Algunos dogmas de la religión económica

Portada de el antieconomico

Portada de un libro que muy bien pudiera ser “de cabecera”, aun cuando sólo fuese por el título

Es muy claro que la economía hoy todo lo invade y, hablemos de lo que hablemos, sea del hambre, del derecho humano al agua o de la existencia de límites, siempre afloran dogmas económicos, conceptos que, lejos de aclarar, nos dificultan la visión del mundo real. Desde el “¡Es la economía, imbécil!” de Bill Clinton hasta el reconocimiento explícito del sometimiento de nuestros dirigentes a los poderes económicos (el “los mercados nos dicen…” de Elena Salgado), todo indica la penetración de la economía que ya señaló (¿y apuntaló?) Marx.

Esta entrada pasa revista a algunos conceptos económicos especialmente dañinos, que pretenden aceptemos como leyes inexorables, y que son, al menos, equívocos y condicionan nuestra percepción.

  1. Precio y valor

Antonio Machado ya decía hace muchos años, a través de Juan de Mairena, aquello de “todo necio / confunde valor y precio”.

Y la economía incluso da un paso más; no confunde los conceptos sino que hace desaparecer el de valor y se queda sólo con el de precio (realmente hace desaparecer todo lo que no es capaz de medir, todo aquello a lo que no es capaz de poner precio e incorporar al mercado). Lo que no tiene precio no existe para la economía. Y así nos va. Hace desaparecer del análisis casi todo lo que importa: la limpieza del aire y el agua, los recursos naturales antes de su extracción, la salud, todos los inmateriales… Y si todo esto se ignora, ¿cómo no va a ser rentable un crecimiento basado en el agotamiento de los recursos y la sobre-producción?

  1. Producto Interior Bruto (PIB)

Cuando la economía habla de crecimiento económico, de lo que está hablando es del Producto Interior Bruto, del PIB. Es la piedra angular del crecimiento. Es lo que lo se mide. Cuando crece, vamos bien pero, ay si decrece… si decrece es el caos.

El PIB anual es el valor de los bienes y servicios destinados al consumo (se excluyen, por tanto, los bienes producidos para producir otros bienes) producidos en un año y expresados en términos monetarios (en euros en nuestro caso).

Realmente no puede decirse que sea un concepto equivocado, ya que mide lo que dice medir. El problema es que no nos dice nada que nos interese especialmente.

El PIB, como mal indicador que es, retiene lo accesorio y olvida lo esencial. Ignora que, en la vida, hay mucho más que economía y bienes materiales, que hay bienes con valor y sin precio. Así por ejemplo, el PIB omite el trabajo realizado en el hogar, en su mayoría por mujeres (el trabajo del hogar no vale nada y por tanto no se incluye en el PIB ¿o es al revés, que, como no se incluye en el PIB, no tiene valor?). Otorga el mismo valor a los gastos en educación que a los militares (valora probablemente mejor la guerra que la paz, que aquella dedica recursos tanto a producir tanques como a destruir escuelas y computa doble). Incluye tanto los gastos invertidos en destrozar el ambiente como los que, irremediablemente, tenemos dedicar a moderar los impactos que ocasiona el expolio.

Ahora se acaba de modificar el modo en que se computa el PIB en Europa. Ahora se incluyen explícitamente algunas actividades ilegales, como son el tráfico de drogas, el contrabando o la prostitución. Como consecuencia de ello, el PIB español ha subido repentinamente un 0,8% [1]. Resulta difícil de aceptar que  las rentas del proxenetismo sean algo positivo.

¿Qué cómo es que la modificación no incluye la corrupción?. Quizá sea que no lo consideran ilegal… Realmente es que la corrupción, al menos parcialmente, ya estaba incluida antes de la modificación. En el fondo, cuando los corruptos cobran su comisión, el precio sube y, por tanto, también lo hace el PIB. Y es incluso mejor  si se paga (con factura) por algo que no se hace (sube más el PIB).

  1. Productividad

Regularmente nuestros próceres, sean políticos o empresarios, nos machacan con la exigencia de mayor productividad. Tenemos que ser más productivos para ser más competitivos.

Es un concepto muy sencillo que, por sí mismo, conduce al crecimiento. Es la relación entre la cantidad de bienes producidos (al precio al que se venden) y los recursos empleados para ello (al precio al que se pagan), si bien los recursos a los que se aplica son casi sistemáticamente los humanos, valorados por el salario que recibimos en el mercado de trabajo. “Hay que trabajar más y ganar menos”, nos decían. Ser “improductivo” (o poco productivo) suena a algo denigrante.

Jugando con estereotipos, un bangladeshí es más productivo que un europeo, simplemente porque su salario es menor. Produce lo mismo, no en menos tiempo o con menos esfuerzo, pero sí por menos dinero.

Centrarnos en la productividad conduce a un círculo vicioso. En su nombre, a los españoles nos imponen una tasa de paro desmesurada y una bajada de masa salarial (sin hablar de los recortes que todos conocemos) para así conseguir una mayor cuota del mercado mundial. Pero esa cuota se la quitamos a los bangladeshíes, que así se ven forzados, como reacción, a reducir aún más sus salarios y recuperar el mercado perdido; nos lo quitan a nosotros… La rueda que gira y gira…

Que, en el fondo, importa poco la productividad (fuera de servir como justificación para rebajar los costes salariales) lo pone claramente de manifiesto la situación de paro con la que convivimos con normalidad. Analizando nuestra productividad como estado, con un más de un 20% de paro, es claro que llegar al pleno empleo debiera traducirse en un incremento muy notable de productividad [2] y debiera ser el objetivo al que se supeditara todo lo demás.

  1. Actividades de alto valor añadido

Otro lugar común de la jerga es que hay que primar, dentro del sistema productivo, las actividades de alto valor añadido. Pero ya hemos visto que la economía confunde (identifica) el valor con el precio, por lo que podríamos expresar lo anterior como que la prima debe ir a parar a las actividades que tengan precios más altos, que hagan subir más los precios.

Aunque parece más técnico, es un concepto semejante al de productividad que veíamos más arriba, si bien ahora el elemento de referencia no son los trabajadores de la empresa y sus salarios, sino los medios ajenos a ella que se emplean en la producción. El valor añadido no es más que la diferencia entre el importe de las ventas y el de las compras dejando las  externalidades fuera del cómputo: la “inseguridad en el trabajo”, la ausencia de servicios sociales, la contaminación, la basura, las emisiones, las guerras, etc.

Vender por 10 € una camiseta cuya fabricación, en Bangladesh, cuesta unos céntimos, más que una actividad de alto valor añadido es una pura inmoralidad. No hace tanto tiempo del derrumbe del complejo Rana Plaza, en Dacca, que sacó a la luz pública las condiciones de esclavitud en las que se está produciendo la ropa que usamos [3].

¿Y la corrupción? Bien, gracias. Sin duda, es el ideal de actividad de alto valor añadido si se trabaja con dinero “blanco”, con factura. Te pagan por algo que no vale nada. Excelso.

5. El mercado

Porque los mercados nos dicen… Realmente parece como si nuestros dirigentes, nuestros políticos, hubieran adoptado el papel de oráculos subordinados. Escuchan lo que dicen unas instituciones sobrenaturales e interpretan sus mensajes para nuestro bien. A la manera del traductor al lenguaje de los sordos del funeral de Mandela.

Pero realmente, los mercados no dicen nada. Los que hablan son los dueños de los mercados, que así imponen su santa voluntad. No nos convencen lo mismo si nos dicen que el señor Soros, paradigma del inversor/especulador  [4], nos impone algo, que si lo disfrazan con eso de lo que nos piden los mercados.

Pero esta entrada ya está siendo muy larga y el del mercado es un tema que merece un cierto espacio, así que, lo dejamos para otra próxima.

Entre tanto, bienvenidos sean otros análisis de estos u otros conceptos castrados, que la economía da miedo…

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Instituto Nacional de Estadística (http://www.ine.es/prensa/np862.pdf)

[2] No tanto como un 25% más (1/(1-0,2)), que se correspondería con una situación en la que los parados no tuvieran derecho a subsidio alguno. El cómputo debe tener en cuenta la diferencia que hay entre lo que percibirían los parados en forma de salario caso de trabajar y el importe del subsidio de paro.

[3] Más de mil muertos en un momento, cuya vida no vale más que algunas, pocas, rupias. Se producían allí prendas para muchas de las grandes cadenas occidentales. http://www.huffingtonpost.es/2014/04/24/industria-textil-bangladesh_n_5205927.html

[4] George Soros es un especulador financiero e inversionista (lo que quizá sea lo mismo) que se hizo famoso por provocar algo parecido a la quiebra del Banco de Inglaterra el 16 de septiembre de 1992, episodio llamado el miércoles negro. Ese día anunció públicamente que la libra perdería valor; vendió más  de 10.000 millones de libras esterlinas lo que produjo un cierto descenso de la cotización, lo que le dio credibilidad. Como consecuencia, una legión de inversores le emuló y se produjo la devaluación de la libra. Ya solo faltaba la recompra de lo vendido. Ganó 1.000 millones de dólares en un día, sin producir nada útil.

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4 respuestas a Algunos dogmas de la religión económica

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  3. RBCJ dijo:

    La economía , poner precio a los bienes y servicios, ha devenido como una necesidad. No podíamos vivir en autarquía intercambiando bienes , servicios o haciendo trueque.. Eliminar conductas inmorales es otro problema. ¿Cómo evitar que algo que en Bangladesh cuesta céntimos se venda por euros en Europa?.De qué lado nos ponemos :país europeo , Bangladesh , empresa?. Bangladesh podría imponer un impuesto a la exportación. Europa otro a la importación.. ¿Quién decide?. ¿Comparten ambos países parte del beneficio de la empresa?. El problema es que Sri Lanka sustituya a Bangladesh porque la empresa querrá ganar más dinero y parece claro que tienen la iniciativa siempre a valorar, es más algunas se arruinan en el intento. Mientras los funcionarios en Europa y los de Bangladesh suelen vivir tranquilos…y a veces haciendo poco .Todas las partes son responsables…por omisión o acción.

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    • Gracias RBCJ, aunque, lamentablemente creo que debo añadir algunas consideraciones.
      Es cierto que el dinero, la moneda, existe hace mucho, como también lo es que era utilizada como instrumento para facilitar los intercambios. Pero lo que la entrada pretende poner de manifiesto es que hoy la economía ha tomado el poder absoluto y que ha eliminado del mundo todo aquello a lo que no es capaz de poner precio, independientemente del valor que ello tenga para nosotros.
      El cómo evitar la inmoralidad de pagar nada en Bangladesh y venderlo por un potosí… En primer lugar, siendo conscientes de que se trata de una inmoralidad (y de algo más, que llega a causar indirectamente, víctimas).
      ¿En qué lugar nos ponemos?. En el de la moralidad, al lado de los que viven con menos de 1,25$ al día, al lado, no de Bangladesh, sino de la gente de Bangladesh
      Todas las partes son responsables… La simetría creo que no funciona. Si de un pastel de 100 yo me llevo 99 y otro 1, puede que el otro tenga algo de responsabilidad pasiva (para sí mismo, por cuanto quizá hubiera podido hacer más para evitar la situación), pero la responsabilidad pública es de aquel que saca (muchísimo) provecho. El que una casa no tenga alarma instalada no da a nadie derecho a atracarla, aunque el que vive en la casa hubiera podido hacer más (quizá incluso armarse con una escopeta)

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