Yo soy antihospitalario. Alegato por las vacunas (1 de 3)

Portada del folleto que Médicos Sin Fronteras dedicaba recientemente a las vacunas. Merece mucho la pena. Puedes acceder aquí.

Portada del folleto que Médicos Sin Fronteras dedicaba recientemente a las vacunas. Merece mucho la pena. Puedes acceder aquí.

En la entrada inmediata anterior de esta serie (Yo soy antihospitalario. El idolatrado medicamento) expresábamos cómo no es posible, razonablemente, atribuir al uso de medicamentos (o, al menos, atribuyéndoles la mayor parte del éxito) la apreciable extensión de la esperanza de vida que se ha producido en los últimos 100 años, a la vez que dejábamos para otra posterior el hablar de las vacunas y, más específicamente, de las de la viruela y de la polio.

¿Qué tienen de particular las vacunas?

Unas cuantas cosas:

  • Forman parte del sistema de prevención, no de los de tratamiento y de curación. Serían parte de ese paradigma que todos repetimos como un mantra: “más vale prevenir que curar”.
  • En ese carácter de herramienta de prevención radica parte de su debilidad: cuando son efectivas, no se percibe su necesidad. Evitan el problema que, por tanto, pierde relevancia; ya no es noticia
  • Al menos las de siempre, las que están incluidas en el calendario de los países ricos, no necesitan de una gran parafernalia para ser administradas. Desde luego no se asocian a la institución hospitalaria ni a otras grandes instituciones.
  • Al menos las tradicionales, son muy baratas. De acuerdo con los datos de Médicos Sin Fronteras (MSF), en 2001, por prácticamente un euro, UNICEF tenía acceso, para su aplicación en países con ingresos bajos, al paquete básico de vacunación, que incluía, entonces, las vacunas contra la tuberculosis, la polio y el sarampión (OPV) y la vacuna trivalente (contra difteria, tétanos y tosferina). Por menos de un euro, protección de por vida. [i]
  • Lo bajo del precio hace que las vacunas tradicionales no sean “el” objeto del deseo” de las grandes farmacéuticas, que se están aplicando en la búsqueda de nuevas vías de negocio.
  • No obstante, la situación ha empeorado apreciablemente en los últimos tiempos, hasta el punto que, como denuncia MSF (“La mejor vacuna“), en los últimos 14 años el coste de vacunar completamente a un niño se ha multiplicado por 48 (de 0,67 dólares en 2001 a 45,59 en 2014), siendo el factor de 68 en el caso de una niña (de los mismos 0,67 dólares de 2001 a 45,59 dólares en 2014, por la inclusión de la vacuna contra el virus del papiloma humano).
  • En honor a la verdad, es preciso señalar que el incremento anterior es debido, en parte, a que se han incluido en el paquete básico vacunas nuevas, pero también a que se valoran a mayor precio (con la disculpa de la mayor complejidad). Hoy se incluyen, además de las que ya estaban en 2001 (la contra la polio ha pasado a ser la inactivada), las vacunas frente a la rubeola, la hepatitis B, la Hib, la meningitis neumocóquica, el rotavirus y el papiloma humano,
  • Pese al incremento desmedido, y comparativamente con otras ramas de la industria farmacéutica (ver por ejemplo, la entrada “Un paréntesis dedicado a los afectados por la hepatitis C“), las vacunas siguen siendo lo más accesible de la sanidad pública.
  • De hecho, al ser el precio al que puede acceder UNICEF muy inferior al de mercado, en términos relativos, en cualquiera de los países (sea USA o alguno de los países de menos ingresos, el gasto en vacunación, incluyendo todas las dosis necesarias para el paquete básico, representa destinar aproximadamente un 0,02% de la renta per cápita a lo largo de toda la vida. [ii]
  • Téngase en cuenta que el hecho de ser las vacunas lo más accesible no implica que sea accesible; quizá sólo que sea lo que está más próximo a ser accesible. De ahí la campaña que está llevando MSF para conseguir que la industria farmacéutica rebaje sustancialmente sus precios, que en absoluto están justificados. Sobre los beneficios desmedidos de la industria farmacéutica puedes ver , por ejemplo, este video.
  • La situación es tan clara que incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos aparentemente y quizá por primera vez, (ver, por ejemplo, este enlace) ha tomado partido, reclamando de la industria farmacéutica vacunas asequibles y más transparencia en los precios y está alertando de la “inequidad” entre países, cada vez mayor, porque hay algunos que carecen de ingresos para llevar la vacunación universal a toda su población.
  • Desde otro punto de vista completamente distinto, las vacunas, cuando están conseguidas, han demostrado en la práctica una gran efectividad. Como ejemplo se incluye en el gráfico adjunto la evolución histórica de la incidencia del sarampión en la población USA [iii].

Morbilidad sarampion USA v1

  • Aunque, como expresábamos en una entrada anterior (El idolatrado medicamento) no puede considerarse a la vacuna como responsable del gran descenso de la mortalidad a lo largo del siglo XX, es difícil poner en cuestión la efectividad de las campañas intensivas de vacunación, al menos en cuanto a la reducción de la prevalencia.
  • Pese a todo, lo anterior no está exento de polémica, como se pone de manifiesto en todo el mundo rico con una cierta regularidad (la polémica de la vacuna contra el sarampión en España es un ejemplo, por no hablar del reciente caso de difteria aparecido en Olot, después de 30 años).
  • Y esto introduce una particularidad más de las vacunas: forman parte de un enfoque colectivo de la salud; se integran en la sanidad pública en contraposición a los enfoques individuales, típicos de la sanidad privada.
  • Basta pensar en que un solo vacunado en una sociedad sin vacunación no sería completamente inmune (necesitaría el imposible de una vacuna 100% efectiva) mientras que un solo no vacunado en una sociedad que si lo está estaría protegido por lo que se llama protección de grupo. No estaría en riesgo por no existir vía por la que le pudiera llegar la infección.
  • Negarse a la vacunación en general viene a ser algo así como decir: “vacunaos vosotros, que me protegeréis a mí y yo me ahorro las molestias (y, si es que existe, el pequeño riesgo que se asocia a las vacunas probadas) y me puedo permitir el lujo de no tener miedo”.
  • Es una situación a la que caracteriza bien el dicho de que sólo pueden oponerse a las vacunas, en abstracto, aquellos que nunca han vivido en un país sin acceso a ellas.
  • Es algo semejante a lo que ocurre, por ejemplo, con el calentamiento global. El planteamiento individualista de que cada uno haga lo que más le interese personalmente nos lleva a todos a la condenación eterna, porque, lo que a mí me interesa, es que todos los demás se enfrenten al problema y que yo me quede al margen (y me ahorre el esfuerzo que conlleva).
  • Y todo lo anterior sin necesidad de ningún razonamiento, simplemente mediante la introducción de la duda abstracta, del mismo modo que los que pretenden desacreditar la certeza del riesgo de calentamiento global lo que alimentan son dudas, dudas basadas en nada.

Y es que fundamentalmente, no podemos o, al menos, no debemos, confundir la pelea contra los beneficios ilegítimos de la industria farmacéutica con la oposición genérica a la vacunación.

Para ilustrar algunas de las afirmaciones anteriores presentaremos los casos de la viruela y de la polio, pero eso será en las siguientes partes de esta entrada, en un par de días o tres.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[i] El precio de un euro corresponde tan sólo a la vacuna en sí misma, sin considerar los costes de su administración y proviene del informe de Médicos Sin Fronteras “The right shot: Bringing down barriers to affordable andadapted vaccines (2015). Concretamente el paquete básico incluía una dosis contra la tuberculosis (BCG), tres dosis contra la polio (OPV), tres dosis de la trivalente (contra difteria, tétanos y tosferina) y dos dosis contra el sarampión.

[ii] El precio, a día de hoy y de acuerdo con los datos citados del informe de MSF citado más arriba, oscila entre unos 40 y 55 euros para los países con ingresos bajos a través de UNICEF, mientras que para el gobierno USA es de unos 1.000 US$. Se han considerado como referencia unas rentas per cápita de 53.000 y 4.000 US$ para USA y para un país de ingresos bajos y se ha extendido el coste a lo largo de toda la vida, considerando una esperanza de vida de entre 60 y 80 años. Es importante señalar que todos los precios hasta aquí indicados corresponden sólo a la vacuna como tal, sin considerar los costes de su dispensación y no olvidar que, por debajo de la renta per cápita de 4.000 US$ se sitúan un buen número de países.

[iii] De la información de la OMS: El sarampión es una enfermedad muy contagiosa y grave causada por un virus. En 1980, antes de que se generalizara el uso de la vacuna, el sarampión causaba cerca de 2,6 millones de muertes al año. A nivel mundial sigue siendo una de las principales causas de muerte en niños pequeños, a pesar de que existe una vacuna segura y eficaz. Se calcula que en 2013 murieron 145.700 personas por esta causa, la mayoría de ellas menores de 5 años. La mayoría de las muertes se deben a complicaciones del sarampión, que son más frecuentes en menores de 5 años y adultos de más de 20 años. Las más graves son la ceguera, la encefalitis (infección acompañada de edema cerebral), la diarrea grave (que puede provocar deshidratación), las infecciones del oído y las infecciones respiratorias graves, como la neumonía. Los casos graves son especialmente frecuentes en niños pequeños malnutridos, y sobre todo en los que no reciben aportes suficientes de vitamina A o cuyo sistema inmunitario se encuentra debilitado por el SIDA u otras enfermedades. En poblaciones con altos niveles de malnutrición y falta de atención sanitaria adecuada, el sarampión puede llegar a matar al 10% de los casos. La infección también puede provocar complicaciones graves en las mujeres embarazadas e incluso ser causa de aborto o parto prematuro. Quienes se recuperan del sarampión se vuelven inmunes de por vida.

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