La falsedad del crecimiento continuo

(o, si mi abuelo tuviera alas, sería un aeroplano)

Arte en crecimiento

El arte del crecimiento… o el crecimiento en el arte. Bali (Indonesia)

Esta entrada no deja de ser un divertimento alrededor de uno de los lugares comunes más extendidos y aceptados en el mundo económico (de la ideología económica), hasta el punto de parecer que es uno de los pilares de la economía cuando esta asume el papel de los oráculos. Nos referimos al paradigma del crecimiento. Para salir de la crisis necesitamos crecimiento (incluso nuestros dirigentes dicen que estamos creciendo, no que estemos saliendo de la crisis). Para mantener nuestro bienestar, necesitamos crecimiento. Siempre ha sido o así y siempre lo será [1].

Pues bien, aquí intentamos demostrar que el culto al crecimiento no es científico sino puramente ideológico y que, además, la afirmación de la “eternidad” del principio del crecimiento, de su inexorabilidad como si de la ley de la gravedad se tratase, es radicalmente falsa. Para ello recurriremos a las enseñanzas del pasado, lo que permite huir de especulaciones acerca de lo que pudiera pasar si se actúa de una manera o de otra. En otras palabras, que es más verdad que el crecimiento no ha sido la norma sino la excepción a lo largo de nuestra historia.

El razonamiento tiene su origen en una idea expuesta por Grantham  en “Hora de despertar: Los días de recursos abundantes y precios decrecientes se han ido para siempre[3], cuya referencia me llegó desde el blog “¿La senda del crecimiento, por favor?”, que me permito recomendar.

Se trata de una reducción al absurdo [4], partiendo, por puro respeto a nuestra tradición, de lo ocurrido a lo largo de nuestra era, de estos últimos 2.000 años (la referencia citada llega más atrás, hasta el imperio egipcio).

Supongamos que en el año 1 el global de la población vivía en una economía de supervivencia. Se vivía al día, de forma que la producción apenas daba para renovar el consumo calórico de los cuerpos, sin ningún exceso ni lujo. Ni siquiera para combustibles para cocinar alimentos. Si no cubriese eso como mínimo, la humanidad no hubiese llegado hasta aquí.

En términos económicos parece imposible caracterizar esa situación con parámetros actuales pero, realmente, debiera ser parecida a la situación de los pobres en los países pobres a día de hoy. Simplemente por comodidad, utilizamos como referencia un conjunto de siete países (Bangladés, Ghana, Guatemala, Malawi, Pakistan, Tajikistan y Vietnam) que han sido objeto de un estudio detallado por la FAO [5] y de los que, por tanto, disponemos de datos, calculando que la renta de supervivencia alimentaria debe situarse en el entorno de 420 US$ de 2008 al año (aproximadamente el 1,25 US$/día que se ha manejado con bastante generalidad como límite de la pobreza extrema) [6].

Pues bien, asignamos esa renta por persona al año 1. Por otra parte, la población mundial en ese momento se estima en unos 300 millones de personas [7], lo que conduce a estimar el PIB [8] mundial en 126.600 millones de US$ (2008).

Actualmente (año 2010, con datos del Banco Mundial), el PIB mundial es 64,5 billones (millones de millones) de US$ y la renta per cápita asciende a 9.377 US$. Con estos números puede concluirse que el PIB, realmente, ha crecido en estos dos milenios en una relación 1 a 500 mientras que la renta per cápita lo ha hecho en la relación 1 a 22  [9].

A la vista de estos extremos, calcular cuál debiera haber sido el ritmo de crecimiento anual para que se produzca el crecimiento total señalado de 1 a 500 es ya simplemente una operación matemática. Resulta ser apenas un 0,3%.

Para contextualizar esto, señalamos que el crecimiento que se estima como necesario para permitir el pleno empleo debe situarse (economistas dixit) en el entorno del 2-4% anual, concretándose a partir de la Ley de Okum (interpretación de lo que ha pasado en los últimos años, que nosotros simplemente aplicamos a un pasado más lejano) en que el crecimiento, hoy, debe ser del 2.8% para España y del 2.2% para Europa [10].

Pues bien, si aplicamos el menor de los crecimientos anteriores al punto de partida supuesto en el año 1 y durante los dos milenios transcurridos, la renta per cápita resultante sería la actual real multiplicada por un valor tan inimaginable como un dos seguido por 16 ceros. 20.000.000.000.000.000. En valor absoluto sería de cien trillones de US$ (nomenclatura europea, esto es, cien millones de millones de millones). Difícil de imaginar. Si utilizamos el ritmo mínimo que se utiliza para España obtenemos un factor de dos seguido por 21 ceros y si, por fin, creemos en el valor (4%) favorito de los “neocon”, el factor subiría a 3 seguido por 31 ceros.

Si lo hiciésemos a la inversa, dando por buena la renta actual y el ritmo de crecimiento del 2,2% anual a lo largo de los dos milenios, la renta en el año 1 de nuestra era debiera haber sido tal que, para alcanzar el céntimo de US$ (2008), se necesitaría juntar la renta de todos los habitantes durante más de mil años.

Otra manera en que puede verse la cuestión es que, dado que, si no se alcanza la economía de supervivencia no se sobrevive y hemos sobrevivido, se puede calcular en qué año se podría haber empezado a crecer y abandonar la economía de subsistencia. Resulta que, dependiendo de que se adopte un crecimiento anual de 2,2 o 2,8%, el año del despegue se situaría entre 1725 y 1785 (curiosamente, coincide con el inicio de la revolución industrial, cuando comienza el uso intensivo de energías no renovables). Dicho en otras palabras, la manera de llegar a la situación actual de renta sin haber pasado por debajo de la renta de supervivencia sería la de habernos mantenido durante los primeros 1750 años en ese nivel mínimo y haber comenzado después un crecimiento desaforado del 2,2% anual.

Y, aun cuando no sea práctica habitual en este blog, podemos también vislumbrar que es lo que puede pasar en el futuro si el crecimiento se mantuviese en los márgenes que venimos considerando (supuesto el pequeño del 2,2%). Pues que en 50 años el PIB mundial se multiplicaría por 3 y a final de siglo por 7. ¿Alguien piensa que hay mundo que soporte eso? Si adoptásemos el 0,3% histórico medio de los 2000 años, las proyecciones ya serían más razonables: crecimientos del 17 y del 37% respectivamente para 2050 y 2100.

¿Es esto sostenible? ¿Tenemos capacidad para conseguirlo? Y lo más importante, ¿tenemos necesidad de ello? Y esto nos pasa por deificar la economía. Algún día hablaremos de la indecencia de la economía aplicada a las relaciones sociales y al diseño de las políticas.

¿Las conclusiones? Obvias. No es cierto que llevemos creciendo desde siempre. Como máximo los últimos 200 años, un escaso 10% de nuestra era. Y si nos mienten cuando dicen que el mundo siempre ha sido así, que ha crecido siempre, ¿por qué creerles cuando dicen que debemos crecer para alcanzar el bienestar general?

Los crecederos (o crecedores), en su canto al optimismo, interpretan que la capacidad humana es infinita (al igual que los recursos) y que así lo demuestra la historia y que, por tanto, es de agoreros hablar de límites. Pero otra visión bien distinta es la que sostenemos algunos, que pensamos que en un momento dado, allá por la revolución industrial, se puso de manifiesto que la que es ilimitada es la ambición de algunos humanos y que para saciarla nos dedicaron a dilapidar nuestros recursos, lo que nos ha permitido, a algunos, vivir de lujo una temporada. Pero los recursos se agotan y ya no dan para mucho más. Pese a ello, los de arriba intentan prorrogar esa, su buena  vida.

Consumir menos para vivir mejor.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Hace algún tiempo, por ejemplo, El País (6 de junio de 2014. http://blogs.elpais.com/paul-krugman/2014/06/crecimiento-demografico.html) publicaba un artículo de Krugman en el que se lee “Para alcanzar más o menos el pleno empleo, una economía necesita el gasto suficiente para aprovechar su potencial. […/…] De modo que, si el crecimiento se ralentiza a causa de una disminución del crecimiento demográfico, la demanda de inversión se reduce, y puede sumir la economía en una crisis semipermanente”. Krugman fue premio Nobel de Economía en 2008 y en el artículo era presentado así: “Probablemente el economista más conocido del mundo […/…] Desde su posición progresista–liberal, en Estados Unidos -de izquierdas, en Europa- prescribe su receta”. De los NeoCon ni hablamos

[3] http://www.theoildrum.com/node/7853. Reproducido y más fácilmente accesible en Resilience (http://www.resilience.org)

[4] Procedimiento clásico de análisis que consiste en suponer cierta la hipótesis cuya validez se evalúa, estudiar cuáles son las consecuencias de esa hipótesis y, si alguna de ellas es absurda, concluir que la hipótesis no puede ser cierta.

[5] Organización de Las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura

[6] La FAO, en su publicación anual “The State of Food Insecurity in the World. 2011” (http://www.fao.org/docrep/014/i2330e/i2330e00.htm), ha dedicado un capítulo a analizar la repuesta a la crisis de los siete países concretos que se citan “Recent trends in world food commodity prices: costs and benefits” (http://www.fao.org/docrep/014/i2330e/i2330e03.pdf). Trabajando con las medias de dichos países, se desprende del estudio que la renta per cápita es 2.180 US$ de 2008; que el 15% de la renta corresponden a gastos del sector público y que el 20% de la población con menos ingresos dispone de un 7% de la renta. De ello resulta que dicho 20% dispone de 650 US$ al año, de los que dedica un 65% a la alimentación, esto es, 422 US$ de 2008. Este valor es el que consideramos como de supervivencia.

[7] A partir de la recopilación de distintas fuentes que ha publicado el US Census Bureau del Departamento de Comercio en http://www.census.gov/population/international/data/worldpop/table_history.php y que coincide con la estimación de Naciones Unidas en http://www.un.org/esa/population/publications/sixbillion/sixbilpart1.pdf

[8] Producto Interior Bruto. Es el valor de los bienes y servicios producidos en un año y destinados al consumo final (se excluyen, por tanto, los bienes producidos para producir otros bienes), expresados en términos monetarios. Se refiere, en este caso, al mundo en su totalidad.

[9] http://data.worldbank.org/data-catalog/world-development-indicators

[10] La ley de Okum establece correlaciones entre variables en situaciones pasadas y las extrapola al futuro, más o menos lo que hacemos en esta entrada, si bien nosotros nos vamos algo más atrás. (http://economy.blogs.ie.edu/archives/2012/03/ley-de-okun-espana-debe-crecer-un-28-para-reducir-su-tasa-de-paro.php). España necesita, según los “expertos”, un mayor ritmo de crecimiento por la peculiaridad de su sistema productivo (el ladrillo) e institucional (¿la corrupción?), que se ha traducido en una crisis más virulenta

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4 respuestas a La falsedad del crecimiento continuo

  1. Miguelito dijo:

    Enhorabuena por divertimento, muy instructivo, por otra parte. Me gustaría añadir que no solo es un mito la teoría del crecimiento basado en la energía fósil infinita, sino que dicho crecimiento ha llegado a su fin o, como afirman los expertos en el asunto, se ha alcanzado ya el peak oil en cuatro de los continentes del planeta: ya estamos decreciendo, y valga de muestra el botón egipcio, que alcanzó su peak oil en 2011, y ello tuvo algo que ver en los graves disturbios que allí comenzaron cuando, cesando los beneficios de la exportación petrolera se eliminaron las subvenciones estatales a los alimentos y se quemó a lo bonzo aquel famoso ciudadano. Según estos científicos (jóvenes del cesic, que aún no emigraron) sin energía no hay trabajo ni, por lo tanto, producción, con lo que podemos afirmar que la energía es un prerrequisito para producir y sostener sistemas tan complejos como el nuestro. Así, a través de la historia, la energía de la que se dispone para producir bienes y servicios, el PIB y la cantidad de población van íntimamente unidos, tanto como para que sus curvas en un diagrama discurran siempre paralelas, de modo que, en efecto, tras la revolución industrial y el uso masivo y creciente de las energías fósiles, se vinieron a multiplicar -con las desigualdades conocidas- tanto la producción como la población global del planeta. Pero la cosa no da más de sí, y ya llevamos unos años en los cuales la energía disponible, a nivel global, está decreciendo, y ese decrecimiento empujará el descenso tanto de la producción como de la población, descensos que en los primeros años del peak oil (en ellos estamos y los recortes dan fe) son muy lentos, pero que luego se irán acelerando progresivamente, hasta el punto de que se estima que, para los próximos lustros, tal vez decenios, no dispondremos ni del veinte por ciento de energía con el que hoy contamos, y lo mismo cabe decir del PIB y de la población que sostiene. Es obvio, por lo tanto, que se abren dos opciones al respecto: o la humanidad afronta inmediatamente, con inteligencia, concienciación y planificación el asunto.., o sigue actuando bajo la premisa de que la energía fósil y el crecimiento son infinitos y nos encaminamos, sin remedio, a un inevitable colapso civilizatorio donde los más pudientes (ese uno por ciento) preservarán para sí los escasos recursos disponibles mediante lo que ya se ha dado en llamar “darwinismo social militarizado”.

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  2. cerrosexto dijo:

    Sin ánimo de enmienda: el Imperio Romano (o sea allá por el siglo I) tuvo crecimiento económico basado en los artículos de lujo y la alimentación pero al ser una economía esclavista la mayoría vivía por debajo de ese umbral de pobreza porque eran mercancía reponible mediante una guerra, otro tanto pasaba en Asia con China y en África sub-sahariana (donde la economía no era mayormente monetaria y es más difícil extrapolar). El “despegue” del capital se produjo en el siglo XVI y XVIII con plata y oro americanos, árboles nor-europeos para los barcos y mano de obra esclava (africana) para el algodón.

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    • Gracias Cerrosexto por tus interesantes consideraciones, aunque, realmente, no sé muy bien cómo engarzan con lo que se dice en la entrada. Me explico: La entrada se refiere en todo momento al mundo entendido globalmente y es a esta globalidad a la que se aplican las tasas de crecimiento, lo que no implica que no pudiera haber regiones con crecimiento positivo al lado de otras con crecimiento negativo (asociado, quizá, cómo se deja entrever en tu comentario, con el descenso de la población). Se trata de un sistema de suma nula, en el que lo que se gana por explotación en las regiones poderosas se pierde en las regiones sojuzgadas. La reposición de esclavos conduce a una reducción del PIB en las zonas que los “suministran”.
      Por otra parte, creo que es claro que en un ecosistema (humano o animal) en el que energía que se obtiene del alimento es inferior a la energía que se consume en su obtención están sometidas a un proceso de decrecimiento que, si se prolonga, conduce a su extinción. En esto se basa el supuesto de no haber sido posible (en periodos significativos) el estar por debajo del nivel de subsistencia.
      Por fin, la referencia a que el despegue del capital se haya producido en los siglos XVI y XVIII creo que se refiere al concepto de “marxista” de “capital”, que no es el que se utiliza en la entrada, donde se habla más bien de riqueza (PIB).

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  3. Benitio dijo:

    Muy interesante “divertimento matemático”, denominación con la que no quiero quitarle razón que creo que la tiene. Ahora bien, creo que habría que revisar la nomenclatura de “Crecederos” que para mi siempre estará asociada a la ropa que me compraban de pequeño para que me durara varios años (que vendría a ser casi lo contrario).

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