Decrecimiento. Y eso, ¿qué demonios es?

Días atrás, hablando un grupo de gente acerca de la posibilidad de promover en el barrio una tertulia alrededor del decrecimiento, surgió la pregunta lógica. ¿Qué es el decrecimiento? Este blog lleva la palabra en el título y ha tratado temas conexos, pero no se he enfrentado directamente con ella, así que parece que ya va siendo hora. A eso responde esta entrada.

Y, antes que nada, un aviso. No os toméis muy en serio las definiciones. Tened en cuenta lo que le dijo Humpty Dumpty a Alicia (“Alicia a través del espejo”, de L. Carrol):

“…/… Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.

-La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

-La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda…, eso es todo”.

Integral n30 año 1982

Tomada del número 30 (año 1982) de la revista Integral

Sin pretender pontificar, creo que el decrecimiento es, a la vez, una ideología y un proyecto. Ideología porque cae de lleno en la acepción 2 de la RAE: “Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.” pero, además es, indudablemente, un proyecto, ya que no pretende quedarse ahí, en el mundo de las ideas, sino que pretende trascenderlas para buscar un fin (según la RAE una acepción de “proyecto” es el “designio o pensamiento de ejecutar algo”).

Por supuesto que no es una receta ni, mucho menos, un destino final. Sólo un camino que debemos hacer, intentando alcanzar eso tan indefinido del bienestar humano, de todos los humanos. Nadie piensa en decrecer indefinidamente (hasta llegar al cero absoluto), aunque sí parece que algunos piensan (y quieren que pensemos) en crecer en todo momento y para siempre.

Al ser un camino, sólo puede entenderse como algo que se plantea en un momento concreto. Responde al aquí y ahora y no puede ser entendido igual en otros momentos (si miramos al pasado, el hablar de decrecimiento antes del despegue de la revolución industrial hubiese sido algo difícil de imaginar). Es significativo que, en algunos ámbitos y en lugar de “decrecimiento“, se hable de “des-crecimiento”, en el sentido de decrecer lo que hemos crecido de más. Cuando no se había crecido (mucho) de más no tenía sentido des-crecer. En palabras pobres, como en la época del “gran crecimiento” nos hemos pasado de frenada, ahora estamos condenados a dar marcha atrás y pasarnos un tiempo des-creciendo, hasta alcanzar un equilibrio que nos sea (a todos o la muy gran mayoría) satisfactorio a corto y largo plazo.

También tiene un carácter global, mundial. El decrecimiento integra en su base la finitud del mundo en que vivimos. Lo que cuestiona el decrecimiento es el crecimiento global en un mundo completamente ocupado y explotado (mejor, expoliado) y que está “globalizado”, en el que no existen alternativas a la forma de vida que impone (y “disfruta”) el norte (o los de arriba). Dicho lo anterior, el decrecimiento es (o debe ser) consciente de que la intensidad del uso de recursos se distribuye de una forma muy desigual entre las distintas poblaciones. El cómo abordar el significado del decrecimiento en el sur es una de las grandes cuestiones a las que se enfrenta el proyecto.

Hasta aquí hemos hablado exclusivamente del decrecimiento como respuesta a la finitud del mundo, a la imposibilidad de seguir creciendo indefinidamente. Sería el decrecimiento “ordenado” como alternativa al decrecimiento “explosivo” (al colapso) al que estaríamos abocados en caso contrario [0]. Si no decrecemos por las buenas, la realidad de un mundo finito nos hará decrecer por las malas.

Pero el decrecimiento no es una condena, no es la tristeza de tener que renunciar a algo (el crecimiento) que nos es querido. Es justamente lo contrario, es la toma de conciencia de que existen vías mejores de vida que la de buscar el crecimiento por el crecimiento. Es el pensar que la inmensa mayoría viviríamos mucho mejor si alejásemos de nosotros la pelea por tener más, por ganar más, por hacer más y nos atreviésemos a disfrutar de lo que tenemos, en lugar de luchar por acrecentarlo.

Y si unimos las dos visiones, la negativa de la inviabilidad del crecimiento continuo y la positiva de buscar maneras de vivir más satisfactorias, llegamos a, quizá, el lema más extendido para el movimiento: consumir (y, por tanto, producir) menos para vivir mejor.

Otra aproximación que quizá ayude a entender qué es el decrecimiento puede ser la de hablar de lo que no es, de lo que, aun estando (o pareciendo estar) relativamente próximo, queda fuera de su concepto.

En primer lugar, decrecimiento no es igual a crecimiento negativo. No es aceptar la manera actual de entender el mundo, asociada a la sociedad del crecimiento, cambiando únicamente este de signo; no es aceptar la necesidad de decrecer pero plantear como objetivo fundamental que este decrecimiento sea el mínimo indispensable. Es, por el contrario, cuestionar el mismo hecho de que el crecimiento, la economía, se sitúe en el centro de nuestras vidas, sea el sol alrededor del que giran todos nuestros afanes.

Decrecimiento tampoco es “desarrollo sostenible”, porque, aunque el decrecimiento mezcle bien con la sostenibilidad, ni esta ni el decrecimiento son compatibles con el desarrollismo. “Desarrollo sostenible” es un oxímoron [1] que habla de buscar, de manera equilibrada, el desarrollo social, el respeto ambiental y el desarrollo económico y este último concepto siempre se traduce en crecimiento, algo que el decrecimiento y la sostenibilidad niegan. El decrecimiento expresa que hoy no existe ningún desarrollo económico mundial que sea sostenible.

Y para acabar con estas negaciones, quizá la más paradójica: el decrecimiento no es, en su definición, anticapitalista pero, en mi opinión y si se une con las luchas por la autogestión y contra la estructura patriarcal, se constituiría en el frente anticapitalista, antisistema y no violento más radical que hoy puede imaginarse, lo que, quizá, sea la causa de su ausencia sistemática en los medios.

Para finalizar, tened en cuenta que lo escrito no deja de ser sólo una aproximación, sin duda parcial, por lo que la recomendación no puede ser otra que la de profundizar más allá de los límites de esta entrada. Autores hay muchos, algunos clásicos, que podrían ir desde el movimiento hippy y el mayo 68, pasando por Illich [2] o Gorz [3] y el famoso y  que, en mi opinión, ha envejecido mal “Lo pequeño es hermoso[4] hasta otros actuales, como pueden ser, por ejemplo, Latouche [5] y, en España, Taibo [6]. Para acercarse a estas ideas hasta Wikipedia puede ser útil.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[0] El tema concreto del crecimiento indefinido ha sido el objeto de algunas entradas anteriores, como, por ejemplo, “¿Nos tomamos en serio el crecimiento que nos prometen?” y “La falsedad del crecimiento continuo“.

[1] Del diccionario de la RAE. Oxímoron: Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador.

[2] Ya hacíamos referencia a ideas de Illich en las entradas “De cómo tu bici corre más que el coche más potente (y tú sin saberlo)” y “Yo soy antihospitalario. ¿Qué pasa?”

[3] También el blog se ha acercado a las ideas de Gorz, al que se cita, bajo el seudónimo de M. Bosquet en la entrada “A la vuelta de las vacaciones”.

[4]Lo pequeño es hermoso” (Schumacher). Akal, 2011 (primera edición en castellano en Blume, 1978). No conozco de la existencia de versión libre. Una aproximación a lo que expresa puede ser la contenida en  “Lo pequeño es hermoso o el oxímoron económico” (R. Martínez González).

[5] Una buena manera de aproximarse a las ideas de S. Latouche puede ser a través de la revista “Entropia”, de la que fue “socio fundador”.

[6] Puedes acceder a sus opiniones en su página “Nuevo Desorden”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Decrecimiento y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.