Yo soy antihospitalario. La irresistible ascensión del gasto sanitario

Esta entrada, que puede leerse de manera independiente, tiene más gracia si se considera integrada en el conjunto “Yo soy antihospitalario” que se inicia con “Yo soy antihospitalario. ¿Qué pasa?[1]

Dentistas y barberos en el Ganges

Dentistas y barberos a orillas del Ganges, India

Ya hemos señalado cómo, ante nuestra no conformidad con el funcionamiento de nuestro sistema sanitario, la salida que siempre vemos es la de pedir más sanidad, como la que tenemos, pero más.

Y, cómo esto es una carrera sin fin (no se sabe con qué fundamento, pero parece como si quisiésemos ser inmortales), la consecuencia de lo anterior es que los costes de la sanidad crecen y crecen.

Simplemente como referencia, de acuerdo con los últimos datos completos publicados por la OCDE [2], en España, en 2011 los gastos en sanidad representaban más del 9% de nuestro Producto Interior Bruto (PIB) [3]. Y no es una peculiaridad nuestra; en Francia y en Alemania el porcentaje era superior y en Gran Bretaña sólo ligeramente inferior.

Casi nadie, desde una perspectiva popular, pone en cuestión estos gastos, porque están bien empleados [4]. Al fin y al cabo, la salud es lo más importante (el “mientras haya salud…” del día de la lotería). Pero estos gastos no corresponden a salud sino al “sistema sanitario”, lo que no es exactamente lo mismo. La salud es un asunto mío, personal, mientras que la sanidad, más o menos, es algo colectivo, algo que tiene que ver con el cómo nos organizamos; algo “político” [5].

Lo que resulta curioso es que este gasto creciente, que hoy vemos como algo natural y eterno, realmente es una característica reciente de nuestro modo de vida; incluso el propio concepto de salud pública o el de sistema sanitario son unos recién llegados al mundo de la organización social [6].

Una primera visión de esto puede desprenderse del Gráfico 1 [7], en el que se refleja la evolución en España del gasto público [8]en sanidad.

En16 Gr1 Gasto sanitario publico España

Gráfico 1. Evolución temporal del gasto sanitario público en España, en euros constantes (descontado el efecto de la inflación) del 2005 por persona (contra el eje izquierdo) y en % del PIB (contra el eje derecho).

El gráfico ya pone de relieve cómo, a partir de un gasto poco mayor que nulo hasta después de pasada la guerra civil, el crecimiento del gasto ha ido creciendo mucho y de  un modo sostenido. Además, este crecimiento no ha sido consecuencia del crecimiento económico sino que, por el contrario, pudiera haber sido uno de sus motores, como lo demuestra que, con las pausas de los años 50 y 90, el crecimiento del gasto sanitario público ha sido muy superior al del PIB, pasando de una participación del 1% en 1960 a otra siete veces superior 50 años después. Y nadie lo ponemos en cuestión.

El  mismo proceso ha ocurrido en los restantes países “ricos”, como pone de manifiesto el Gráfico 2, elaborado también a partir de datos publicados por la OCDE.

En16 Gr2 Gasto sanitario en algunos paises

Gráfico 2. Evolución del gasto total en sanidad expresado en porcentaje del PIB en algunos países ricos.

Se aprecia cómo en España, al inicio del periodo, el gasto crece hasta cerrar el diferencial entonces existente con la generalidad de los países ricos, para, después, adecuar nuestro crecimiento al de estos. Es notable el caso de Estados Unidos (según algunos, la sanidad menos eficiente del mundo), donde se dedica el 16% largo del PIB al sistema sanitario. Por cada 6 dólares que produce, un ciudadano USA dedica uno al sistema de salud. Así parece ineludible que el presidente Obama plantee su reforma y que los lobbies sanitarios (laboratorios farmacéuticos, gestores hospitalarios privados, etc.) se opongan a ella con todas sus fuerzas. Si alguien tiene la tentación de intentar emular el sistema sanitario USA, debiera pensárselo con calma y buscar una buena justificación.

Es mucho el gasto. Y sin embargo uno siente pudor al decirlo, sobra todo ahora, cuando está presente en nuestras conciencias el azote del Ébola o todavía no se ha terminado el culebrón de la financiación del nuevo tratamiento de la hepatitis C y de su coste desorbitado. Por eso prefiero utilizar unas palabras de M. Esteller, último premio de la Cumbre Mundial de la Salud y Premio Pfizer a la Innovación en la Investigación Biomédica: “Un tratamiento que cura la hepatitis C se debe ofrecer de forma gratuita por el sistema sanitario, pero un tratamiento que solo alarga la vida un mes quizá no. Hoy en día estamos gastando mucho dinero en fármacos que solo extienden la vida un mes. Debemos ser conscientes de las prioridades[9].

Bien, el gasto es mucho, pero ¿es excesivo? Sí y por muchas razones. Esencialmente, porque, si estuviésemos haciendo bien las cosas, este incremento del gasto debiera notarse de alguna manera en términos de salud, en alguno de los parámetros que definen el estado sanitario, como por ejemplo, en la esperanza de vida.

Que esto no se produce se pone claramente de manifiesto en el Gráfico 3, en el que se refleja, para algunos países, la evolución de la esperanza de vida desde 1900 [10].

En16 Gr3Esperanza de vida al nacer

Gráfico 3. Evolución de la esperanza de vida al nacer en algunos países. La curva roja (“Máximo”) refleja, en cada año, la del mejor país; la del país con la mayor esperanza de vida.

Si recordamos el Gráfico 1 anterior, es evidente que en la esperanza de vida en España no se detecta en absoluto el grandísimo incremento en el gasto que viene produciéndose en los últimos 50 años. Y lo mismo ocurre en el resto de países representados.

Incluso en el caso concreto español podría decirse que, paradójicamente, a mayor crecimiento de gasto le corresponde menor crecimiento en la esperanza de vida. En los 50 años que van de 1910 a 1960 la esperanza de vida creció 30 años (de 40 a 70, incluso soportando la gripe española y la guerra civil), mientras que en los siguientes 50 (1960 a 2010) el incremento ha sido de menos de la mitad (12 años, de 70 a 82). Para no caer en la demagogia fácil, debemos señalar que esto es un análisis en exceso superficial, ya que ignora otra serie de factores, como es que, en ese periodo inicial, lo que ha estado pasando es que se ha ido cubriendo la diferencial que sufría España respecto de otros países más ricos y como, después, los crecimientos han ido acompasados. Por eso es importante la curva que en el gráfico de la esperanza de vida denominamos “Máximo” (esperanza de vida en el “mejor” país en cada año). Esta curva puede representar la mejor esperanza de vida esperable en cada momento, consecuencia de los conocimientos y habilidades desarrollados hasta entonces. Pues bien, como se aprecia en el gráfico, el crecimiento de la esperanza de vida máxima ha sido casi uniforme en los últimos 110 años, a un ritmo de aproximadamente un año más de esperanza de vida cada cinco años transcurridos, mostrándose del todo insensible al incremento del gasto.

La cuestión es, ahora, cómo enfrentar este gasto excesivo, algo muy difícil en la óptica del crecimiento pero conceptualmente sencillo si aceptamos la premisa “decreciente”. Por ejemplo, y entre muchas otras posibilidades, consideremos que en España, en 2013, la tercera parte de la población respiramos aire que excede los límites establecidos por la Unión Europea (si nos referimos a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, seríamos el 95% de la población los que estaríamos en precario) [11]. Pues bien, podríamos pensar en aceptar un crecimiento económico menor (¿por qué no el decrecimiento?), una menor tasa de emisiones atmosféricas (industrias, transporte…), un menor nivel de contaminación y, en consecuencia, una menor necesidad de gastos sanitarios “curativos”.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] La serie incluye también, hasta el momento, la entrada   “Yo soy antihospitalario. La anécdota” (https://aguaenergiadecrecimiento.wordpress.com/2014/10/29/soy-antihospitalario-la-anecdota/), que se refiere a la enfermedad de la risa.

[2] http://stats.oecd.org/  La OCDE es la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, creada en 1960 y que engloba a 34 países, en general del mundo rico.

[3] Como ya hemos señalado en alguna entrada anterior, el Producto Interior bruto (PIB) refleja, a grandes rasgos, la producción total del país destinada al consumo final

[4] Una excepción muy notable la constituye V. Navarro, quien, al criticar el “Informe sobre la salud en el mundo. Mejorar el desempeño de los sistemas de salud” (http://www.who.int/whr/2000/es/) escribe literalmente que alimenta la impresión de que “dando más dinero a un sistema sanitario se salvarán más vidas. El Informe incluso cuantifica cuántas vidas pueden salvarse por cada dólar invertido. Muy hermoso, pero profundamente equivocado. El Informe de la OMS no presenta en ningún lado evidencia científica alguna que apoye tan salvajes asertos” (http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(00)03139-1/fulltext#article_upsell)

[5] Deformando un poco una definición de la Organización Mundial de la Salud, pudiera considerarse que el sistema sanitario es la organización de las actividades cuya finalidad principal es promover, restablecer o mantener la salud de los ciudadanos.

[6] En el preámbulo de la ley orgánica de medidas especiales en materia de salud pública 3/1986 de 14 de abril (https://www.boe.es/boe/dias/1986/04/29/pdfs/A15207-15207.pdf) se dice: “El primer ensayo de poner al día las técnicas de intervención pública en los problemas de salud de la colectividad lo constituyó el proyecto de Código Sanitario  de 1822. Se ve frustrado por disputas sobre sus bases científicas. Hubo que esperar hasta la Ley de 28 de noviembre de 1885, que consagra la Dirección General de Sanidad creada pocos años antes. La estructura se ha mantenido en lo esencial, perdurando esta hasta bien entrada la España de las autonomías

[7]La evolución del gasto social público en España, 1850-2005”. S. Espuelas Barroso. Banco de España 2013.  El periodo posterior a 2005 se ha completado con los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística. http://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/PublicacionesSeriadas/EstudiosHistoriaEconomica/Fic/roja63.pdf

[8] La referencia al gasto público en lugar del al gasto total se debe a no haber conseguido encontrar estadísticas fiables de este último. De ahí la diferencia entre el 9% que se cita como gasto total unos párrafos más arriba y el 7% que se aprecia en la figura. Esto no invalida en absoluto el razonamiento, ya que el gasto público en España (y en general en Europa) es superior (al menos a nivel estadístico) al privado.

[9] http://elpais.com/elpais/2014/09/30/ciencia/1412102034_165487.html

[10] Elaborado a partir de los datos de la “The Human Mortality Database”. http://www.mortality.org/ . Como curiosidad, nótese cómo se aprecian con nitidez en el gráfico la gripe española de 1918, nuestra guerra civil (y su postguerra) y las guerras mundiales.

[11] Informe 2013 de Calidad del Aire de Ecologistas en Acción. http://www.ecologistasenaccion.org/article28712.html

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3 respuestas a Yo soy antihospitalario. La irresistible ascensión del gasto sanitario

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  3. Luis García dijo:

    Pues entre crecimiento sanitario y decrecimiento saludable, a mí me parece mejor esto del decrecimiento.

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