El crecimiento demográfico (africano) no es el gran culpable

Cuando se habla de los límites del crecimiento, o de su equivalente, los condicionantes derivados de habitar en un mundo finito, no es nada extraño referirse, como causa última y fundamental, al crecimiento demográfico, lo que permite a los países ricos trasladar la responsabilidad a aquellas zonas del planeta en las que la población está creciendo más. Si tienes (y, por tanto, tenemos) problemas, es por la necesidad de atender a las necesidades de una población que crece [1].

La tesis de esta entrada es que, si bien es cierto que el crecimiento de la población es un asunto relevante, lo es en mucha mayor medida el crecimiento descontrolado de nuestro consumo, caracterizado, en gran medida, por el crecimiento en el uso de energía (fundamentalmente, en tiempos recientes, de combustibles fósiles).

Empecemos por el crecimiento demográfico. Todas las estadísticas dicen que hoy el crecimiento de la población mundial se apoya, muy fundamentalmente, en el de los países de menores ingresos y, especialmente, en el del África Subsahariana. Pero, ¿qué pasa si abrimos un poco el foco y miramos algo más atrás?

No existen estadísticas lejanas pero sí un buen número de estimaciones que, poco a poco, van convergiendo entre sí. Nosotros utilizamos las recogidas por Maddison [2], algunas de las cuales se sintetizan en el Gráfico 1, en el que se representa la evolución relativa de la población referida a la existente en el año 1600, a la que se asigna el valor 100 [3].

Gr 1 Evolucion poblacion v1

Gráfico 1. Evolución relativa de la población en distintas zonas con base 100 en el año 1600. Elaboración propia a partir de los datos de Maddison: “Historical Statistics of the World Economy: 1-2008 AD”.

Se representan las evoluciones que corresponden al Total Mundial, a lo que hemos llamado “Mundo Occidental” (incluye Europa Occidental y los que pueden considerarse sus “vástagos”, esto es, USA, Canadá, Australia y Nueva Zelanda), África (incluyendo tanto el Norte como la zona Subsahariana) y China, desprendiéndose de él algunas cuestiones de interés:

  • Pese a la impresión dominante, en estos últimos cuatro siglos el crecimiento de China ha sido semejante al Occidental. Los chinos son muchos pero no han crecido más.
  • África sí ha crecido algo más que Occidente, pero no mucho más [4].
  • En estas últimas décadas el ritmo de crecimiento se está ralentizando
  • La forma en que cada zona ha crecido a lo largo del tiempo es sustancialmente distinta. Mientras que Occidente ha crecido por encima del ritmo mundial hasta las últimas dos décadas, África lo ha hecho por debajo hasta ese mismo periodo. Los crecimientos se han invertido hace unos 20-25 años. China, por su parte, ha experimentado un parón de casi un siglo.

Este distinto comportamiento no es sorprendente en absoluto, ya que la tasa de crecimiento y su evolución temporal está condicionado (además de por la densidad de población sobre el territorio) por las tasa de nacimientos (influida por el acceso a sistemas de control voluntario de la natalidad) y de defunciones (asociada por el sistema sanitario) [5].

Retengamos pues que, efectivamente, África está creciendo algo más que Occidente, pero no mucho más.

Pasemos al consumo energético. Aquí ya no disponemos de estadísticas sino de los últimos años, desde, digamos, mediados del siglo pasado [6]. En ausencia de esas estadísticas,  una aproximación puede ser la que se apoya en la estimación del consumo en función de la forma de vida de cada una de las “etapas” que se han dado a lo largo de la evolución humana [7].

Podemos partir, como referencia, de la forma de vida de nuestros ancestros, antes del hallazgo del fuego; estos (hace quizá un millón de años) dependían casi completamente de la energía muscular, siendo la comida su único recurso energético.

El dominio del fuego representó el primer salto importante, apareciendo las sociedades cazadoras-recolectoras, que ya utilizaban madera para calentarse y cocinar y que empezaron a hacerse sedentarias en el 10.00 A.C. aproximadamente. En el 5.000 A.C. podría decirse que ya existían sociedades agrícolas tempranas, que ya utilizaban la energía muscular de los animales domesticados.

Las sociedades agrícolas fueron evolucionando hasta alcanzar un estadío que puede considerarse como avanzado (podría corresponder al final de la Edad Media en Europa), en el que ya se utiliza extensivamente las energía hidráulica y eólica, el carbón o el gas natural. El siguiente salto puede asociarse a la revolución industrial (la podemos situar en la segunda mitad del siglo XIX), cuando las fuentes anteriores se potencian con la generalización de los motores de vapor y de la energía eléctrica y los primeros usos del petróleo. El proceso ha seguido hasta hoy (podríamos denominar estas sociedades como industriales avanzadas), cuando se hace un uso más extendido de todos los usos energéticos, en el mayor derroche conocido (motor de explosión, transporte, refrigeración…).

Pues bien, a cada una de las formas sociales anteriores se las puede asociar un consumo energético, que es lo que se refleja en el Gráfico 2 [8].

Gr 2 Evolución consumo v1

Gráfico 2. Estimación del consumo de energía por persona y día en distintos tipos de sociedad. Fuente: ver nota [7]

En él se aprecia cómo, a lo largo de la historia, los nuevos sistemas sociales dominantes que han ido apareciendo han implicado un salto cualitativo en el consumo de energía por persona; cómo una sociedad que hoy funcionase como industrial avanzada consumiría alrededor de 10 veces más energía, por persona, que otra basada en una agricultura avanzada. Y esto sin considerar el crecimiento poblacional.

Pero, ¿cómo estamos hoy? Eso lo expresa el Gráfico 3, en el que se representa la evolución, en la época estadística, de la demanda de energía por persona en el país “dominante” (USA), en el Conjunto Mundial, en el conjunto de los países no ricos del África Subsahariaao [9] [10] y en China, por su importancia singular.

Gr 3 Consumo mundial v1

Grafico 3. Evolución reciente (en la época estadística) del consumo energético en distintas áreas mundiales. Fuente: Banco Mundial

Fácilmente se aprecia la constancia de la demanda por persona en el África Subsahariana y un comportamiento relativamente oscilante en USA [11], así como la ligera tendencia creciente que muestra el total mundial, quizá influido por el crecimiento chino de la última década.

Pero más interesante que lo anterior es, sin duda, lo que se desprende de la consideración simultánea de los gráficos 2 y 3. Hablando exclusivamente en términos de demanda energética, hoy la sociedad de los Estados Unidos correspondería a lo que hemos denominado sociedad industrial avanzada (realmente es al revés, USA es utilizada para definir cuál es la demanda que debe asociarse a esa forma de sociedad, al ser la economía hoy dominante); su demanda es de entre 200 y 250 kcal alimentarias.

Pues bien, aunque todos creamos que este nuestro mundo es un mundo industrial avanzado (lo que transmite una cierta idea de homogeneidad global), realmente la demanda mundial (alrededor de 50 kcal alimentarias) no dice eso sino que señala más bien a una sociedad situada entre una forma agrícola avanzada y otra industrial temprana.

Quizá más expresivo que lo anterior sea  comprobar cómo la demanda energética del África Subsahariana (20 kcal alimenticias) corresponde, aproximadamente, a la que hemos considerado como característica de una sociedad agrícola avanzada, es decir, el aprovechamiento energético de esta zona sería semejante al que hemos tenido en Europa al final de la Edad Media, antes de la revolución industrial.

Sí, clasificamos nuestro mundo como industrial avanzado sólo porque, exclusivamente, en la sociedad dominante (USA) se vive de una determinada manera, pero oír  eso en el campo o en cualquier ciudad africana debe sonar a afrenta, a insulto.

Y no, no parece que tengamos mucho derecho desde este mundo rico a ni siquiera sugerir que pueda haber una responsabilidad distinta a la nuestra en lo que al agotamiento de los recursos se refiere

[Como nota marginal, la demanda española, que se aproximó a las 100 kcal alimenticias por persona y día en el momento anterior a la crisis actual, hoy se sitúa en el entorno de las 75, lo que nos situaría más en las proximidades de una sociedad industrial temprana que de la industrial avanzada].

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Esto se ha reflejado, por ejemplo, en los comentarios a la entrada “Y el rey habló… y, para lo que dijo, podría haber callado

[2] Angus Maddison. “Historical Statistics of the World Economy:  1-2008 AD

[3] Realmente, el valor 100 se asigna a la media geométrica de las poblaciones existentes en los años 1500, 1600 y 1700, lo que permite suavizar posibles efectos puntuales.

[4] Si el crecimiento hubiese sido monótono, la tasa anual de crecimiento hubiese sido del 0,58% en el Mundo Occidental y del 0,71% en África. Expresado en otros términos, la población actual africana es 1,7 veces la que le correspondería si hubiese seguido el patrón europeo de crecimiento.

[5] Existe casi consenso entre demógrafos sobre la forma en que se ha producido el crecimiento histórico, caracterizado por una fase inicial estable, de crecimiento lento, a la que sigue un despegue, con tasas de crecimiento altas y en el que la tasa de defunciones se reduce, consecuencia de las mejoras en sanidad e higiene, y retornando a otra fase estable de crecimiento reducido, en la que la tasa de nacimientos se adecua a la de defunciones. Puede verse una explicación más detallada, por ejemplo, en el artículo “Evolución de la población: Características, modelos y factores de equilibrio”, escrito por Concha Camarero Bullón y publicado en la revista “Encuentros Multidisciplinares” en 2002.

[6] Una de los primeros intentos de mantener unas estadísticas relacionadas con el “Mercado” de la energía es el de la petrolera BP, que, en su primer informe  (1951) escribía “no es posible establecer la demanda mundial con la misma precisión que la producción mundial por no existir, todavía, cifras detalladas, excepto para USA“.

[7] Como fuente de los datos hemos utilizado inicialmente el libro “En la espiral de la energía. Tomo I” escrito por Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes y editado por Ecologistas en Acción (2014). En este libro se cita la referencia Simmonds, I.G. (1996): “Changing the Face of the Earth: Culture, Environment, History” (Blackwell. Oxford) a la que se refieren también otras publicaciones. Otra fuente utilizada, también indirecta, es E. Cook, “The Flow of Energy in an Industrial Society” (Scientific American, 1971), a la que también se refieren numerosas referencias posteriores. Entre estas puede ser particularmente relevante la presentación “L’energia i el canvi climàtic” (M. Marzo 2008). Los valores de la dos referencias primigenias citadas son prácticamente coincidentes, lo que hace pensar que la segunda ha bebido de la primera.

[8] La caloría alimenticia realmente es una unidad fuera de los sistemas internacionales de unidades y es usada sólo en el ámbito de la nutrición. Se corresponde directamente con una mil calorías termoquímicas, que, estas sí, han estado en algún momento en los sistemas internacionales aunque hoy han desaparecido de ellos. Por establecer una referencia, el cuerpo humano, sometido a una actividad física moderada puede consumir unas 2.750  calorías alimenticias al día, esto es, unas 2,75 kcal/día.

[9] Por ser considerados como países de altos ingresos se excluye exclusivamente a Guinea Ecuatorial y las Islas Seychelles. De acuerdo con el criterio del Banco Mundial, se consideran como países con ingresos altos a aquellos cuya renta per cápita en 2014 era superior a 12.736 US$. Como referencia, en ese mismo año la renta per cápita española era muy ligeramente inferior a 30.000 US$

[10] Aunque sólo sea como nota marginal, debe señalarse que el África Subsahariana no es la región  peor parada. Frente a su demanda casi constante de aproximadamente 20 kcal alimentarias por persona y día, la demanda energética del sur de Asía no alcanza el nivel de los 16, pese a una tendencia creciente en estos últimos 50 años.

[11] La evolución quizá refleje el cambio muy significativo de tendencia coincidente con la crisis del petróleo de 1973, así como la incidencia de las medidas de ahorro que se han ido implantando como consecuencia de ella y el efecto final de la última crisis, en que todavía nos encontramos.

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Una respuesta a El crecimiento demográfico (africano) no es el gran culpable

  1. davidcabo74 dijo:

    En efecto, esa teoría neoliberal de que “no hay en el mundo recursos para tanta gente”, apuntando con su dedo genocida a las sociedades con elevado crecimiento demográfico, cala incluso en el ciudadano más modesto. Lo que esconde ese lema es la cruda desigualdad global, intentando exculpar de su arrasadora huella ecológica a nuestra sociedad insaciable y colonizadora. El 15% más enriquecido de la población muncial es responsable de un 35% de huella ecológica sobre el planeta, mayoritariamente en déficit de biodiversidad, mientras que sólo un 14% de esa huella se debe al 37% de países con los ingresos más bajos. No hay exceso de población, sino exceso de consumo por unos cuantos, prestos a enarbolar la manida frasecita.

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