concreta: la del consumo energético o cómo, creyendo comprar una cosa (agua), realmente adquirimos otra (energía).

Como consideración previa, y dada la dificultad que tradicionalmente ha tenido la expresión y comprensión de las unidades que se emplean al hablar de energía, en esta entrada utilizaremos una nueva unidad recién inventada para la ocasión (así de heterodoxos podemos llegar a ser). Se trata de la energía que consume una bombilla de bajo consumo normal (20 W) a lo largo de una hora (la “hora bombilla”) [8].

Pues bien, la existencia de agua embotellada implica un ciclo de producción relativamente sencillo que arranca de la propia extracción y sigue con el embotellado, el transporte hasta los puntos de distribución, el enfriado y finaliza con el retorno o el desecho de los envases. Aquí solo nos referiremos al ciclo hasta llegar al consumo, sin abordar la problemática de los residuos.

En ese ciclo, implican consumo de energía la elaboración del plástico [9], el transporte de este hasta la planta de embotellado, el conformado de las botellas, el llenado, etiquetado y procesado de las botellas, el transporte del producto ya finalizado a los puntos de distribución y de aquí a los de venta y, en algún momento, el enfriado del agua previo a la venta o al consumo.

Como hemos dicho, se consume energía en la propia elaboración del plástico [10],  siendo necesarios unas 350 “horas bombilla” por kilogramo de plástico. El convertir el plástico bruto en botella (conformado) implica otras 90.

Por otra parte, para fabricar una botella de litro se necesitan del orden de 38 gramos por botella (más otros 2 para el tapón). Cierto es que se está reduciendo el peso necesario, pero todavía ni en las más ligeras baja de los 30 gramos.

Combinando los valores anteriores, el consumo de energía por botella de litro es de 18 “horas bombilla”, pudiéndose considerar ya incluida la energía consumida en el transporte del plástico a la planta.

Siguiendo adelante, tanto en el proceso como en la limpieza, el llenado y el etiquetado el consumo energético es reducido, por lo que no lo consideramos [11].

El segundo punto de consumo energético importante es el asociado al transporte, que depende del origen y del destino, así como del medio de transporte. Para conseguir una estimación de lo que este consumo representa nos referimos al caso  concreto del agua FontVella, la mayor embotelladora de España (existen casos sangrantes como son el conocido del consumo mundial del agua Fiji, procedente de la Melanesia y que dicen que beben Cameron Díaz o Tom Cruise, o de los peces de hielo para el gin-tonic de la Antártida, pero nos es suficiente el caso doméstico).

Puede estimarse que el servicio a Madrid, por ejemplo, implica un transporte en camión de unos 130 km, mientras que a Sevilla se superarían los 500 km. En ambos casos debe sumarse un transporte final en furgoneta o similar, estimado en 10 km [12].

Pues bien, existen estudios que permiten valorar el consumo energético del transporte en España, pudiendo establecerse, como referencia, que si se utilizan camiones ligeros, solo en combustible, el transporte implica un consumo de 16 “horas bombilla” por tonelada transportada y kilómetro recorrido, mientras que utilizando furgonetas representa 148 [13].

Aplicando los valores anteriores, la repercusión del transporte de una botella de agua de un litro desde Sigüenza (punto de distribución FontVella para las zonas centro y sur de España) a los puntos de venta en Madrid tiene un consumo energético de 4 “horas bombilla”, que en el caso de consumo en Sevilla se convierten en 10.

Un último consumo energético es el que corresponde a la refrigeración del agua antes de su uso, resultando ser aproximadamente media “hora bombilla” por litro de agua [14].

Como resumen de todo lo anterior, el consumo de un litro de agua embotellada lleva aparejado un consumo energético de unas 21 “horas bombilla” como media de los dos puntos de consumo considerados (unos 4,6 megajulios de energía térmica). Se consume la misma energía cuando desechamos una botella de agua envasada que manteniendo encendidas 5 bombillas de bajo consumo durante 4 horas (lo que podría ser un día), por ejemplo.

Los resultados anteriores se pueden expresar también en euros (y así lo harían los economistas), pudiéndose decir que la energía, a precios actuales, representa más de siete céntimos de euro del total de los veintiuno del precio medio de venta en supermercado, con sus márgenes y todo.

En este punto quizá llame la atención el hecho de no haber hablado del coste del agua como tal y es que realmente no existe tal coste. El agua es un bien público y el que la comercializa no debe repercutir ningún coste; tan sólo, dependiendo de en qué punto de España se encuentre el manantial, el promotor debe pagar una cantidad variable (siempre menor de 100 €), como derecho de inscripción y por toda la vida del manantial. Alguien utiliza el agua común para vender energía.

Otra cuestión interesante puede ser la de valorar lo que representa la energía del agua embotellada en su conjunto. Para ello multiplicamos el volumen total suministrado [15] por el consumo energético unitario, resultando que la energía total asciende a unas 550 mil toneladas equivalentes de petróleo. Para entender lo que esto implica, señalamos que en España se importa un total de 60 millones de toneladas de petróleo al año, esto es, la energía del agua embotellada representa algo menos del 1 % del total de nuestras importaciones de petróleo.

Y esto conduce a una última reflexión. Si nos detenemos un poco en lo que representa el consumo de agua embotellada y prescindimos de él, seríamos capaces de contribuir significativamente (con sólo un pequeño gesto) a un ahorro significativo del consumo energético.

Consumir menos para vivir mejor puede ser una consigna. Y, sin olvidar a las 5.000 personas que trabajan en el sector embotellador, ¿por qué no nos decidimos de una vez por todas a exigir el agua pública de calidad a la que tenemos derecho y renunciamos a buscarnos la vida individualmente, recurriendo al consumo?

Una ojeada a la página de la “Red Agua Pública” sería una buena idea.

Notas perfectamente prescindibles

[1] Esta entrada tiene su origen en el artículo “Energy implications of bottled wáter” (Gleick y Cooley en Environmental Research Letters, 2009”. http://www.container-recycling.org/assets/pdfs/2009-BottledWaterEnergy.pdf

[2] Un clásico es el video “la historia del agua embotellada”, doblado al castellano y accesible en http://www.youtube.com/watch?v=9ICFp-7RgS4

[3] Mientras que en supermercado el agua mineral cuesta, al menos, en el entorno de 0,25 € el litro, mi última factura de agua representaba un coste de un euro por metro cúbico (un metro cúbico equivale a 1.000 litros), y eso repercutiendo también los costes de depuración.

[4] http://www.boe.es/boe/dias/2003/02/21/pdfs/A07228-07245.pdf y http://www.boe.es/boe/dias/2011/01/19/pdfs/BOE-A-2011-971.pdf

[5]Contaminación por ftalatos, aunque se puede (mal) pensar que se trata de una maniobra de la industria para evitar el relleno de las botellas con el agua municipal y mantener el negocio. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2854718/?report=classic,

[6] Pese a tratarse de botellas reciclables, el hecho es que no llega al 20% el porcentaje de botellas que realmente se reciclan (en España, pero en el resto del mundo ocurre algo similar) http://www.retorna.org/es/elsddr/situacion.html

[7] Se cita que por cada litro de agua embotellada que se comercializa se usan casi 3 en el proceso. http://precedings.nature.com/documents/3407/version/1

[8] Equivale a 0,02 kWh o a 72.000 julios

[9] Casi la totalidad de los envases son botellas de plástico de un solo uso, fabricadas con PET (tereftalato de polietileno). Cuando va aumentando el volumen del recipiente se va extendiendo el uso de policarbonato, de mayor rigidez y que implica el uso de un 40% más de energía.

[10] Combinación de ácido tereftálico y glicol-etileno

[11] La legislación española clasifica el agua embotellada en varias categorías, estableciendo que las que pueden considerarse como “naturales” tienen muy restringida la posibilidad de tratamiento. Admite el tratamiento en las aguas “preparadas”, que apenas representan el 4% del consumo total en España

[12] Pertenece al grupo Danone y tiene plantas embotelladoras en Girona (en el propio manantial FontVella) y en Sigüenza (Guadalajara). Si consideramos el suministro a Madrid, este se realiza desde Sigüenza (pese a no tratarse del manantial FontVella) y necesita un transporte de 130 km que se realiza mediante camiones (si considerásemos el servicio a Sevilla, por ejemplo, la distancia de transporte superaría los 500 km). Todavía es necesario un transporte final, ya hasta el punto de venta, que se realiza en muchos casos en furgoneta o similar. En el caso de Madrid puede considerarse una distancia de 10 km (como referencia, es la distancia entre Mercamadrid y la Puerta del Sol, supuesto centro de la ciudad).

[13]La eficiencia energética y ambiental de los modos de transporte en España”. 2009. UPM

[14] Al ser su energía específica igual a 4,2 KJ/kgºK, el paso de 22º a 4º consume una energía de un cuarto de “hora de bombilla” por litro, pudiéndose considerarse un valor equivalente para la energía necesaria para mantener el agua fría

[15] En España (MAGRAMA. Base de datos de consumo en hogares), en 2012 se consumieron en los hogares 2,4 miles de millones de litros de agua embotellada por un valor casi 500 millones de euros, lo que supone, por ciudadano, 52 litros y 10 euros por año, a un precio medio de 0,21 € el litro (sin IVA) aunque el consumo no es uniforme, ya que, por ejemplo. en Cataluña el gasto anual per cápita fue de 15 €, mientras que en Madrid fue de sólo 4, probablemente por la propia calidad del agua del grifo a la que es alternativa. Desde el punto de vista de la producción, en España se fabricaron cinco mil millones de litros en el mismo año (esto incluye las consumidas fuera del hogar).

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Agua, Energía y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Gato por liebre. O petróleo por agua (embotellada, claro) [1]

  1. Luis García dijo:

    Queda claro en el artículo que el agua embotellada, como producto, incorpora una cantidad significativa de energía. Pero esto, en realidad, pasa con casi cualquier producto que compremos hoy en día. El agua embotellada no podía ser una excepción.
    Entonces, lo que distinguiría al agua embotellada, al menos en los lugares donde la red de distribución proporciona agua potable de calidad, es que su consumo es completamente superfluo. Sin embargo, lo que parece claro es que quien compra agua embotellada en esos lugares favorecidos, lo que está comprando en realidad no es el agua en sí (si no, ¿por qué habría de pagar un precio comparativamente tan alto?) sino otra cosa mucho más intangible y completamente subjetiva: la sensación de consumir un producto supuestamente más saludable, o que ayuda a evacuar mejor, o incluso a perder peso. Pero esto tampoco hace del agua embotellada una excepción. Desde yogures que ayudan a nuestro sistema inmunitario o que reducen nuestro colesterol hasta cereales ultra-ricos en fibras que, como ciertas marcas de agua mineral, también nos ayudan a evacuar mejor y a perder peso, pasando por productos de limpieza con tales o cuales principios activos con propiedades casi mágicas, la lista de productos en los que pagamos un sobreprecio para disfrutar de intangibles subjetivos como los del agua embotellada se haría interminable. Y seguro que la incorporación de esos intangibles también lleva aparejada muchas veces un mayor consumo de energía en el proceso productivo.
    En definitiva, lo que a mí me parece es que todo este tinglado que tenemos montado se basa esencialmente en la disponibilidad de energía abundante. Sin energía barata, el sobreconsumo que caracteriza a las sociedades que llamamos avanzadas no se sostiene. Para mí, el hecho de que la energía esté dejando de ser abundante y barata es una de las causas de que todo esté tan revuelto últimamente.En fin, ya se irá viendo…

    Me gusta

    • Gracias Luis. Te agradezco mucho tu comentario con el que estoy completamente de acuerdo y que creo aclara más la cuestión. Lo realmente grave del asunto es que es absolutamente general, cubriendo desde los artículos de lujo hasta los alimentos más básicos y llegando incluso hasta el agua. El agua, algo que ni siquiera en los desiertos, donde es más escasa, se niega, gratis a los sedientos

      Me gusta

  2. Miguel dijo:

    Más claro imposible, ni añadiéndole agua. El “inocente” placer de beberse una botella de agua genera petrodólares y contaminación por llegar a nuestro gaznate, ¿y la botella vacía?, al contenedor de plásticos que será quemada o a un vertedero del Tercer Mundo, cuando no al mar.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.