El Ebro lo ha vuelto a hacer. Otro año más, la riada del siglo.

Como ocurre con una cierta regularidad, otro año han tenido lugar las inundaciones en el Ebro. Ahora, cuando parecía posible llegar a una cierta racionalidad en la visión política de la cuestión, con el progreso en la aplicación de la Directiva de Inundaciones de la Unión Europea (ya transcrita a la legislación española), llegan las inundaciones.

En esta entrada nos internaremos en el proceloso mundo de las riadas, intentando poner de relieve algunas cuestiones que a menudo se olvidan.

  1. Los ríos son de todos
Zonas inundables

Figura 2. Descripción del territorio asociado a los ríos

Los ríos nos pertenecen a todos. Forman parte de “lo común”, no sólo en términos morales sino incluso atendiendo a nuestra legislación legislación explícita. Los propietarios de los terrenos colindantes no tienen mayor derecho sobre el río (ni a decidir sobre estos temas) que cualquier otro ciudadano. Son ribereños, no propietarios del río.

  1. Existe una ordenación legal de los terrenos asociados a los ríos

Atendiendo exclusivamente a nuestra legislación (Reglamento del Dominio Público Hidráulico con su última modificación), el río y su entorno se organizan en las zonas que se reflejan en la Figura 1:

El cauce es el terreno cubierto por el agua en las crecidas normales (simplificando mucho, las máximas que se dan, más o menos, cada dos o tres años). Es de dominio público (es de todos).

Las riberas son las franjas laterales del cauce que están por encima del nivel de aguas bajas. Forman parte del cauce, pero una parte importante del año están secas.

Las márgenes son las zonas contiguas al cauce. Están sometidas a la influencia del río, pero son de propiedad privada, aunque bajo ciertas restricciones de uso.

Sobre las márgenes se extienden las zonas inundables, definidas como las que resultarían cubiertas por el agua en avenidas extraordinarias (tan extraordinarias como para no ocurrir, por término medio, más que una vez cada 500 años).

Es evidente, por tanto, que los terrenos situados en zona inundable, que tienen las ventajas de estar en la vega, tienen también los inconvenientes de estar sometidos al riesgo de sufrir inundaciones y que debiera ser función de las administraciones públicas (el plural es consciente) la ordenación práctica de este territorio, impidiendo, por ejemplo, nuevos desarrollos urbanísticos sobre él.

  1. La variabilidad de los caudales es consustancial al río

En condiciones de caudal bajo, los ríos discurren por su cauce, pero cuando, consecuencia de lluvias o de deshielo, les toca, el caudal y el nivel suben y el río desborda, cubriendo riberas (propiedad pública) y márgenes (propiedad privada). Se extienden sobre lo que, en los tramos medios y bajos, se llama, con toda propiedad, llanura de inundación.

Las avenidas no son anomalías, sino que forma parte del comportamiento normal de los ríos, que no son canales. Incluso el nombre vulgar (riada) así lo dice.

Datos Zaragoza v1

Figura 2. Serie histórica de caudales máximos mensuales en el Ebro en Zaragoza. Fuentes: azul, anuarios de aforos; verde, Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH), series históricas; rojo (dato marzo 2015), SAIH

Como ilustración, en la Figura 2 se presenta la serie histórica de los caudales máximos mensuales medidos en el Ebro en Zaragoza.

  1. Y las inundaciones ocasionan daños

Daños que son más o menos importantes en función de las características de la riada, de la ocupación del terreno, de la gestión que se realice… La última de este año (realmente es la tercera) no ha sido excesiva en cuanto a caudales. Como se ve en la Figura 2 anterior, riadas mayores que ella han ocurrido, por término medio, una vez cada menos de diez años.

Sí ha sido extraordinario el nivel alcanzado por el agua, el mayor medido desde 1961. Así lo señalaba el Presidente de La Confederación Hidrográfica del Ebro (“CHE”) [1]: “las avenidas son de menos caudal, pero alcanzan más altura”  [2].

Sorprendentemente, dado lo extraordinario del nivel alcanzado por las aguas, desde el punto de vista de los daños, no ha habido víctimas personales y los daños a particulares no cubiertos por seguros no parecen, en conjunto, catastróficos [3].

  1. Daños que provocan reacciones extraordinarias

Asistimos al usual despliegue de autoridades, con participación líderes y lideresas de todo tipo, prometiendo o exigiendo indemnizaciones. Incluso los partidos emergentes, al menos en esto, siguen puntualmente la tradición.

Cierto es que hay daños y la solidaridad es, quizá, la característica esencial de las sociedades realmente desarrolladas, pero también es cierto que los afectados por las inundaciones no tienen más derecho a apoyo que cualquier otra persona en condiciones difíciles, como los que han perdido su salario por la crisis, por ejemplo. Si no tenemos esto en cuenta, podrían llegar a pagar los daños de estas inundaciones personas de menor renta que los damnificados.

Hasta aquí, todo normal o, al menos, habitual.

  1. En este caso hay más. Elecciones a la vista

Y eso quiere decir que hay que actuar rápidamente, hay que hacer algo que convenza a los posibles votantes, sea útil o negativo y, esencialmente, encontrar un culpable: el río.

  1. Y se prepara el linchamiento (del río)

En una concentración de agricultores ante la sede de la CHE en Zaragoza, para reclamar soluciones e indemnizaciones urgentes, un portavoz expresaba que “estamos cansados de leyes medioambientalistas que impiden dragar el río […/…] Los agricultores somos los primeros que cuidamos el medioambiente, pero no queremos ser los únicos que lo paguemos”.

El presidente de la CHE expresa de otra manera el diagnóstico. Todo se debe a “la proliferación de islas de sedimento y al estrechamiento del cauce” que hubiéramos querido eliminar pero “nos piden muchos estudios, que son carísimos, para que nos concedan las declaraciones de impacto ambiental para hacer dragados”.

  1. Hay que dragar el río. ¡Ya!.

Y algo ya ha pasado. El Consejo de Ministros (a iniciativa del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente) aprueba el Real Decreto de Medidas Urgentes en el que anula el trámite de evaluación ambiental para determinadas actuaciones.  Aunque sólo aplica a las “obras de reparación o rehabilitación de infraestructuras, equipamientos o instalaciones”, la duda es si no se interpretará en un sentido excesivamente amplio y aplicará a los dragados.

  1. Pero hay más

Lo expresa Arias Cañete (anterior ministro responsable de nuestro medio ambiente, ahora desde Bruselas): “para prevenir avenidas lo que hay que hacer son pantanos, obras de laminación, que son muy complicadas y tienen mucha oposición social, y dragar los ríos…” .

También existe quien exige más (a los demás): “El Consistorio [de Zaragoza] puso en marcha {la alerta naranja] ante el “baile de cifras” y la “inexactitud” sobre la hora de llegada de la punta…”.

Y todavía hay aproximaciones más creativas, como la que considera que esto no hubiese ocurrido si se hubiese ejecutado el trasvase del Ebro…

  1. Y esto, ¿tiene sentido?

Empezando por el final. Simplemente, el trasvase no tiene ningúna posible incidencia en las inundaciones [4].

La demanda de más precisión. Por favor, estamos hablando de un fenómeno natural, no de un proceso industrial [5].

Respecto a los pantanos, la formulación es falsa. Los embalses laminan las avenidas, pero ya hay embalses agua arriba de Zaragoza. ¿Deben (y pueden) construirse más precisamente ahí? Parece necesario, al menos, un análisis [6].

No merece la pena siquiera hablar de un eventual dragado del Ebro en toda su longitud. Es una medida tan desproporcionada y fuera de lugar que nadie se ha atrevido a nada semejante en el mundo.

En cuanto a posibles dragados locales, existen estudios concretos que ponen de manifiesto su muy reducida influencia en los niveles [7] y la gran dificultad que existe para su mantenimiento (el río tiende a buscar su perfil de equilibrio). Lo que está fuera de discusión es que los dragados son dañinos de cara al río en cuanto ecosistema y conducen a su canalización.

  1. ¿Entonces?

No pretenderemos establecer aquí cuál es la solución, pero, en cualquier caso, lo que es indudable es que es necesario un análisis sereno de las circunstancias en que se han producido y como se han gestionado las inundaciones y que ese análisis, transparente, será el que haga aflorar las posibles mejoras a introducir, siendo conscientes que es fundamental tomar en consideración todas las opciones.

  1. Olvidos

Porque lo que más llama la atención, más incluso que el patrocinio desmesurado de los dragados, es cómo se está olvidando lo fundamental. Y es que se está dejando al margen todo lo que no sea poner las máquinas ya en el cauce.

Olvidamos que, antes o después, vendrán caudales mayores, que dejarán pequeñas a nuestras obras urgentes. Basta ver la serie histórica de caudales que presentábamos en la Figura 2.

Olvidamos que no apreciamos las medidas de prevención, que no proporcionan réditos partidistas. Evitar daños es menos rentable, en votos, que indemnizar generosamente, con el dinero de todos [8]

Olvidamos que las riadas, de las mismas características y en las mismas condiciones, tienen tendencia a ser más dañinas cada vez [9].

Pero la gran olvidada es, sin duda, la ordenación territorial. Ordenación territorial que comprometa a todas las administraciones y cubra las llanuras de inundación al completo, estableciendo qué usos son compatibles y en qué condiciones, así como los derechos y obligaciones de los ocupantes. Y que, en este caso concreto, en el que el territorio está plagado de diques de protección, de las cuales unos protegen y otros no, unos estrangulan al río y otros menos, incluya una ordenación de los diques, analizando también la incidencia de las isletas. Una ordenación territorial, en suma, que nos permita convivir con el río y no enfrentarnos frontalmente a él.

Parece que, realmente, hemos aprendido bien poco. Echando la vista atrás, en 1259 una riada arrasó la villa de Pina (este año, al borde del desalojo) y el rey Jaime I liberó a sus pobladores del pago de la contribución durante dos años pero, también, les concedió tierras más alejadas del río.

  1. Y final

Hablemos de responsables, pues. El río, no lo es ni lo puede ser, pero tampoco los ecologistas que reclaman su protección, ni los funcionarios que se encargan de la gestión. Ni los agricultores, ni los ciudadanos en general. ¿Quién entonces? Lo más sencillo, como casi siempre; los responsables, para bien o para mal, no pueden ser otros que los que aceptaron la responsabilidad, al aceptar el cargo de designación política directa que les ofrecieron. Y aquellos que se lo ofrecieron

Las elecciones han puesto en el punto de mira al río Ebro y nuestros queridos dirigentes no van a tener ningún escrúpulo en acabar con él. Realmente está en peligro, con obras sin pensar al acecho. Defendámonos, que todos somos Ebro.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Las confederaciones hidrográficas son los organismos competentes en materia de planificación, gestión y policía de agua en su ámbito geográfico. Dependen de la Dirección General del Agua del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y su presidente es un cargo de designación directa, en el caso del Ebro, consecuencia de los pactos entre PP y PAR acaecidos después de las anteriores elecciones legislativas.

[2] Lo de menos caudal no hay manera de comprobarlo hablando sólo de un año, aunque sí se aprecia en la serie histórica de caudales  que en los 35 primeros años de la serie son mayores que en los 35 últimos, como corresponde al efecto laminador de los embalses que han ido entrando en servicio, pero, que un año tenga un caudal menor (¿menor que qué?) no dice nada. Lo de un nivel superior a lo que le correspondería lo avalan los registros de que se dispone.

[3] Según la referencia del consejo de ministros del 6 de marzo  el importe estimado de las indemnizaciones que cubrirían esos daños era de millón y medio de euros (por centrarlo, apenas el importe de los gastos de tres de las tarjetas black de Bankia). Es cierto que el coste total debe ser apreciablemente mayor, ya que incluirá, aparte de los propios costes de la gestión de la riada, los daños cubiertos por los seguros y las afecciones a bienes públicos.

[4] Baste pensar en que el caudal de diseño del trasvase era de 50 m3/s, irrelevante respecto a los 1.800 m3/s que han circulado por la zona en que se proyectaba situar la toma, en Xerta, ya en Cataluña, donde, además, no han llegado las inundaciones.

[5] Pensemos que, en este caso, el problema puede haber sido el contrario, la pretensión de un exceso de precisión respecto de lo que es técnicamente posible. Las inundaciones son fenómenos naturales que no pueden describirse en centímetros. Lo que sí es necesario es ser conscientes de que las previsiones son eso, previsiones, no realidades (pensemos en las previsiones meteorológicas, que están en el origen de las de la evolución de las riadas)

[6] Es evidente que en la gestión inmediata de esta riada, los embalses han jugado un papel importante, laminando los caudales circulantes. Como ilustración se puede señalar el efecto del embalse de Mequinenza, en la salida del Ebro de Aragón a Cataluña. El caudal máximo entrante en el embalse ha sido  de 2.600 m3/s mientras que el máximo evacuado se ha reducido a 1.800 m3/s. En Cataluña no ha habido inundaciones. Y respecto a la presión social, sólo una pregunta: ¿Cuándo les entrará en la cabeza a los representantes que, aunque sean electos, deben no despreciar las opiniones de sus representados y que, si quieren defender sus propias opiniones, debieran empezar por intentar convencer?

[7] Para visualizar la efectividad de los dragados locales y reducidos, suponed que metemos una máquina y, a lo largo de un tramo de 100 metros de río hacemos una zanja transversal de un metro de profundidad. No parece imaginable que esa poza se marque en el nivel de agua, que será muy parecido al que corresponde a la situación sin poza. Otra cosa es la posible eliminación de un obstáculo importante, como pudiera ser un puente escaso o una isleta vegetada. La eliminación de obstáculos importantes puede reducir los niveles de forma significativa.

[8] En esta ocasión, las medidas de prevención parecen haber funcionado (no ha habido víctimas directas), aunque casi con seguridad el sistema debe ser mejorable y mejorado. Pero la verdad es que es inútil referirse a esto. Cuando las medidas de prevención funcionan, nadie puede apuntarse el mérito. Incluso hay quien piensa (es el caso de las vacunas eficaces) que en su propio buen funcionamiento está su sentencia de muerte (la enfermedad casi desaparece y, por tanto, la vacuna pasa a ser considerada poco necesaria, o innecesaria, incluso).

[9] Lo expresaba con lucidez un octogenario de Pina de Ebro que, al comparar esta riada con la de 1961 (un palmo más alta que la que nos ocupa) y mientras ponía en alto sus enseres, comentaba que “entonces no había tantos aparatos, frigoríficos y todo eso, y las cosas se estropeaban menos”.  Realmente basta con observar cómo lo que era un molino de agua, con su portillón trasero para permitir la salida de los molineros en caso de riadas, se ha convertido en un restaurante o cómo las casetas para guardar aperos hoy tienen antena parabólica.

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Una respuesta a El Ebro lo ha vuelto a hacer. Otro año más, la riada del siglo.

  1. Luis García dijo:

    Ordenación territorial, qué usos son compatibles (y cuáles no) y en qué condiciones… en definitiva, limitar usos. Pero un momento,… ¿limitar usos en un mundo donde el crecimiento es el objetivo supremo, la única vía para el bienestar económico y social?¿donde la libertad del mercado parece, cada vez más, la única faceta relevante para la libertad con mayúsculas? Un restaurante genera más PIB que un modesto molino harinero, y el propietario del tal molino nos beneficia a todos haciendo el uso económicamente más rentable de su propiedad… y así vamos.

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