Yo soy antohospitalario. Un paréntesis dedicado a los afectados por la hepatitis C

Tomada de El País, 18-12.2014

Tomada de El País, 18-12.2014

En el momento de escribir esta entrada, miembros de la Plataforma de Afectados de Hepatitis C (PLAFHC) están encerrados en el hospital Doce de Octubre de Madrid [1]. Demandan que, al menos, aquellos enfermos en los que la enfermedad está más avanzada tengan acceso a los nuevos tratamientos [2], que, esos sí, curan, pero cuyo precio es muy alto. Acceded a su página, por favor.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) [3], la hepatitis C es una enfermedad vírica, que puede ser aguda y crónica y cuya gravedad varía entre una dolencia leve que dura algunas semanas, y una enfermedad grave de por vida. Se transmite a través de la sangre, siendo las causas de infección más comunes las inyecciones poco seguras, la esterilización inapropiada de equipo médico en algunos entornos de atención sanitaria y el uso de sangre y productos sanguíneos sin analizar.

Es una enfermedad silenciosa, que, en muchos, no presenta ni siquiera síntomas específicos y que, en un porcentaje importante, es superada sin ayuda externa pero que, cuando muerde y supera una determinada fase, mata. De acuerdo con la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH) [4], “supone la principal causa de cirrosis y cáncer de hígado en España. Además, más del 50% de los pacientes que han necesitado un trasplante son pacientes con hepatitis C que han evolucionado a una enfermedad hepática terminal, lo que la convierte en uno de los principales problemas a los que tiene que enfrentarse el sistema sanitario español”. No es una broma.

En ese ambiente, este blog está publicando una serie de entradas bajo el título común “Yo soy antihospitalario”, uno de cuyos fines manifiestos es el de justificar “que el “tamaño” actual del SSM [Sistema Sanitario Moderno] ya parece haber superado el umbral crítico y ya genera tantos o más problemas que los que resuelve a nivel colectivo y que deberemos reclamar su decrecimiento (no su privatización), convirtiéndole en algo humano, al servicio de las personas, y no a la inversa, que sean estas las que se subordinan a la institución[5]. Estamos utilizando el caso del sistema hospitalario para señalar la existencia de límites al crecimiento, incluso en las instituciones más queridas por la población.

Cierto es que no debiéramos necesitar aclarar que el decrecimiento que proponemos no tiene nada que ver con los recortes que impulsan los “neocon” y aplican con esmero nuestros gobernantes, máxime si se considera que ya en una de las entradas recordábamos unas palabras muy ilustrativas de M. Esteller: “Un tratamiento que cura la hepatitis C se debe ofrecer de forma gratuita por el sistema sanitario, pero un tratamiento que solo alarga la vida un mes quizá no. Hoy en día estamos gastando mucho dinero en fármacos que solo extienden la vida un mes. Debemos ser conscientes de las prioridades[6].

No obstante, para evitar malos entendidos y como muestra expresa de apoyo a los encerrados y lo que representan, interesa dejar bien sentado que el decrecimiento no es el olvido de los logros humanos. Y concretamente, como decíamos más arriba, un medicamento que cura la hepatitis C debe estar realmente al alcance de todos los que lo precisan, si es que queremos considerarnos realmente una sociedad (sin adjetivos).

Pero, simultáneamente, este caso concreto permite vislumbrar algunas cuestiones de interés y habitualmente en tinieblas.

Hablemos del precio de los medicamentos [7]. ¿Cómo es que los medicamentos tienen el precio que tienen? ¿Cómo es que algunos, producidos por unos céntimos en algunos países, se venden por decenas de euros en otros? ¿Cómo pueden existir genéricos mucho más baratos y por qué no hay genéricos siempre? En este caso, incluso la OMS lo señala cuando dice: “Aunque los costos de producción de estos agentes antivíricos son bajos, los precios inicialmente fijados por los fabricantes son muy elevados y, probablemente, dificultarán el acceso, incluso en países de ingresos altos[8].

Esto es tan evidente que incluso los laboratorios farmacéuticos tienen preparada su “coartada” moral. Afirman que la mayor parte del coste no corresponde a la producción en sí misma sino a todo el proceso de investigación que ha sido preciso recorrer previamente y que, en muchos casos, no conduce a nada útil (en ingresos para la empresa). Es la misma situación de aquellas enfermedades que “el mercado”, por afectar a pocos pacientes (enfermedades raras o “huérfanas”), no asigna recursos, por no prever rentabilidad suficiente y también, pensamos algunos, de las enfermedades que sólo afectan a países pobres, que no van a poder pagar lo suficiente por ellos. Es la lógica económica.

Habitualmente, llegados aquí es imposible avanzar. Son las cuentas de las empresas y esas son tan “flexibles” como se quiera imaginar. Pero este caso conocemos más.

En primer lugar, los precios. Sabemos que el tratamiento completo (entre 3 y 6 meses) en USA cuesta 60.000 € (80.000 $), que en España el precio pactado es de 25.500 € y que en India se reduce a unos 700 € [9]. No seáis inocentes; esta diferencia de precios podría estar causada por intereses puramente comerciales, no por razones de justicia social [10].

En segundo lugar, la inversión previa a la producción propiamente dicha. En este caso, la farmacéutica (grande) que distribuye el medicamento es Gilead Sciences, y dispone de él no por haberlo desarrollado sino por compra, a principios de 2012, de la desarrolladora (Pharmasset Inc.) por 11 billones de dólares (en terminología norteamericana y según información de la propia compañía para sus inversores [11]). Teniendo en cuenta que la compra se refiere a la integridad de la compañía, el valor pagado debe ser considerado como un extremo superior del coste del desarrollo del medicamento (algo más de ocho mil millones de euros).

Por fin, los datos de morbilidad. Sorprendentemente estos son más ambiguos, existiendo sólo estimaciones. De acuerdo con la OMS [3], en todo el mundo hay entre 130 y 150 millones de personas que sufren infección crónica, muriendo anualmente entre 300.000 y 500.000. En España, según la AEEH [4], la patología afecta a más de 900.000 personas, desde la PLAFHC se calcula que 35.000 personas han alcanzado la fase de la cirrosis [1] y desde la Associació Catalana de Malalts d’Hepatitis (ACMH) se le atribuyen unos 5.000 muertos al año (acceded también a su página, por favor) [12].

Si combinamos todo lo anterior y consideramos que Gilead tiene asegurada la exclusiva (la no existencia de un genérico con quien competir) durante, al menos 10 años [13], parece evidente que el negocio de la farmacéutica es realmente sustancioso.

Si se garantiza el acceso a la población que moriría como consecuencia de la hepatitis C durante los próximos 10 años en todo el mundo, la repercusión de los trabajos previos en el precio del tratamiento sería de 2.000 € por tratamiento [14]. Ahora bien, no es esa la política de Gilead, que prefiere cargar los precios en los países más ricos, donde hay dinero. No conocemos cuál es la política concreta, pero, si suponemos que no carga nada en los suministros a los países de renta baja y media/baja, sino que lo hace sólo en los de renta media/alta y alta [15], y suponemos en estos tienen lugar el 57% de las defunciones [16], la repercusión en estos países sería de unos 3.500 € por tratamiento.

Por fin, es claro que una sociedad no puede permitirse el lujo de tratar sólo a los enfermos “que morirían con seguridad en un plazo corto”, si no mediase el tratamiento, sino que este debiera extenderse a la población que sufre la enfermedad y sus secuelas (aun sin llegar al estado terminal) y a aquellos otros que superen un determinado umbral de riesgo de defunción. La estimación de este número es difícil, pero, si suponemos que la situación es estacionaria (la prevalencia de la enfermedad se mantiene, lo que es conservador, ya que está creciendo) y que la estimación de mínimos que hace la PAHC se puede extrapolar al conjunto de países de renta alta y media/alta, puede afirmarse que hoy es inexcusable prever el tratamiento de un número de pacientes siete veces superior al de muertes esperadas en el año. En estas condiciones, la repercusión de los costes de desarrollo resulta ser, en los países ricos (se libera a los países pobres de repercusión alguna) de unos 2.300 € por tratamiento, valor muy alejado no ya de lo previsto para Estados Unidos sino de lo que pagaremos en España. Gilead, incluso adoptando criterios muy conservadores, pretende cobrar (y lo hará si nadie lo impide) más de 10 veces lo que se ha gastado en adquirir el desarrollo del medicamento, eso sí, liberando de ello a los países de menores rentas (que, por una parte, no lo podrían pagar y, por otra, a base cargar los costes a otro). En otras palabras, Gilead pretende la seguridad de recuperar en menos de un año toda su inversión previa. A partir de aquí, todo beneficios limpios. (Dada la desproporción, no se ha considerado el importe de la producción en sí misma, que debe ser inferior a los 700 € de precio de venta en India).

Tenemos al primer cerdo con tirantes de la historia.

El segundo es evidente; basta con volver sobre las causas del encierro. El gobierno de España ha establecido unos criterios [17] muy restrictivos para acceder a los tratamientos actuales, previendo transferir a las comunidades autónomas para ello un máximo de 125 millones de euros al año [18]. Y todo con la excusa de la necesidad de recortar gastos. Al precio tasado, esto permite el tratamiento de 5.000 pacientes en el año frente a los 35.000 de que habla como mínimo inicial la PAHC. Limitar el acceso real al tratamiento a tan sólo 5.000 pacientes es una desvergüenza sólo al alcance de desalmados. Y hablar de carencia de recursos…

Como recordatorio, los gastos de las tarjetas “black” de Bankia son el equivalente al tratamiento para 600 pacientes; la responsabilidad pecuniaria del caso Noos (Urdangarín y su familia) es 3.600tratamientos; caso ERE, 5.400; Gurtel, 8.000; Pujol[19]

Tomada de la página de la Plataforma de Afectados por Hepatitis C

Tomada de la página de la Plataforma de Afectados por Hepatitis C

Sí, ya sé que esto es un poco demagógico, pero no tanto (y mucho menos obsceno) como las declaraciones del abogado del cuñado del rey cuando, aparentemente sorprendido por la magnitud las penas que pide para él el fiscal, dice “parece que fuera un delito de sangre, ¿no?[20]. Creo que sí, que determinados delitos de cuello blanco debieran considerarse equivalentes a delitos de sangre, que, indirectamente, matan.

Lo que ya no es demagógico es la comparación con el importe del rescate bancario, que la función esencial de la política (y de los dirigentes) es la de establecer prioridades. Las pérdidas que ya se aceptan del rescate darían para pagar todo el coste completo del desarrollo del tratamiento; daría para pagar, a grandes rasgos, todos los tratamientos mundiales durante 10 años. El rescate, como tal, lo mismo y otros nueve desarrollos equivalentes.

Como final, recuperando el sentido de esta serie de entradas (“Yo soy antihospitalario”), no olvidemos que la mayor parte de los contagios de hepatitis C han tenido lugar en hospitales… Daños causados por los “Sistemas Sanitarios Modernos”. Pero sobre esto volveremos en una próxima entrada.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] http://politica.elpais.com/politica/2014/12/18/actualidad/1418902901_615124.html

[2] Estamos hablando del Sovaldi, cuyo nombre comercial es Sofosbuvir y cuyos derechos comerciales son de Gilead Sciences

[3] Abril de 2014; http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs164/es/

[4] http://aeeh.es/wp-content/uploads/2014/06/NP-AEEH-Acceso-medicamentos-hepatitis-C.pdf

[5] “Yo soy antihospitalario. ¿Qué pasa?

[6] “Yo soy antihospitalario. La irresistible ascensión del gasto sanitario

[7] No olvidemos que los medicamentos los pagamos nosotros, una parte mediante el pago directo en las farmacias y otra vía cotizaciones a la Seguridad Social e impuestos.

[8] El texto completo de la OMS al que nos referimos es: “Los progresos científicos han dado lugar al desarrollo de nuevos fármacos antivíricos contra la hepatitis C mucho más eficaces, seguros y mejor tolerados que las terapias precedentes. Esos fármacos, conocidos como agentes antivíricos orales de acción directa simplifican el tratamiento de la hepatitis C, dado que reducen considerablemente las necesidades de seguimiento y aumentan las tasas de curación. Aunque los costos de producción de estos agentes antivíricos son bajos, los precios inicialmente fijados por los fabricantes son muy elevados y, probablemente, dificultarán el acceso, incluso en países de ingresos altos.” (http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs164/es/)

[9] http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/02/19/actualidad/1392816442_298651.html; http://politica.elpais.com/politica/2014/11/05/actualidad/1415214013_877896.html y   http://www.fiercepharma.com/story/gilead-sciences-prices-sovaldi-india-tiny-fraction-us-cost/2014-08-07 por ejemplo

[10] Para la empresa, aprovechando la mala conciencia, es preferible apoyar el grueso de sus ingresos allá donde está el dinero, en los países ricos, permitiendo la fabricación, a costa de percibirr un canon, en países pobres. Precios más altos en países pobres estaba dando lugar a que estos se planteasen la validez de las patentes, llegando a saltarse las limitaciones.

[11] http://investors.gilead.com/phoenix.zhtml?c=69964&p=irol-newsArticle&ID=1632335

[12] http://asscat-hepatitis.org/wp-content/uploads/Asscat.Nota-de-prensa-DMH-2013.pdf

[13] En Europa, dispone de 8 años, a lo que se añade un mínimo de otros 2 en el proceso de tramitación del eventual genérico, si la idea de este existe. Obviamente, nadie garantiza que no puedan surgir alternativas que respeten las condiciones de la patente, pero este riesgo es con el que deben convivir todas las empresas que existen en cualquier sector y es en en lo que se basa la coartada de los beneficios ordinarios del capital invertido.

[14] 8.000 millones de euros divididos por 400 mil pacientes y por 10 años

[15] Se utiliza la clasificación del Banco Mundial, según la cual, cada grupo se caracteriza por (número de países y población en millones de personas): Renta alta (74; 1.308), renta media/alta (55; 2.433), renta media/baja (50; 2.596) y renta baja (34; 868). Fuente:  http://data.worldbank.org/

[16] No hemos encontrado estadísticas fidedignas a este respecto, probablemente porque se trata de una enfermedad que no causa la muerte directamente sino que deriva, en muchos casos, en cirrosis y cáncer hepáticos (sin duda esto contribuye a que la enfermedad tenga menos relieve público del que debiera corresponderle), que son las causas directas de las defunciones. Hemos estimado el porcentaje como igual al que resulta considerando las defunciones por cirrosis y cáncer hepáticos (fuente: http://apps.who.int/gho/data), aun sabiendo que en estas causas existen otros factores, lo que penaliza, por ejemplo, a los países de mayoría musulmana, menos consumidores de alcohol. No obstante, el valor obtenido es coherente con otras estimaciones, que, en general, consideran bastante equilibrado el número entre países ricos y países pobres (por ejemplo, http://gtt-vih.org/book/print/8307)

[17] thtp://aeeh.es/2014/12/la-aeeh-rechaza-el-documento-de-estrategia-de-priorizacion-para-el-tratamiento-de-la-hepatitis-c/

[18] Es una noticia de prensa generalizada, nunca desmentida (aunque tampoco confirmada)

[19] http://elpais.com/especiales/2014/tarjetas-opacas-caja-madrid/, http://elpais.com/diario/2010/04/08/espana/1270677613_850215.html, http://politica.elpais.com/politica/2014/12/22/actualidad/1419236559_259623.html,  http://politica.elpais.com/politica/2013/03/23/actualidad/1364070982_144144.html

[20] http://www.elperiodico.com/es/noticias/politica/abogado-urdangarin-peticion-fiscal-delito-sangre-3756048

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