Madrileño, ¿sabes que te “comes” casi 5.000 litros de agua al día?

Tierra de campos v1

Todo el agua de lluvia que cae en la Comunidad de Madrid no da ni para la mitad del agua que nos comemos los madrileños. Tenemos que recurrir a otras aguas, incluso de zonas no sobradas, como la Tierra de Campos. ¿Es esto sostenible?

La habilidad que tenemos los humanos para considerarnos libres de cualquier responsabilidad colectiva es ilimitada. Todo lo común es responsabilidad de los otros, sean otros ciudadanos, los gobernantes… y, lo que es más grave, esta habilidad nos impide sentirnos protagonistas de los grandes problemas, sea el cambio climático o, como vamos a tratar aquí, la escasez del agua.

Es un lugar común que la escasez de agua dulce es un problema y que va a más. Hay quien evalúa que el agua necesaria subirá en un 70% en los próximos 50 años, quien dice que la próxima gran guerra lo será por el agua [1] y, en España, no está tan lejos la polémica por el trasvase Ebro-Levante, que, visto por los ciudadanos, por los habitantes de las ciudades, no dejaba de ser un conflicto entre agricultores o entre ecologistas y agricultores. Los madrileños, por ejemplo, no teníamos nada que ver en el asunto. En el fondo, mi consumo de agua es despreciable frente al de los otros.

La primera sorpresa está directamente en la factura. Yo consumo, en mi vivienda, que es absolutamente normal, unos 100 litros al día (200 litros entre dos personas); 36.000 litros al año. No sé por qué, pero todo el mundo considera que eso es imposible, que es una exageración [2]. Veamos el detalle.

Según el Canal de Isabel II (CYII), proveedor del agua a Madrid, el consumo diario en una vivienda media se reparte como se presenta en la figura,  en la que se refleja el consumo por vivienda y día

Distribución del consumo de agua V1

Reparto del consumo medio diario en una vivienda normal en Madrid. Fuente: Cuaderno nº 4 de I+D+i del CYII

Por ejemplo, en una vivienda media, cada uno de sus algo más de tres habitantes usa la cisterna entre tres y cuatro veces al día, desaguando alrededor de 6 litros cada vez. Más de 60 litros al día en total [3].

Individualmente no es mucho, pero los madrileños sí somos muchos. Entre los seis millones y medio que vivimos en Madrid, en nuestra vivienda, a unos 110 litros por persona y día, consumimos unos 260 millones de metros cúbicos (o 260 miles de millones de litros, que parece más). Esto ya no es tan poco.

Sigamos, porque, además de lo que consumimos en casa, está lo que gastamos en el trabajo, en los lugares de ocio… y lo que gastamos en común (baldeo de calles, riego de jardines…) así como lo que usan las industrias que toman de la red. En resumen, directamente de la memoria del CYII, el Canal ha servido 500 millones de metros cúbicos en 2014 , que equivalen a unos 220 litros por persona y día.

Expresado así ya resulta un valor considerable, aunque, en términos relativos, sigue siendo modesto. En España, según las cuentas oficiales del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, el consumo total de agua en España en 2012 fue de algo más de veinte mil millones de metros cúbicos, de los que se nos fueron en regadío un 78% (en usos domésticos unos 2.400 millones, lo que representa un 12% del total, aunque esto depende un poco de qué se incluya en la definición: servicios municipales si/no, usos comerciales…)

Un 12% es poco pero ya es algo. El problema radica en que, realmente, el resto también lo consumimos nosotros. No es algo que otros utilicen como objeto económico, que también, sino que, nosotros, realmente, el agua no sólo la bebemos; también la comemos.

Para seguir, interesa hacer una pausa y presentar un par de conceptos relativamente recientes que permiten entender el consumo de agua: los de agua virtual y de huella hídrica.

Agua virtual, (pese al nombre, es absolutamente real) es el agua que se utiliza para obtener un producto del que, finamente no forma parte. Por ejemplo, cuando compramos unos vaqueros, compramos un producto sólido, pero que ha necesitado de agua (y mucha) para su producción. Esta agua utilizada es el agua virtual de los vaqueros.

Simplemente para que seamos conscientes de lo que algunos de los productos que usamos habitualmente representan en términos de agua, en la tabla que sigue se recoge el agua virtual que corresponde a algunos productos concretos (debe tenerse presente que se trata de valores medios, ya que, evidentemente, es función del lugar y de las condiciones en que se trabaje; los presentados proceden de Hoekstra y Chapagain 2007 y de Waterfootprint).

Agua virtual de productos V1

Que, ¿nos tomamos una hamburguesas y unas cervezas? No sé si vamos a poder, porque yo sólo tengo crédito por cinco mil litros de agua…

Por su parte, la huella hídrica de una actividad, o de una zona, es el total de agua virtual de esa actividad, o región, sea en producción o en consumo.

Se distinguen tres tipos de agua virtual, definidos por colores: azul, verde y gris, pero a efectos de esta entrada nos referiremos exclusivamente al conjunto de las dos primeras, al valor suma de agua azul y verde (no tomamos en cuenta el efecto de la contaminación). [4].

Pues bien, hace ya unos años, en uno de los cuadernos de I+D+i del CYII (Cuaderno nº 5) se presentaba una evaluación de la huella hídrica en la Comunidad de Madrid. Los resultados que ofrece son verdaderamente expresivos.

Por ejemplo, cada madrileño consumimos al año un total de un millón setecientos mil litros de agua, que se distribuyen, en grandes conceptos, tal y como se refleja en la figura (los valores numéricos corresponden a miles de litros, esto es, a metros cúbicos).

Balance agua CAM V1

Huella hídrica de la Comunidad de Madrid por persona y expresada en miles de litros por año

Creo que a todos sorprende que lo que consideramos agua (agua servida por el CYII y, todo lo más, agua mineral) tenga una incidencia casi testimonial en el total, que está condicionado absolutamente por las carnes, los lácteos y huevos y las mantequillas y aceites.

Pero hay más. Haciendo el balance de los productos de los que nos servimos y teniendo en cuenta su procedencia, resulta que casi el 90% del agua que consumimos procede de fuera de la Comunidad de Madrid (mil quinientos metros cúbicos del total de mil setecientos que consumimos cada habitante de Madrid). Madrid, desde el punto de vista del agua, es absolutamente dependiente de sus vecinos (cercanos o lejanos)y, por tanto, vulnerable.

Por tanto, seamos serios y cuando oigamos hablar de la guerra del agua, de los conflictos a ella asociados o de otros asuntos similares, por favor, no nos pongamos de perfil, que nosotros formamos parte de los protagonistas de la función. Que nuestro comportamiento condiciona completamente el consumo de agua y esto no sólo en nuestro territorio.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Una referencia entre mil puede ser esta referida a las tensiones casi continuas que se asocian a los usos de las aguas del Nilo

[2] Hace no mucho tiempo, tres miembros de ONGAWA vivieron durante tres semanas con 50 litros de agua por persona y día. En este enlace puedes acceder al relato de su experiencia.

[3] Las viviendas monitorizadas, en su mayor parte, ya tienen incorporadas cisternas de “bajo consumo”

[4] Agua verde es la que proviene directamente de la lluvia, el agua azul es la dulce que se toma mediante captación superficial o subterránea. El agua gris intenta representar la que se inutiliza por la contaminación causada por la actividad (o en la región) y se determina como el volumen de agua dulce que es necesaria para asimilar la carga de contaminantes, llegando a estándares existentes de calidad ambiental del agua. En la entrada no consideramos el agua gris, no porque carezca de interés, sino por ser su definición más cuestionada y necesitar del establecimiento de los estándares, lo que hace que los valores utilizables sean menos robustos.

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