¿Hasta dónde queremos llegar?

Viñeta de Forges publicada en El País del 28 de febrero de 2015

Viñeta de Forges publicada en El País del 28 de febrero de 2015

Probablemente sea la pregunta a formular a aquellos que defienden que el crecimiento material, sin más, es algo intrínsecamente bueno. ¿Hasta dónde queréis llegar? Y aquí la formulamos aplicándola a uno de los aspectos quizá más difíciles para la negación del crecimiento, como es el de la duración de la vida. ¿Hasta dónde queremos llegar en cantidad de vida?

Nos referimos a cuál es nuestro afán último en términos de esperanza de vida, a qué esperanza de vida nos sería suficiente, teniendo en cuenta que la pregunta debe complementarse con su contraria: ¿qué estamos dispuestos a entregar a cambio?

Bien, empecemos por pensar en cómo estamos hoy. Para ello nos apoyamos en un gráfico derivado de datos de la Organización Mundial de la Salud (WHO) [1]

Recorrido vital España y Mozambique v2

Llegados vivos por cada 100.000 nacidos en España y Mozambique. Fuente: elaboración propia a partir de datos de la WHO para España y Mozambique

En el gráfico aparecen dos grupos de tres curvas que reflejan, cada una de las curvas, la evolución de las personas que, de las 100.000 supuestas como nacidas, se mantendrían vivas a cada edad. Un grupo corresponde a un país de ingresos bajos (Mozambique) y otro a un país rico (España). De las tres curvas de cada grupo, la inferior corresponde al año 1990, la intermedia a 2000 y la superior a 2012. [2]

Quizá sea más claro expresar lo anterior como que cada una de las curvas refleja el recorrido vital de un conjunto de 100.000 personas que hubieran nacido a la vez en el año a que corresponde la curva e indica cuantas de esas personas llegan vivas a cada edad. Así por ejemplo, en Mozambique y en el año 2012 indicaría que, de 100.000 nacidos ese año, llegarían vivas aproximadamente 80.000 a los 30 años (en 2042).

¿Qué dicen las curvas? En el caso de Mozambique, que muchísimas personas no superarán las primeras etapas de la vida, que la situación está mejorando en estos últimos años y que esta mejora aplica, esencialmente, a niños y jóvenes, de forma que hoy llegan a los 20 o 30 años unas 17.000 personas más (de cada 100.000) que dos décadas atrás (un 17%). [3]

La situación española es muchísimo mejor y aquí también se han ido produciendo mejoras, aunque mucho menos acusadas y afectando casi exclusivamente a la parte final de las curvas (a las edades altas). Hoy ya, de cada 100.000 personas que nazcan, 90.000 llegarán a los 65 años.

Vistas ambas situaciones a la vez, es casi inevitable la comparación entre países ricos y pobres y apreciar cuán grande es la desigualdad. Más allá de la diferencia en términos puramente económicos, es insoportable que el nacer en un sitio u otro lleve acarreado un recorrido vital tan diferente. Por favor, mira otra vez las curvas y piensa un momento si se puede soportar vivir en un mundo que permite, indiferente, esas diferencias.

También resalta lo engañosas que pueden ser algunas expresiones  “exculpatorias” que se centran en que los países pobres están mejorando más rápidamente que los ricos. Sólo faltaría…

En esta situación, ¿cómo contestar al “hasta dónde queremos llegar en cantidad de vida” que planteábamos al comienzo? En Mozambique, en los países pobres, quizá no podamos definir el final, el “hasta dónde”, pero es muy claro el camino a corto y medio plazo. Si tomamos como referencia la situación española, es claro que existe mucho margen para mejorar (las curvas españolas están muy alejadas, mucho más arriba), que merece la pena dedicar esfuerzos a esta, posible e indispensable, mejora de la situación y que la economía (o eso tan rimbombante que llaman el Orden Económico Mundial) debiera ponerse al servicio de ello.

¿Y en España? Como en el caso de Mozambique, en el gráfico la mejora se reflejaría mediante el desplazamiento de la curva hacia arriba y/o hacia la derecha. Hacia arriba, el margen ya es muy reducido; nuestra curva ya está muy próxima a la horizontal y, acercarse a esta, equivale a reducir ese 10% de la población del que decíamos antes que no llega a los 65 años de vida. A aproximarnos a la ausencia total de defunciones “tempranas”, Y eso quiere decir no sólo anular las muertes por enfermedad sino, también y por ejemplo, las ocurridas en accidente (incluidos los laborales), las violentas, por suicidio o asesinato y en tiempo de paz o en guerra, declarada o no… Y también, y queremos resaltarlo, las que se derivan directamente del sistema sanitario, que tratamos específicamente en la entrada “Yo soy antihospitalario. Tengo miedo”, en la mostrábamos cómo los errores del Sistema Sanitario Moderno (hospitalario y fármaco-dependiente) del que disfrutamos ya representan una de las primeras causas de muerte (la tercera en USA y quizá la quinta en España).

Siquiera marginalmente, interesa llamar la atención acerca que en toda la entrada se están contemplando los países como una unidad caracterizada por sus valores medios. La realidad es más compleja y, con seguridad, en España existen colectivos cuya situación es mucho peor a la expresada para el conjunto (a la par que existen otros en mejor situación), y a los que asiste el derecho a reclamar las mejoras que estamos cuestionando para el estado en su conjunto.

Queda la posibilidad de desplazar la curva hacia la derecha, alejando el límite, no extraordinario, de la vida mucho más allá de la centena.

Pero, ¿tenemos realmente una gran aspiración de vivir mucho más tiempo? ¿De llegar a los 200 años, por ejemplo? O, en otras palabras, ¿queremos dedicar una buena parte de nuestros recursos, de nuestro trabajo, a conseguir vivir un poco más tiempo? Honestamente, creo que es un sinsentido. Vivir peor, con más esfuerzo, para vivir algo más de tiempo. Recuérdese que ya dedicamos a nuestro Sistema Sanitario una buena parte de nuestros afanes (en la entrada “Soy antihospitalario. El irresistible crecimiento del gasto sanitario” se trata concretamente esta cuestión).

Y, por otra parte, ¿es posible “extender” la duración máxima de la vida mucho más allá de los 100 años? Hay quien defiende que no más allá del entorno de los 120, con razonamientos basados en el número máximo de particiones que admite un cromosoma [4], lo que, además, podría considerarse avalado por razonamientos más simples y primarios: Si el récord de longevidad documentada es de 122 años, en una “competición” en la que han participado, en los últimos tiempos, algunos miles de millones de personas en todo tipo de condiciones y circunstancias, ¿es lógico pensar que, sin recurrir a modificaciones genéticas, pueda pasarse de esa edad? Si es posible, ¿por qué no ha ocurrido nunca entre miles de millones de “intentos”?

¿Entonces? ¿Piensas que es razonable dedicar grandes esfuerzos a intentar crecer en términos de años de vida en España? ¿no te parece más gratificante dedicarlos a reducir la desigualdad entre países?

Es cierto que hay quien defiende que el margen de mejora en los países ricos (“el reto actual” suelen denominarlo) pudiera situarse hoy no tanto en reducir la mortalidad como en conseguir vivir mejor, sin enfermedades, pero a esto, que se sale del objeto de esta entrada, quizá le dediquemos otra próxima, dando vueltas a si vivir “bien” es compatible con unas desigualdades tan escandalosas como las actuales.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] http://apps.who.int/gho/data/view.main.62210 y http://apps.who.int/gho/data/view.main.61120 para España y Mozambique, respectivamente

[2] El proceso seguido para llegar a las gráficas ha consistido en obtener la población que llega a un año determinado restando a la población que había llegado al año anterior las defunciones que corresponden a esa edad, calculadas en función del ratio de mortalidad actual. El número de recién nacidos es 100.000 y, evidentemente, la pirámide poblacional que pudiera considerarse que se deduce de los gráficos no tiene ninguna relación con la real actual

[3] Es preciso recordar aquí que Mozambique, como muchas de las naciones africanas, ha sido escenario en tiempos recientes de guerras largas y cruentas. Entre 1964 y 1975 tuvo lugar la guerra por la independencia, frente a Portugal, acabada la cual apenas existieron un par de años de paz; en 1977 se desencadenó una guerra civil que duró hasta 1992. Es indudable que estos periodos han tenido una apreciable influencia en todos los aspectos vitales de la población

[4] Por ejemplo, “La longevidad globalizada, un análisis de la esperanza de vida en España (1900-2050)”.  Peláez Herreros y Guijarro Garvi. http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2582114

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