Otro año que se nos va sin haber hecho los deberes

O sí. O algunos sí y otros no… Y en este blog, ¿qué hemos hecho?

En nuestras calles vuelve a escucharse el viejo grito. ¡No a la guerra! ¡No en nuestro nombre! ("Los tenderos", palabras de Agraz sobre fragmento de "El grito" de Munch)

En este año ha vuelto a escucharse en el viejo grito. ¡No a la guerra! ¡No en nuestro nombre! (“Los tenderos”, palabras de Agraz sobre fragmento de “El grito” de Munch). En “Las imágenes del blog

Hemos hablado de agua.

En “Aguar la fiesta del agua” hemos analizado los logros conseguidos en la carrera,  a punto de concluir, de los ODM (Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU), contraponiendo la autocomplacencia de nuestros dirigentes con la dramática situación que siguen viviendo muchos millones de personas, sin acceso seguro al agua.

Hemos recordado (“El agua, cosa de mujeres”) que, también en relación con el agua, se manifiesta la desigualdad de género y son las mujeres (y las niñas y los niños) las que tienen a su cargo, muy mayoritariamente, el acarrear el agua que necesitan los hogares, a veces durante horas.

Nos hemos referido a nuestro entorno más próximo, señalando cómo realmente somos nosotros los que consumimos el agua de que disponemos y que sabemos limitada (“Madrileño, ¿sabes que te “comes” casi 5.000 litros de agua al día?”) y que, por tanto, tenemos nuestra parte de responsabilidad en el balance hídrico global (“No te hagas el inocente. El consumo global de agua depende de tu dieta”).

En una digresión puntual, hemos entrado en el debate acerca de la posible creación de un banco del agua para conseguir financiación para medidas sociales y que se presentó en el contexto de las últimas elecciones autonómicas (“Banco del Agua. También agua ¿o sólo Banco?”).

También puede considerarse una digresión “El Ebro lo ha vuelto a hacer. Otro año más, la riada del siglo”, escrita en defensa del Ebro. La riada de la que se habla tuvo la mala ocurrencia de producirse inmediatamente antes de las elecciones municipales y autonómicas, por lo que nuestros dirigentes políticos decidieron que era necesario demostrar que actuaban. Como consecuencia, sin encomendarse ni a dios ni al diablo, metieron las máquinas el río y salga el sol por Antequera.

El dúo de baile que forman el agua y la energía es el tema  de “La desalación. ¿Parte de la solución o parte del problema?”, que expresa cómo los intentos de aumentar la disponibilidad de agua llevan asociado un incremento en el uso de una energía, de la que tampoco disponemos.

También hemos hablado de energía.

En ¿A cuánto va el kilo de renovable?”, se expone y justifica la tesis de las energías renovables son, a la vez, indispensables y caras. La justificación se apoya en la experiencia “todo renovable” instaurada en la isla de El Hierro.

Las cuestiones de la pobreza energética y de las emergencias habitacionales han sido objeto de “En Cataluña pasan cosas…” y “La pobreza energética mata mucho”. Esta última concluye que “la pobreza energética es responsable, por término medio y por las bajas temperaturas en la vivienda, de unas 7.000 muertes al año en España, más de cuatro veces los fallecimientos que podría provocar la ingesta de carne procesada”.

Y, hablando de energía y  de crecimiento, sería un pecado no tocar hacerlo de la reciente Cumbre del Clima de París. En “Quizá, el mayor espectáculo del mundo” se argumenta que el acuerdo final de la Cumbre se entiende mejor como un intento de que el mundo contribuya al bienestar de los países ricos y al status quo que como una defensa colectiva de la madre tierra, avalada por aquellos.

También el crecimiento y sus miserias aparecen sistemáticamente en el blog.

¿Nos tomamos en serio el crecimiento que nos prometen?” se pregunta si sería posible pensar en que la historia pasada de crecimiento se repitiese, a lo que responde que quizá sí, pero sólo durante un periodo muy corto de tiempo, siempre a costa de nuestro sufrimiento y que lo acabaríamos pagando con creces más pronto que tarde.

Este año, con “La clausura”, ha concluido la serie, “yo soy antihospitalario”, compuesta por nueve entradas. Expone que, para cualquier entidad o sistema, se cumple que, si llega a crecer más allá de un determinado umbral crítico, se escapa del control social y genera, a nivel colectivo, más problemas que los que resuelve. Utiliza para la exposición el caso concreto del sistema sanitario moderno (hospitalario y farmacológico) como paradigma de sistema para el que los ciudadanos, al detectar fallos, exigimos su crecimiento (no su mejora) y que parece haber ya superado, en el mundo occidental, la dimensión humana.

Para evitar malos entendidos, la serie incluye un “Alegato por las vacunas”, por cuanto las vacunas forman parte de un enfoque colectivo de la salud y se integran en la sanidad pública en contraposición a los enfoques individuales, típicos de la sanidad privada. Incorpora referencias específicas a la las vacunas contra “La viruela” y contra “La parálisis infantil”.

Un paso más allá va ¿Hasta dónde queremos llegar?”, que pone en cuestión la ambición desmedida de prolongar la duración de la vida que nos puede llevar a tener que transigir, por ejemplo, con  tener que trabajar más y en peores condiciones.

Y la desigualdad es la otra cara del crecimiento.

De ello trata “Esperanza de vida y energía”. Es un sarcasmo cruel que, como consecuencia de la menor esperanza de vida de los habitantes de países con ingresos bajos, a nosotros, a los países del norte, nos duren más las reservas energéticas. Los años de vida que ellos pierden nosotros, consciente o inconscientemente, los convertimos en reservas de energía (para nosotros).

La economía no puede faltar. La preponderancia del sistema económico sobre las personas es la causa de la pretendida necesidad del crecimiento permanente.

Algunos dogmas de la religión económica” revisa algunos conceptos económicos fundamentales que, pese a ser pura ideología, son aceptados más como inmutables. Habla de lo que se esconde detrás de la aceptación del precio como indicador del valor de los bienes, del Producto Interior Bruto (PIB), de la Productividad y de lo que llaman Actividades de alto valor añadido.

Los mercados, la absoluta falsedad de su pretendida objetividad y la obviedad de que no son los mercados no hablan, sino que lo hacen son los que mandan en los mercados, es el tema de “Porque los mercados nos dicen… Pero, ¿los mercados hablan?” (entrada específica para el mercado del petróleo) y “Porque los mercados nos dicen… ¿Y quiénes son los mercados para mandar?” (entrada dedicada a la bolsa y al mercado financiero, a los mercados de alimentos y de medicamentos, y, en general, a los que se refieren a las cosas que realmente importan).

La actualidad (relativa) ha tenido un pequeño espacio.

Cosas publicadas que quizá se te hayan escapado” incluye apuntes breves sobre el encierro de enfermos de hepatitis C en un hospital como medida de autodefensa o sobre los recortes en servicios sociales, por ejemplo.

Y la emigración.

El año se ha completado con una entrada que nunca hubiera debido tener que aparecer  (“A modo de réquiem por un cualquiera”). Empieza así: “Ochocientos muertos, ahogados, en el Mediterráneo. Ochocientos muertos más, la sonrisa de un capitán tras su rescate (el suyo) y el gesto preocupado de un ministro por el “efecto llamada”. Ochocientos emigrantes muertos. ¿O debiéramos decir refugiados?”. Y es que el binomio desigualdad/crecimiento explica muchas cosas.

Feliz año.

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