No te hagas el inocente. El consumo global de agua depende de tu dieta

La habilidad que tenemos los humanos para considerarnos libres de cualquier responsabilidad colectiva es inconmensurable. Todo lo común es responsabilidad de los otros, sean otros ciudadanos, sean los gobernantes… y, lo que es más grave, esta habilidad nos impide sentirnos implicados en los grandes problemas, sea el cambio climático o, como vamos a tratar aquí, la escasez del agua”.

Este párrafo está tomado de la entrada “Madrileño, ¿sabes que te “comes” casi 5.000 litros de agua al día?”, en la que exponíamos cómo, realmente, somos nosotros los que consumimos todo el agua que se consume, que es escaso y que se nos acaba. Y está reproducida porque hoy volvemos a incidir en el tema, aunque desde una aproximación distinta. 

Veíamos en la entrada citada cómo una gran parte del consumo de agua es utilizado no tanto para beber como para obtener los alimentos que incluimos en nuestra dieta.

Del mismo modo que hay una huella del carbono, que mide el consumo de carbono en todo el ciclo de una producción, existe una huella del agua, que mide lo mismo pero referido al agua y hay quien lo ha estimado. Depende del clima, de la calidad de la tierra, etc.

El agua consumida engloba agua de distintas características: una parte es agua de lluvia que las plantas captan directamente a partir de las precipitaciones (agua verde), otra es la que proviene de ríos y similares a través del riego (azul) y, por fin, una tercera es la que se inutiliza por causa de nuestros vertidos, la de dilución (agua gris).

En relación con España, que comparte zona climática con el resto del sur de Europa, tres autores [1] han estimado cuál es el consumo de agua que se asocia, por persona, a la dieta que seguimos (el grupo estudiado incluye, además de a España, a Portugal, Italia, Eslovenia, Croacia, Grecia, Malta y Chipre).

Han analizado dos dietas [2]: una, como referencia y como no puede ser de otro modo, la dieta que actualmente seguimos en esta nuestra forma de vida y la otra, la que pudiera ser una dieta saludable, montada alrededor de la dieta mediterránea. A esta dieta se le ha exigido cumplir los requisitos de aportar tanto la energía (2.200 kcal/día) como las proteínas (65 g/día) necesarias.

Consumo diario de agua, en litros por persona, asociados a la producción de los alimentos que constituyen la dieta actual en España y a los que podrían constituir la dieta mediterránes. Fuente: elaboración propia a partir de datos de “Potential water saving through changes in European diets”. Vanhama, Hoekstra y Bidoglioa (2013)

El resultado del análisis es el que se refleja en el gráfico, en el que, en primer lugar, se aprecia cuán grande es el consumo. El agua que cada uno de nosotros comemos, cada día, está en el entorno de los cinco mil litros  (y, por tanto, en el entorno de dos millones de litros al año).

Pero, además, el gráfico también muestra cómo la dieta alimentaria que adoptemos tiene un efecto crucial en nuestra huella hídrica (en el consumo global de agua), hasta el punto que un cambio de dieta, respetando las necesidades alimentarias y la idiosincrasia del país (hablamos de seguir la dieta mediterránea) puede llegar a conseguir una reducción de del orden del 30% en el consumo total de agua (si se adoptase una dieta vegetariana la reducción sería aún mayor: superaría el 40% de reducción, según los mismos autores), siendo el porcentaje de reducción semejante para todos los tipos de agua.

¿Cómo puede ser esto?

En gráfico que sigue se refleja la composición actual de nuestra dieta y cuál podría ser si aplicásemos criterios “más saludables”, si adoptásemos la tan publicitada dieta mediterránea.

Consumo de agua en el sur de europa fig 2 v1

Composición de las dietas consideradas en el estudio (actual y mediterránea), expresadas en consumo de alimentos por tipo, en kg/año y persona. Fuente: elaboración propia a partir de datos de “Potential water saving through changes in European diets”. Vanhama, Hoekstra y Bidoglioa (2013)

Y en el gráfico está la respuesta: fundamentalmente el cambio es debido a la reducción planteada del consumo de carne y pescado (reducción, que no anulación, que la dieta recomendada incluye 200 g semanales de carne y otros tantos de pescado, pero reducción sustancial, desde 70 a 21 kilogramos por persona y año, incluyendo carne y pescado). También inciden, aunque bastante menos, las reducciones en bebidas alcohólicas, de las grasas y aceites y de los lácteos. [3]

Un estudio posterior [4] de dos de los autores anteriores precisa los valores algo más, presentando ya resultados específicos para España. Aun cuando la reducción porcentual que se asocia al cambio de dieta se mantiene en el 30%, los valores absolutos son algo más altos: 6.300 y 4.400 litros por persona y día para las dietas actual y saludable respectivamente.

Y para poner en contexto nada mejor que recordar aquí, desde el punto de vista de la producción, que la huella hídrica en España es de 3.800 litros por persona y día. El agua del que disponemos es sólo esa y el resto debemos, de alguna manera, “importarla”.

Y esto permite también introducir otro factor que también depende de nosotros y que no hemos considerado en todo lo anterior. Es el relativo a cómo consumir frutas y verduras de temporada podría conducir a una reducción importante del consumo de agua, especialmente de agua azul.

¿Trasvases? ¿Desaladoras? ¿Y si probamos a incidir, también, en un parámetro básico, como es el del consumo? Actualmente nuestra incidencia en la vida pública puede llegar tan lejos como queramos, siempre y cuando lo queramos realmente y pongamos los medios para ello. Hoy, nuestro papel ya no es sólo el de productores, el de ser fuerza de trabajo, y merece la pena profundizar en otros, como, por ejemplo, el de consumidores, probablemente organizados.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] “Potential water saving through changes in European diets”. Vanhama, Hoekstra y Bidoglioa (2013). http://waterfootprint.org/media/downloads/Vanham-et-al-2013_1_1.pdf

[2] Realmente han analizado también una tercera dieta, que denominan “vegetariana”. En el texto no nos referimos a esta para evitar posibles polémicas ajenas al objeto del escrito,  por cuanto hay quien considera dudoso que la dieta planteada pueda responder a las necesidades alimenticias completas de las personas

[3] La ausencia de pescado en la dieta saludable se debe a los problemas que existen en su estimación, al no estar publicada todavía la huella hídrica para este alimento. Siendo conservadores, la huella hídrica de la dieta saludable, de la dieta mediterránea, sí incluye la ingesta de energía y proteínas de pescado (sustituida por carne), pero, en la dieta de referencia, la actual ingesta de pescado (y mariscos) no está representada. Esto implica que la huella hídrica actual está infravalorada mientras que la de la dieta saludable está sobrevalorada, en ambos casos, ligeramente.

[4] “The water footprint of agricultural products in European river basins”.  Vanham y Bidoglio (2014). http://iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/9/6/064007

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