Quizá, el mayor espectáculo del mundo

La cumbre

Dos semanas; una ciudad como París blindada; varios miles de delegados; 195 países representados oficialmente, 150 de ellos por sus máximos responsables políticos. Sin duda, uno de los grandes acontecimientos del año. Y no sólo eso, nada menos que 185 países habían presentado, antes de la inauguración, propuestas individuales de actuación para reducir sus emisiones en el periodo 2020-2030. Hablamos de la Cumbre del Clima (COP21), auspiciada por la ONU, celebrada en París y que acaba de ser clausurada.

"Skyline" de D. Benéitez Gómez. Obra expuesta en diciembre de 2015 en la Casa de Vacas del Retiro de Madrid

“Skyline” de D. Benéitez Gómez (fragmento). Obra expuesta en diciembre de 2015 en la Casa de Vacas del Retiro de Madrid

Gran expectación y tremenda cobertura mediática. Y ambas justificadas: el punto estrella del despliegue era nada menos que la consecución de un nuevo acuerdo internacional sobre el clima, aplicable a todos los países, con el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 2 ⁰C respecto a los niveles de la época pre-industrial. Como referencia es bueno considerar que, a día de hoy, ya estamos casi 1 ⁰C por encima de los valores de la época pre-industrial y que, si se mantiene el ritmo de emisiones de gases de efecto invernadero, sin implantar medidas de mitigación, el incremento a final de siglo se acercará a los 5 ⁰C.

El límite concreto de 2 ⁰C de incremento no busca la anulación de los impactos del calentamiento global, sino que responde a un criterio de precaución, por cuanto incrementos mayores aumentarían significativamente el riesgo de ocurrencia de cambios globales no sólo grandes sino también bruscos (el colapso de la capa de hielo del oeste de la Antártida, el deshielo rápido de Groenlandia o cambios a gran escala de los sistemas de circulación oceánica…) y estos posibles cambios podrían acarrear impactos fuera de control, como, por ejemplo, un ascenso del nivel medio del mar de más de media docena de metros (en lugar de las algunas decenas de centímetros que se producirían si esos cambios abruptos no se desencadenasen).

¿Objetivos cumplidos?

Acuerdo global ha habido, lo cual, después de las muy numerosas frustraciones anteriores, ya es una buena noticia.

Además, el texto del acuerdo [1] incluye avances concretos respecto a la situación anterior. Así, en primer lugar, y por primera vez, se establece un objetivo a alcanzar en cuanto al calentamiento global máximo, que se fija en los ya citados 2 ⁰C, con incluso una referencia a la conveniencia de bajarlo el 1,5 ⁰C [2]. También es cierto que las acciones comprometidas por los países, incluso si se cumplen, sólo conseguirían una reducción, desde los aproximadamente 5 ºC que se produciría en ausencia de medidas, a un valor entre 2,5 y 3 ⁰C [3].

Quizá por ello, el acuerdo incorpora cláusulas de transparencia [4] y revisión periódica de compromisos de cada país en cuanto a medidas de reducción de emisiones [5] y siempre al alza [6].

Además, la resolución final tiene su cierto grado de obligatoriedad en lo que se refiere a las contribuciones que se autoimponga cada país en cada momento [7], aunque no existe la misma obligatoriedad para que esas contribuciones deban ser tales que permitan alcanzar el objetivo buscado [8]. Algo es algo, pero, incluso así, es difícil de pensar que los países poderosos puedan ser obligados a hacer algo que no defienda sus intereses (baste citar, por ejemplo, la incapacidad de la ONU para imponer normas de actuación a los países más poderosos o sus aliados).

También establece la obligación de los poderosos de aportar la financiación global del acuerdo [9], si bien es cierto que la cuantificación de ese fondo necesario [10] aparece en la “Decisión”, no en el propio “Acuerdo” tal [11].

Y se habla de más temas, como son, por ejemplo, la necesidad de alcanzar en un plazo medio (lamentablemente, no corto) un “pico” en las emisiones y después llegar a un equilibrio entre emisiones y capacidad de asimilación terrestre [12] o del establecimiento de políticas de adaptación para poder hacer frente, fundamentalmente por los países con menos ingresos, a los cambios que, pese al acuerdo, se seguirán produciendo [13].

Parece que hemos llegado más allá que en ningún momento anterior. Por fin, un acuerdo.

La parafernalia que hemos montado, ¿ha merecido la pena?

Si nos atenemos a la versión oficial, y como no puede ser de otra manera, se trataría del mejor acuerdo posible, de un acuerdo en el que todos ganamos y que pone de manifiesto que la solidaridad global es posible.

Pero también cabe la posibilidad de diferenciar perspectivas. Así, a los países poderosos, a los reales organizadores de esta cumbre, les interesaba el acuerdo para mejorar la situación de sus ciudadanos, de los jóvenes que empiezan a estar en edad de votar y de las generaciones futuras y, por tanto, desde el punto de vista de esos países poderosos, el resultado es un éxito indudable. Han conseguido dar forma y legitimar un enfoque global para hacer frente, al menos hasta cierto punto, al calentamiento, también, global, Y, casualmente, este punto es el que, en gran medida, se lleva por delante  el riesgo de ocurrencia de los fenómenos a cuyas consecuencias es difícil hacer frente desde un país individual, por muy poderoso que sea. Por eso no es casual la referencia que hacíamos unos párrafos más arriba a la razón por la que se ha establecido el límite de los 2 ⁰C. Todos juntos, ricos y pobres, contra el riesgo común.

Y es evidente que ese riesgo también afecta (y con seguridad, en mayor medida) a muchos países de renta baja y que, por tanto, se beneficiarán también del acuerdo. Pero no es menos cierto que, para beneficiarse del acuerdo deberán llegar con bien al horizonte al que este se refiere. Que para que las generaciones futuras saquen los frutos que se prometen, las generaciones actuales deben poder hacer frente a las adversas condiciones que soportan actualmente, sean estas consecuencia directa del calentamiento global o no. Quizá, a estos países, que están en el límite de la supervivencia, más que el acuerdo contra el cambio climático les interesa que los países poderosos, responsables de la gran mayor parte de las emisiones, decidieran, por su propio interés, reducirlas más y más rápidamente en sus economías propias y se abriese un gran acuerdo mundial para hacer frente a la pobreza.

Si queremos hablar de solidaridad no hablemos sólo del futuro (aunque sea un futuro inmediato) y del cambio climático. Hablemos del ahora y de la situación de los más desfavorecidos. Hablemos de hambre y sed que se sufren ya, hablemos de la explotación de los recursos ajenos, hablemos del comercio desigual, hablemos de emigrantes y refugiados, hablemos de la desigualdad en cualquiera de sus formas.

En resumen, demos la bienvenida al acuerdo, pero pensemos que toca seguir trabajando. ¿Para cuándo un fondo equivalente para paliar las desigualdades y eliminar el hambre del mundo? ¿Qué ha sido del 0,7% para cooperación? [14]

[Nota final: esta entrada, en lo esencial, es consecuencia de un documento de trabajo de ONGAWA. Ingeniería para el desarrollo humano].

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] La versión en castellano del acuerdo puede ser consultada en http://unfccc.int/resource/docs/2015/cop21/spa/l09s.pdf. Es una traducción de la versión inicial en inglés que posteriormente ha sido muy ligeramente modificada (http://unfccc.int/resource/docs/2015/cop21/eng/l09r01.pdf). El único cambio de una cierta significación aparece en el punto 4 del Artículo 4, donde se sustituye un imperativo por un condicional (se sustituye el “deberán” en “Las Partes que son países desarrollados deberán seguir encabezando los esfuerzos…” por “deberían”). El resto parecen correcciones de erratas.

[2]Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5ºC con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático

[3] Esta no adaptación de las medidas propuestas al objetivo la reconoce el propio Acuerdo: “Observa con preocupación que los niveles estimados de las emisiones agregadas de gases de efecto invernadero en 2025 y 2030 resultantes de las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional no son compatibles con los escenarios de 2 ºC de menor costo

[4]Las Partes deberán rendir cuentas de sus contribuciones determinadas a nivel nacional. Al rendir cuentas de las emisiones y la absorción antropógenas correspondientes a sus contribuciones determinadas a nivel nacional, las Partes promoverán la integridad ambiental, la transparencia, la exactitud, la exhaustividad, la comparabilidad y la coherencia y velarán por que se evite el doble cómputo, de conformidad con las orientaciones que apruebe la Conferencia de las Partes en calidad de reunión de las Partes en el Acuerdo de París”.

[5]La Conferencia de las Partes en calidad de reunión de las Partes en el Acuerdo de París hará su primer balance mundial en 2023 y a partir de entonces, a menos que decida otra cosa, lo hará cada cinco años.

El resultado del balance mundial aportará información a las Partes para que actualicen y mejoren, del modo que determinen a nivel nacional, sus medidas y su apoyo de conformidad con las disposiciones pertinentes del presente Acuerdo, y para que aumenten la cooperación internacional en la acción relacionada con el clima

[6]La contribución determinada a nivel nacional sucesiva de cada Parte representará una progresión con respecto a la contribución determinada a nivel nacional que esté vigente para esa Parte y reflejará la mayor ambición posible, teniendo en cuenta sus responsabilidades comunes pero diferenciadas y sus capacidades respectivas, a la luz de las diferentes circunstancias nacionales

[7]Cada Parte deberá preparar, comunicar y mantener las sucesivas contribuciones determinadas a nivel nacional que tenga previsto efectuar

[8]Las Partes que son países desarrollados deberían seguir encabezando los esfuerzos y adoptando metas absolutas de reducción de las emisiones para el conjunto de la economía. Las Partes que son países en desarrollo deberían seguir aumentando sus esfuerzos de mitigación, y se las alienta a que, con el tiempo, adopten metas de reducción o limitación de las emisiones para el conjunto de la economía, a la luz de las diferentes circunstancias nacionales”.

El primer “deberían”, en negrita, es el que en la versión en castellano aparece como “deberán” (ver nota 1) y que se ha modificado en una revisión hecha al texto en inglés. Es el paso, para los países desarrollados, del compromiso obligatorio a la recomendación, en relación con el objetivo de los 2ºC

[9]Las Partes que son países desarrollados deberán proporcionar recursos financieros a las Partes que son países en desarrollo para prestarles asistencia tanto en la mitigación como en la adaptación, y seguir cumpliendo así sus obligaciones en virtud de la Convención”

“Se alienta a otras Partes a que presten o sigan prestando ese apoyo de manera voluntaria”

[10]Decide también que, de conformidad con el artículo 9, párrafo 3, del Acuerdo, los países desarrollados tienen la intención de mantener su actual objetivo colectivo cuantificado de movilización hasta 2025 en el contexto de una labor real de adaptación y de la transparencia en la aplicación; antes de 2025, la Conferencia de las Partes en calidad de reunión de las Partes en el Acuerdo de París establecerá un nuevo objetivo colectivo cuantificado que será como mínimo de 100.000 millones de dólares anuales, teniendo en cuenta las necesidades y prioridades de los países en desarrollo

[11] La diferencia no es baladí, ya que la decisión admite revisiones anuales

[12]las Partes se proponen lograr que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcancen su punto máximo lo antes posible, teniendo presente que los países en desarrollo tardarán más en lograrlo, y a partir de ese momento reducir rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero, de conformidad con la mejor información científica disponible, para alcanzar un equilibrio entre las emisiones antropógenas por las fuentes y la absorción antropógena por los sumideros en la segunda mitad del siglo, sobre la base de la equidad y en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza

[13]En el suministro de un mayor nivel de recursos financieros se debería buscar un equilibrio entre la adaptación y la mitigación, teniendo en cuenta las estrategias que determinen los países y las prioridades y necesidades de las Partes que son países en desarrollo, en especial de las que son particularmente vulnerables a los efectos adversos del cambio climático y tienen limitaciones importantes de capacidad, como los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo, y tomando en consideración la necesidad de recursos públicos y a título de donación para la labor de adaptación”.

[14] Como referencia es bueno señalar que el fondo de los 100.000 millones de dólares que se asocian a la cumbre representan aproximadamente el 0,2% del PIB del conjunto de los países de ingresos altos (según las estadísticas del Banco Mundial)

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