El riesgo del “autismo” energético

Hanoi Exceso de cables

Hanoi (Vietnam). Algún tipo de enfoque colectivo necesita el cableado individual…

Se puede considerar esta entrada como la última de un conjunto de cuatro (las tres anteriores son “¿Energías renovables? Claro que sí, pero ¿cómo?”; “¿Es realmente rentable la fotovoltaica? ¿Y eso qué?” y  “La pobreza energética a la luz solar”), en las que hemos planteado algunas cuestiones en relación con las energías renovables y, más en concreto, con la fotovoltaica (FV) [1]. En su conjunto, partiendo del reconocimiento de que las energías limpias son indispensables y su uso ineludible, que evidentemente deben enfrentarse al calentamiento global y atacar el agotamiento de los recursos fósiles, nos hemos preguntado acerca de su interés puramente económico y su contribución a la reducción de la desigualdad energética. Hoy planteamos la cuestión, bastante más conceptual, relativa a la posición que ocupa la FV en un mundo dominado por el neoliberalismo económico.

Una de las principales características, y de las grandes ventajas, que se atribuyen a la FV (en comparación fundamentalmente con otras energías limpias como puede ser la eólica) es su escalabilidad. Prácticamente para cada situación, por modesta que sea, existe una solución FV.

Esta característica ha conducido inmediatamente, desde un punto de vista conceptual, al autoconsumo, entendiendo como tal la situación en la que un particular se instala un pequeño sistema con el que obtiene la totalidad o parte de la energía que consume en su vivienda (o negocio). Cabe la posibilidad de que se mantenga conectado a la red o que sea absolutamente independiente.

Decimos que lo anterior es cierto desde un punto de vista conceptual por cuanto los datos no parecen confirmarlo. Si bien es cierto que, en España, existen unas sesenta mil instalaciones de un tamaño medio de apenas 114 kw (lo que corresponde a la potencia contratada por alrededor de 30-40 viviendas) [2], el porcentaje de la producción FV que se dedica al autoconsumo en España es de tan sólo el 0,3% [3].

Pese a ello, la FV sigue enarbolando la bandera del autoconsumo como signo de identidad, reclamando el apoyo público para los particulares más que para la colectividad. El individuo, por libre, frente a las grandes corporaciones. Y esto, ¿no parece más una alternativa individual, asocial, que un planteamiento colectivo? ¿No es algo semejante a los planteamientos del neoliberalismo económico que algunos detestamos? De un planteamiento como ese, ¿no es esperable que deje tirados a todos los que no puedan abordar la inversión necesaria para la instalación? Los que tienen “posibles” tendrán su sistema individual, mientras que los que no, o se quedan fuera o se incorporan a un servicio público (privatizado). Y, además, serían los usuarios del servicio público, ricos o pobres, los condenados a pagar para mantener la red.

Si hay algo que caracteriza el neoliberalismo económico actual es su pelea por apropiarse de los elementos comunes y colectivos (ahí están los casos de la enseñanza, de la sanidad o del agua). Son patentes sus maniobras para conseguir que servicios, que forman parte de “lo común”, pasen a integrarse en el sector privado, de forma que el acceso a tales servicios se consiga individualmente mediante el correspondiente pago.

Habitualmente la energía no se ve integrada en el grupo de servicios anterior por cuanto el acceso a la energía doméstica no se ha visto como servicio público de manera generalizada hasta ahora, cuando la emergencia de la pobreza energética (de combustible) en el mundo rico ha forzado su salida a la luz pública. Pero ello no quiere decir que no lo sea.

Desde otro punto de vista, una de las características fundamentales del actual sistema energético es el poderío de las compañías que lo controlan, que han llegado a un tamaño tal que hace imposible su control social (consecuencia de esto es que puedan seguir apostando por las energías sucias) e, incluso, imposibilitan la aparición de competidores.

Actualmente y pese a todo, las energías emergentes están permitiendo plantear alternativas a estas mega-compañías, con centros de producción distribuidos, con organizaciones a escala humana y controlables socialmente [4]. Y la pregunta es, si nos decantamos por el autoconsumo, ¿no estaremos dejando pasar la oportunidad? Cierto es que el tamaño excesivo de los medios de producción (incluso en mayor medida que el hecho de ser su titularidad privada) imposibilita el desarrollo humano, pero llegar a la escala individual, ¿no puede socavar la esencia misma de la sociedad y reducirla a una suma de individuos adosados? Pensemos que el autoconsumo individual no representa la devolución de “lo común” a la sociedad sino tan sólo algunos trocitos de ello a algunos individuos aislados que pueden (y quieren) autoconsumir.

Uno puede soñar e imaginar alternativas radicales que pueden poner de relieve lo que queremos transmitir en esta entrada, al estilo de lo que representó la Ciudad Libre de Christiania [5] hace 40 años. Un ejemplo, hoy de actualidad, podría ser el de la isla de El Hierro (alrededor de 10.000 habitantes), donde el pasado junio (2014) se inauguraba un conjunto hidro-eólico que permite que la isla pueda ser considerada 100% renovable (sin FV y aún pendiente de sustituir, antes de 2020, sus seis mil automóviles por modelos eléctricos). Es una posibilidad muy distinta a la del autoconsumo individual generalizado, en la que cada vecino dispusiese de un panel solar propio (realmente, sólo los que lo hubiesen pagado) [6].

Es claro que el autoconsumo ni coincide con ni conduce necesariamente al individualismo (yo limpio individualmente mi casa y preferiría hacerme yo mismo los muebles en vez de tener que ir a un centro comercial) pero el riesgo existe. En esencia, el autoconsumo, por sí solo, forma parte de las actitudes individuales, mientras que el cuestionamiento del sistema eléctrico con mega-productores y al arbitrio de las decisiones del mercado se mueve en el campo de las opciones políticas y, por tanto, implica un concepto colectivo. El autoconsumo no cuestiona lo objetado nada más que desde el punto de vista personal. Se parece mucho a la objeción de conciencia privada, muy respetable pero nula desde el punto de vista político. Yo decido no hacer (o hacer, pero esto es más extraño) algo por mi propio convencimiento, pero no cuestiono que la colectividad lo haga.

Si uno se apunta al autoconsumo y, simultáneamente, no trabaja por cambiar el marco general en el que se desarrolla el abastecimiento energético, el resultado sería, casi con seguridad, un incremento de coste y un empeoramiento del servicio para aquellos que no puedan adherirse al sistema individual (es la aplicación directa del mismo razonamiento que utilizamos en relación con la sanidad o el agua, al enfrentarnos a su privatización).

Es esencial no quedarse en la promoción del autoconsumo disperso y pasar al planteamiento de soluciones colectivas basadas en energías limpias pero aplicadas comunalmente: una zona, un barrio, una aglomeración… Y eso implica pensar de otra manera y da entrada a otras soluciones como puede ser la eólica, por ejemplo. Implica pensar en separarse de la red y resolver las cuestiones del transporte y del almacenamiento de la energía. Implica resolver el cómo queremos que sea realmente el sistema eléctrico, demostrando prácticamente su viabilidad y enfrentando las desigualdades. Y todo ello sin perder de vista que también es ineludible el decrecimiento energético, que el recurso a las energías limpias no puede traducirse en crecimiento.

Lo pequeño es hermoso, pero ¿también lo minúsculo para disfrute sólo individual?

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Para evitar malos entendidos, el conjunto de las cuatro entradas se complementa con una quinta: “El expolio. La agresión a los pequeños productores fotovoltaicos

[2] http://www.dbk.es/pdf/sectores/sumarios/Energ%C3%ADas%20Renovables.pdf. Estudio del sector de energías renovables. DBK 2014

[3] Eurostat. http://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/show.do?dataset=nrg_105a&lang=en.  En la UE el porcentaje sube hasta superar ligeramente el 10%

[4] Existen ya cooperativas con aproximaciones colectivas a las energías limpias (por ejemplo, Som Energia, Viure de l’aire, Zencer, Enerplus o Goiener) así como otros “nodos” que las promueven (por ejemplo,  Ecooo o la propia “Plataforma por un nuevo modelo energético”).

[5] http://vimeo.com/23577973 y http://vimeo.com/23902351

[6] No intentamos convertir la experiencia de El Hierro (http://www.goronadelviento.es/index.php) en  el modelo a seguir, al menos no en todas las situaciones. Es cierto que se trata de una alternativa renovable, que ahorra combustible, que emite menos, que su titularidad es mayoritariamente pública (70% frente a un 30% de ENDESA)… Pero también lo es que no ha representado ningún ahorro al ciudadano, que ha tenido un coste elevado (casi setenta millones de euros), que su viabilidad se apuntala por haber sido “indultada” del reciente expolio general a las renovables y por una subvención del 50% por parte del Ministerio de Industria. Pero lo que es especialmente relevante es que el desarrollo tecnológico asociado a las renovables ha abierto posibilidades nuevas que no tenemos derecho a no aprovechar.

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5 respuestas a El riesgo del “autismo” energético

  1. davidcabo74 dijo:

    Interesante entrada, enriquecedor punto de vista. Una pequeña reseña sobre el enlace [3], que evidentemente no nos lleva a los datos de autoconsumo. ¿Dónde se encuentran en realidad? En Eurostat nunca los he visto. Gracias.

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    • Mil gracias por seguir esto. En cuanto a la referencia al enlace, sí lleva a los datos de autoconsumo, aunque es preciso actuar sobre ella (la estructura de Eurostat es así). El autoconsumo en energía solar fotovoltaica se recoge en la variable código 14_1070431 (“Gross electricity generation Autoproducer electricity only – Solar Photovoltaic”). A esta variable se accede desde la página que se cita en el enlace [3], si bien es preciso abrir las posibilidades que ofrece, pulsando el [+] el el campo “INDIC_NRG”. Así aparecen más variables que las que se presentan inicialmente en la tabla y, entre ellas, la relativa al autoconsumo de energía solar fotovoltaica. Espero que te ayude y gracias

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  2. Miguel dijo:

    Muy claro el mensaje, coincido plenamente, en especial en la influencia del neoliberalismo en el crecimiento desmesurado del egotismo (en su segunda acepción), o para decirlo líricamente, la creencia fomentada desde el icono “mi pc” (u ombliguismo derivado del software) que a fuerza de verlo se considera que todo en la vida tiene el posesivo singular de la primera persona.

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