Algunas gotas de agua. (I) La sed

Esta entrada inicia una serie dedicada a “esa cosa preciosa que no tiene valor, ese elemento polimorfo que no tiene forma, esa cosa desconocida que todo el mundo conoce”,  en una especie de acertijo que parece formuló el griego Zósimo hace 2.500 años [1].

Hablamos de agua, algo que, de puro cotidiano, no nos llama la atención. Es tan vulgar como que basta con abrir un grifo para acceder a ella y, quizá por eso, no la valoramos, no nos preguntamos dónde está la fábrica que nos la sirve y la despreciamos. Nuestros economistas nos dirían, aplicando las leyes del mercado, que, dado que su precio es bajo, vale poco. Sí, a veces en los medios, aparecen noticias sobre la “guerra del agua”, pero se trata de peleas entre agricultores o políticos, que, a nosotros, nos caen muy lejos.

En el desierto jordano

Con seguridad, en ningún otro lugar está tan presente el agua como en los desiertos…

Pero el agua es algo muy serio y en su gestión nos va la vida. A modo casi de manifiesto en esta entrada, corta, y otras que la seguirán, presentamos algunos detalles, pequeños como gotas.


(I) La sed.

Empecemos por lo que significa su carencia. Y esto lo describe muy bien Saint Exupery relatando su propia experiencia de sed, consecuencia de un accidente  de aviación en el desierto de Arabia [2]:

“Sopla este viento del oeste que seca al hombre en diecinueve horas. Mi esófago todavía no se ha cerrado, pero está duro y dolorido. Adivino en él algo que raspa. Pronto comenzará esa tos, que me han descrito, y que espero. Mi lengua me molesta. Pero lo peor es que ya veo manchas brillantes. Cuando se transformen en llamas, me acostaré”.

En el desierto libio de Egipto

Pero, a la vez, la ausencia siempre está presente

Y acaba el capítulo con una expresión de agradecimiento a su salvador:

 “En cuanto a ti que no salvas, beduino de Libia, te desvanecerás, sin embargo, de mi memoria para siempre. No recordaré nunca tu rostro. Tú eres el Hombre y te me apareces con el rostro de todos los hombres a la vez. No nos has visto nunca y ya nos ha reconocido. Eres el hermano bien amado. Y a mí vez, yo te reconoceré en todos los hombres.

Te me apareces bañado en nobleza y bondad, gran Señor que tienes el poder de dar de beber”.


NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] La cita está recogida de “Atlas de agua. Los conocimientos tradicionales para combatir la desertificación” (P. Laureano), editada por Ipogea, Laia y Unesco en 2001. No existe versión libre en Intenet. http://www.iberlibro.com/buscar-libro/titulo/atlas-de-agua-los-conocimientos-tradicionales-para-combatir-la-desertificaci%F3n/autor/laureano-pietro/

[2] Traducción propia de “Tierra de hombres”, de Saint Exupery (https://www-fourier.ujf-grenoble.fr/~marin/une_autre_crypto/Livres/St-Exupery-terre.pdf). Sí, es el mismo que escribió “El principito” y muchas otras. Merece la pena.

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