¿Retrete o móvil? Un dilema

movil y retrete

Sí, tú tienes acceso al móvil incluso desde el retrete, pero hay quien no

¿Retrete o móvil? Y no es una pregunta retórica a la luz de las estadísticas.

Más abajo presentamos un gráfico en el que se compara, para distintos grupos de países que cubren el mundo en su totalidad, la situación mundial en cuanto al acceso a los servicios de saneamiento mejorado [1] y de telefonía móvil [2]. Reflejan los últimos datos disponibles (2015 para el saneamiento y 2013 para los móviles).

La clasificación en “zonas” responde a la del Banco Mundial, que agrupa en una categoría a los países con ingresos altos, independientemente de su situación en el mapa [3]. A los países restantes, no incluidos en la categoría anterior, les clasifica geográficamente [4]. Cada país, por tanto, se incluye en un solo grupo, con la salvedad de los de la zona euro, todos los cuales se incluyen también entre los países de altos ingresos. Como referencia, a la derecha del gráfico se representa la población de cada uno de los grupos en 2014.

Tfno vs saneamiento V1

Comparación entre el acceso de la población al saneamiento mejorado y al teléfono móvil por niveles de ingresos de los países y dentro de los de ingresos no altos, por zonas geográficas. Elaboración propia a partir de datos del Banco Mundial (World Development Indicators): Tabla 1.3 para el acceso al saneamiento; Tabla 5.11 para el acceso al móvil y Tabla 2.1 para la población.

Pues bien, incluso teniendo en cuenta el distinto concepto a que se refieren las cifras [5] [6], parece como si hoy los ciudadanos diésemos prioridad al móvil, incluso teniendo en cuenta que es un “instrumento” muy joven y en rápido crecimiento en muchas zonas. Si hablásemos de cobertura de la red la situación sería aún más clara: la zona donde la cobertura es menor es el África Subsahariana y en 2013 ya alcanzaba el 82%.

En resumen y a grandes rasgos, los países con altos ingresos vamos sobrados (tenemos móvil y saneamiento prácticamente todos), mientras que en el resto (que habitan 5.900 de millones de personas de los 7.300 millones que hoy poblamos el planeta) es más fácil encontrar una persona con suscripción a una red  móvil que con acceso al saneamiento mejorado.

Quizá interese recordar aquí que el acceso al saneamiento, que en su versión moderna apareció en Hamburgo en 1842, es un derecho humano reconocido por la ONU [7] y su ausencia es responsable de una parte muy sustancial de morbilidad y mortalidad, sin hablar de otras consecuencias indeseables. Pues bien, pese a eso, parecemos preferir el acceso al teléfono móvil, al celular, que no existía en la práctica 20 años atrás. ¿Por qué?

Pudiera pensarse, como primera idea, que la telefonía móvil es un servicio mucho más fácil y barato. Si lo reducimos todo a precio, no parece que eso sea del todo cierto: el porcentaje del PIB que nos dejamos en comunicaciones mediante móvil es del 2,6% en los países de ingresos altos y del 1,5% en los de ingresos bajos (este último porcentaje se mueve entre el 0,9 del Sur de Asia y el 1,7 de Europa y Asia Central, Latinoamérica y Caribe y África Subsahariana) [8], lo que no es poco. Como referencia, en España el gasto total de la factura del agua doméstica representa el 0,6% del PIB, prácticamente la mitad de lo que nos dejamos en telefonía móvil (1,1%) [9] [10].

Lo anterior quizá se vea más claro si consideramos los valores absolutos. Refiriéndonos también a España, el gasto medio por hogar en telefonía móvil en el último trimestre de 2013 fue de 29,4 €/mes [11], mientras que el relativo al conjunto abastecimiento más saneamiento ascendió, en 2013, a 18,7 € (desagregado en 11,2 para el suministro y 7,6 para el saneamiento) [12].

Pero, si la causa no es esa, ¿cuál puede ser? Ciertamente cabe la posibilidad de que sea mayor la necesidad de un teléfono que la un retrete o que, al menos, así lo percibamos la mayoría de la población, influidos o no por el ambiente. En este caso, ¿en que se basa esa percepción? Cierto es que diferencias entre un móvil y un retrete las hay y muchas.

A un lado tendríamos la telefonía móvil, con todo su glamour y su imagen de modernidad, subrayada por carteles de publicidad que cubren fachadas enteras. Responde a un deseo de la población de hacer posible una mayor y ¿mejor? comunicación entre personas, a la vez que resalta lo individual frente a lo colectivo (yo soy dueño de “mi” aparato) y permite remarcar la diferencia de niveles (no es lo mismo poseer un iPad que un zapatófono). Además, es un negocio muy atractivo para los inversores, que compiten para acceder al mercado, sin necesidad de apoyo público (incluso pagan o pagarían, legal o ilegalmente, por una autorización administrativa). La inversión fija es muy pequeña (basta ver cómo se duplica o triplica la red de antenas sin pensar siquiera en un uso compartido entre compañías), con mantenimiento reducido y con las grandes posibilidades de crecimiento que les confiere el ser una tecnología nueva (el negocio inicial de voz se ha ido ampliando sucesivamente a datos, servicios audiovisuales…). Además, ha conseguido llegar a ser indispensable en el mundo económico (es inimaginable hoy día una actividad económica carente de acceso a la telefonía móvil y esto no sólo en las grandes corporaciones sino también en el mundo de los autónomos).

Al otro lado, probablemente a la izquierda, donde están los desheredados, está el alcantarillado, la posibilidad de hacer uso de un retrete. Aquí estamos hablando de hacer frente no a un deseo, sino a una verdadera necesidad, como se pone de manifiesto en las estimaciones de UNICEF (cerca de 1.000 niños mueren todos los días a causa de enfermedades diarreicas asociadas al agua potable contaminada, al saneamiento deficiente o a malas prácticas de higiene) o de la OMS (cada año hay entre 3 y 5 millones de casos de cólera que se traducen en unas 100.000–120.000 muertes) [13].

No sólo es que sea un negocio “sucio” (es hasta de mala educación hablar de ello y no creo que nadie haya visto publicidad glamourosa respecto a ello), es que no resulta atractivo para los “mercados” (inversión inicial grande y a muy largo plazo, costes de explotación y mantenimiento importantes, sin prolongación futura, sin amenaza posible de corte se servicio para garantizar el cobro de las facturas…) por una parte y, por otra, no es reclamado por ciudadanos y no es promovido por los dirigentes.

Quizá tenga que ver lo anterior con el hecho de tratarse de un empeño colectivo, en el que los beneficios no se ven a corto plazo (ciertamente, por ejemplo, conduce a una de mejora en las condiciones de vida relacionadas con la percepción de la suciedad y sus olores, pero su incidencia fundamental es en la salud, en la reducción de la mortalidad y de la morbilidad) y en el que lo que yo aporte no repercute en mí sino en la colectividad, al igual que las aportaciones de los demás repercuten en mí a través de la colectividad (como ilustración, se puede pensar en que el hecho de que un municipio depure sus aguas residuales no se traduce en beneficios directos para él sino para los que se encuentran río abajo, en un esquema que es habitual en todo lo relativo a las inversiones colectivas y, en particular,  a las relativas al medio ambiente [14]).

Y como consecuencia de esa no percepción de beneficios a corto plazo, tampoco los responsables políticos (ni siquiera donde, al menos formalmente, deben estos rendir cuentas a la ciudadanía) planteen el alcantarillado como una prioridad. En el fondo estarían promoviendo una infraestructura muerta que es preciso mantener y explotar indefinidamente, cuyos efectos serán visibles cuando ya se haya olvidado la situación previa y que no reporta al dirigente ningún voto (si acaso le hará perder algunos cuando se produzca algún fallo, lo que inevitablemente se producirá). Mejor invertir en algo que pueda ser inaugurado y que produzca un disfrute inmediato

Y esto es lo que pasa cuando no nos hacemos cargo nosotros mismos de nuestro destino y lo dejamos en manos de los mercados, de la economía (el famoso “porque los mercados nos dicen…” que usan nuestros gobernantes y del ya hemos hablado en un par de entradas anteriores [15]), que, incluso obviando la corrupción y cuestiones similares, acabamos dedicando todo nuestro esfuerzo y todo nuestro saber en hacer lo que a los dueños de los mercados conviene, que no coincide en ningún aspecto importante de la vida con los que interesa a la mayoría.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Se entiende por “saneamiento mejorado” aquel que asegura la separación higiénica de las excretas humanas del contacto humano.

[2] Se entiende por acceso a la telefonía móvil al hecho de disponer de al menos una suscripción a un servicio público de telefonía móvil que proporciona acceso a la red usando tecnología móvil. Incluye  a los abonados pos-pago y las cuentas pre-pagadas activadas (que se han utilizado durante los últimos tres meses).

[3] Considera como países con ingresos altos a aquellos cuya renta per cápita en 2014 era superior a 12.736 US$. Como referencia, en ese mismo año la renta per cápita española era muy ligeramente inferior a 30.000 US$.

[4] Por ejemplo, el grupo “África subsahariana” incluye a todos los países de esa zona con la salvedad de Guinea Ecuatorial y las Islas Seychelles, por estar estos incluidos entre los países de renta alta. A la clasificación completa de los países puede accederse aquí

[5] Las cifras relativas al saneamiento hablan de porcentaje de la población con acceso, por lo que nunca puede ser superior a 100, ya que el acceso se tiene o no se tiene, pero no se tiene dos veces, mientras que las que se refieren al acceso al móvil expresan el número de suscripciones por cada 100 habitantes, pudiendo tener una persona más de una suscripción viva a la vez.

[6] No conozco estadísticas distintas a las españolas, pero en España, de acuerdo con el del Informe anual 2014 (último publicado) de “La sociedad en Red” (Ministerio de Industria, Energía y Turismo), en el primer trimestre de 2014 el 87,8% de la población mayor de 15 añosse disponía de móvil , siendo el número de móviles en servicio (datos 2013) de 107 por cada 100 habitantes. Esto hace que se puede asociar a cada línea 1,2 contratos. Si estos datos fuesen extrapolables a nivel mundial como orden de magnitud, podría considerarse que los valores correspondientes al número de líneas por cada 100 habitantes podrían convertirse en porcentaje de personas con acceso a la telefonía móvil dividiendo por entre 1,1 y 1,3. Esto hace que el gráfico que se presenta mantenga su validez cualitativa pese a hablar de distintos conceptos.

[7] Se puede profundizar algo más en el tema en la página oficial de la Naciones Unidas “Decenio del Agua. El derecho humano al agua y al saneamiento“.

[8] Estos valores han sido establecidos a partir de los datos del Banco Mundial contenidos en la Tabla 5.11. World Development Indicators. Power and communications.

[9] Debe tenerse en cuenta que en la factura doméstica hemos incluido tanto el suministro de agua como el saneamiento y la depuración y que hemos considerado no sólo el consumo de  los hogares sino que hemos contabilizado también el importe correspondiente a actividades económicas que toman agua de las redes urbanas y a las actividades municipales.

[10] Los datos provienen del INE,  concretamente de la Encuesta sobre el Suministro y Saneamiento del Agua del año 2013, publicada en 2015. Si se considerasen tan sólo los gastos de los hogares y se dedujesen de ellos los gastos que se atribuyen al suministro de agua (dejando sólo los atribuibles directamente al saneamiento y la depuración) el gasto representaría menos del 0,2% del PIB, en lugar del 0,6% citado. Se ha preferido mantener el 0,6% por ser este un tope superior y considerar que, en el mundo rico, el acceso al saneamiento mejorado no se refiere sólo al acceso en los hogares y que el suministro de agua, parcialmente, contribuye al saneamiento.

[11] Datos extraídos de la edición 2015 del Informe anual 2014 (último publicado) de “La sociedad en Red”, del Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

[12] Los datos provienen del INE,  concretamente de la Encuesta sobre el Suministro y Saneamiento del Agua del año 2013, publicada en 2015 en cuanto al consumo medio por persona y los costes unitarios medios. Se ha considerado que el hogar medio está compuesto por 2,59 personas, de acuerdo con los datos del censo de 2011 que publica el INE.

[13] La relación entre el cólera y el saneamiento fue objeto de la entrada “Yo soy antihospitalario. El cólera, la medicina y el alcantarillado

[14] Esto se desarrolla con un cierto detalle en la entrada “¿Y quiénes son los mercados para mandar?

[15] Nos referimos a las entradas “Porque los mercados nos dicen… Pero, ¿los mercados hablan?“ y “Porque los mercados nos dicen… ¿Y quiénes son los mercados para mandar?”.

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Una respuesta a ¿Retrete o móvil? Un dilema

  1. GB dijo:

    Interesantísima reflexión. No paro de darle vueltas al asunto porque tiene muy difícil solución si no cambiamos colectivamente.
    Sigue así, espero impaciente nuevas entradas

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