Al crecimiento por el hambre (¿o, quizá, viceversa?)

El hambre. Todos hemos pasado hambre; hambre de llegar la hora del almuerzo, de no haber desayunado o de estar a dieta. Pero no es eso el hambre. Hay otro hambre, el de las barrigas hinchadas y de los niños desnutridos, de los adultos inanes… No habrá foto, pero hablamos de eso. No hay nada por delante del hambre real. Ni medioambiente, calentamiento global o  agotamiento energético. Nada.

El hambre. Todos hemos pasado hambre, incluso varias veces al día. Pero no es ese el hambre. Hay otro, el de las barrigas hinchadas y de los niños desnutridos, de la inanición de los adultos… No hay foto para eso. Polluelos reclamando alimentación.

Y quizá uno de los símbolos más claros del nivel de degradación al que hemos llegado en la búsqueda del crecimiento desaforado (del crecimiento monetario de los que mandan) es la utilización del hambre como argumento. Se puede hablar del hambre que todos hemos pasado, moleta pero nada más, para transustanciarla en hambrunas y transmitir la necesidad de hacer frente a ellas mediante la mayor producción de alimentos. Hace falta una mayor producción de alimentos (aunque el hambre, tal y como la conocemos nosotros, no es tan dramática como para que nos privemos de nada o hagamos algo útil; y menos aún las multinacionales del “agronegocio”).

Usan el argumento anterior los vendedores de trasgénicos, los acaparadores de tierras, las multinacionales de los fertilizantes o las semillas, las grandes cadenas de distribución… Incluso algunos fondos de pensiones y organismos internacionales.

La FAO [1] decía en 2009 : “Según las previsiones, a mediados de este siglo [2050] la población mundial habrá alcanzado los 9.100 millones de personas […/…]. Para responder a la demanda prevista de esta población mayor, más urbana y, en promedio, más rica, la producción de alimentos (excluyendo los alimentos empleados en la producción de biocombustibles) deberá aumentar un 70 %[2].

Y no es fácil ignorar el razonamiento. Si hay hambre hoy y la población crece, ¿cómo no va a ser necesario aumentar la producción de alimentos? ¿Quién tiene la desfachatez de negar la necesidad del crecimiento?

Que hay hambre hoy nadie lo duda. Por ejemplo, en el informe 2014 de Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio [3], hablando de la  meta 1C (“Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas que padecen hambre”), expresa que “se estima que en el período  2011-2013 [4] había 842 millones de personas (un octavo de la población mundial) que sufrían de hambre crónica. La vasta mayoría de ese total (827 millones) residía en las regiones en desarrollo”. [5]

En los gráficos 1 y 2 [6] se ilustra  lo dicho.

Gráfico 1.

Gráfico 1. Evolución temporal de la proporción de población que sufre hambre crónica en distintas zonas del mundo. Elaboración propia a partir de datos FAO.

Gráfico 2.

Gráfico 2. Evolución temporal de la proporción de la población cuya alimentación es insuficiente en distintas zonas del mundo. Elaboración propia a partir de datos FAO

En el primero se presenta la evolución, en tiempos recientes, de la población sometida a hambre crónica en el mundo y en algunas regiones concretas. Se aprecia el descenso del que habla la FAO así como el nivel mundial actual de una persona con hambre crónica de cada ocho (también que en el África subsahariana la relación es doble: una de cada cuatro). Estas no son las únicas personas en precario; para mostrar esto, en el segundo gráfico se presenta el porcentaje de población cuya nutrición no cumple con los estándares de la alimentación correcta. A nivel mundial la alimentación es insuficiente para una de cada cinco personas y, en el África subsahariana ya llega a una de cada tres y está siendo más renuente a descender. El hambre está ahí.

Ahora bien, que haya casi mil millones de hambrientos crónicos no quiere decir necesariamente que haya escasez de alimentos.

En primer lugar, la distribución de alimentos se diferencia mucho de otras distribuciones, como puede ser la de la renta, en la que desigualdad entre ricos y pobres alcanza niveles estratosféricos, o la de la energía que tratábamos en la entrada “¿Ahorro energético? Mejor decrecimiento“. Los ricos se conforman con elegir mejores (o más caros y distintivos) alimentos, pero no quieren más alimentos (incluso cuidan la figura y no quieren engordar). Y los pobres, por debajo de un límite, sencillamente se mueren (sea por inanición o de las muchas enfermedades asociadas al hambre crónica). La desigualdad no es muy grande y la existencia de muchos hambrientos no implica una gran carencia en términos de cantidad de alimentos.

Gráfico 3.

Gráfico 3. Evolución temporal de la adecuación de la dieta media a las necesidades calóricas en distintas zonas mundiales. Elaboración propia a partir de datos FAO

Lo anterior se pone de manifiesto, en términos calóricos [7], en el gráfico 3, en el que se refleja el nivel de adecuación de la dieta a las necesidades de una vida saludable y productiva, a nivel mundial y en determinadas zonas geográficas. El nivel de adecuación expresa, en porcentaje, la relación entre la ingesta real y la adecuada. Se aprecia que todas las zonas, a día de hoy, superan el 100% de adecuación así como que los valores son estable (salvo China) y que incluso los grandes devoradores no superan el índice 150.

Gráfico 4.

Gráfico 4. Evolución temporal del déficit de calorías de la ingesta de la población en distintas zonas mundiales, expresado en porcentaje de las realmente consumidas. Elaboración propia a partir de datos FAO

En el gráfico 4 se refleja, ya a nivel de personas, no de medias por zonas, la carencia calórica de la dieta. Aun cuando, a nivel mundial, el 25% de la población está por debajo de la dieta adecuada, como veíamos más arriba, el déficit de calorías es de “sólo” un 3% de las realmente consumidas. En la zona más desfavorecida (sur de África) la población infra-alimentada es el 31% mientras que el déficit de calorías es del 7%.

El resultado resulta aterrador para cualquiera: estamos a sólo un 3% de la ausencia de déficit calórico y permitimos que casi mil millones de personas sufran hambre crónica.

Pero es que además producimos suficientes alimentos.

Gráfico 5.

Gráfico 5. Procedencia de las calorías consumidas, como media mundial. Año 2011. Elaboración propia a partir de datos FAO

En el gráfico 5 [8] se refleja, a nivel mundial, la procedencia (en cuanto a alimentos) y a nivel mundial de la ingesta calórica. Es evidente la gran preponderancia de los cereales como fuente alimentaria de los humanos (casi la mitad del total).

Gráfico 6.

Gráfico 6. Destino final de producción mundial de cereales. Año 2011. Elaboración propia a partir de datos FAO.

Para visualizar cómo sí que disponemos (pero no queremos) de alimentos para todos, en el gráfico 6 se representa el destino final de los cereales producidos en el mundo.

Se aprecia cómo realmente sólo aproximadamente una tercera parte de la producción mundial de cereales se destina directamente a la alimentación humana. Cierto que otra parte va a la producción de piensos para el ganado, fuente también de calorías (no hablamos hoy de las necesidades proteínicas), pero es un hecho también cierto que en el proceso de paso desde calorías en pienso a calorías en carne se produce una pérdida muy grande [9]. Y en cualquier caso, una cuarta parte de la producción total se desperdicia o se emplea en otros usos (biocombustibles, por ejemplo), o dicho de otra manera, si los desperdicios no fueran tales y se recuperasen para la alimentación los “otros usos” actuales, los cereales disponibles para alimentación humana se multiplicarían por dos y medio.

Entonces, si con abundancia de alimentos, hoy mismo, existen hambrunas ¿es razonable pensar que por el mero hecho de producir más pueda alcanzarse la seguridad alimentaria para toda la población? ¿No es más razonable pensar que el objetivo de la propaganda de la necesidad del crecimiento no es tanto el de alimentar a la humanidad como el de alimentar los beneficios de algunas empresas? [10].

Resumiendo lo expuesto, muchas personas sufren hoy de hambrunas perfectamente evitables, mientras que disponemos holgadamente de alimentos para todos. La necesidad no es hacer crecer la producción (la tierra empleada, el agua de riego, la energía, la productividad, los fertilizantes…) sino más bien hacer accesibles a toda la humanidad los alimentos de que disponemos. Es casi una decisión voluntaria (por acción u omisión, directa o a través de representantes) la de no hacer desaparecer el hambre de entre nosotros.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura

[2] Documento preparatorio “Alimentar al mundo, erradicar el hambre”. Cumbre mundial sobre seguridad alimentaria de Roma. ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/Meeting/018/k6077s.pdf. Cierto es que más adelante habla de que son necesarias medidas distintas de un puro crecimiento, pero en portada aparece la necesidad del gran crecimiento.

[3] http://www.un.org/es/millenniumgoals/pdf/mdg-report-2014-spanish.pdf

[4] Habitualmente la FAO trabaja sobre trienios para evitar “anomalías” puntuales

[5] No deja de llamar la atención el hecho de que el factor que la FAO señala como origen del incremento de las necesidades alimentarias a futuro sea el incremento de población y que, simultáneamente, los gobiernos occidentales tomen iniciativas para incentivar la natalidad propia. El último caso ha sido Portugal ahora mismo (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/18/actualidad/1405705462_833927.html), estando pendiente todavía la concreción en España (http://economia.elpais.com/economia/2013/12/17/actualidad/1387302103_611801.html). El mensaje parece claro: el problema, países pobres, es “vuestro” crecimiento demográfico.

[6] Los datos para estos dos gráficos y los dos siguientes provienen de http://www.fao.org/economic/ess/ess-fs/indicadores-de-la-seguridad-alimentaria/es/

[7] Es claro que la alimentación no se evalúa sólo por las calorías que se consumen. Es necesaria atender a micronutrientes, vitaminas, minerales… No obstante, por sencillez y por ser en lo que se basan los adalides del crecimiento para reclamar la necesidad del crecimiento, hablamos exclusivamente del factor calórico.

[8] Los datos de este gráfico y del siguiente provienen de http://faostat3.fao.org/faostat-gateway/go/to/download/FB/*/S

[9] Hay referencia que citan que “cada caloría animal requiere entre 5 y 20 calorías vegetales”

[10] No puede ignorarse que hoy, en un mundo globalizado, el funcionamiento del mercado alimentario lo controlan unas pocas compañías que especulan (en la Bolsa de Comercio de Chicago, por ejemplo). Hay referencias de que el 80% del comercio mundial de grano pasa por las manos de tan sólo cuatro compañías (ADM, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus) que pueden decidir cuánta hambre es buena para sus negocios.

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5 respuestas a Al crecimiento por el hambre (¿o, quizá, viceversa?)

  1. estela dijo:

    Claro que si. Además la cuestión no es solo de de hacer accesibles a todos y todas (remarco esto porque el 70% de las personas pobres del mundo son mujeres) los alimentos de que disponemos, que como bien decís, hay de sobra, sino de hacer accesibles los medios para producirlos, tierra, agua limpia, semillas, bosques…Que ese acceso a la comida sea con dignidad y autonomía ( en Norte y Sur). Las politicas agricolas que favorecen la agroindustria, los tratados que liberalizan el comercio e impiden proteger mercados locales del dumping, las subvenciones de paises “desarrollados” y una agroidustria que mata el planeta, el expolio de recursos sin consultar ni beneficiar a la población de inversiones de capital privado, acaparamiento de tierras campesinas o contaminación de agua, que es de todxs…esto crea hambre y tiene culpables. Asi que si, voluntad hace falta y mucha para cambiar y democratizar el sistema alimentario desde la raiz…y asi acabar con el hambre.

    …”El hambre, que mata callando, mata a los callados. Los expertos, los pobrólogos, hablan por ellos. Nos cuentan en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.

    Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿Será porque su hambre nos alimenta y su desnudez nos viste?

    Espejos. Una Historia casi universal Eduardo Gleano.

    Felicidades de nuevo por el blog gente 🙂 un abrazo!

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  2. Reblogueó esto en Luishernandomonsalve's Blogy comentado:
    Para reflexionar!!!!

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