¡Que vienen los chinos!

Es una de las constantes de hoy. Los chinos nos dan miedo. La culpa es de los chinos. El miedo a que vengan los chinos.

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Algunos de los chinos que, tal vez, nos invadan. Imagen tomada de internet

Casi siempre que hablamos de algo global, de algo de lo que no queremos hacernos responsables y a lo que todos deberíamos hacer frente, señalamos a los chinos. Si, por ejemplo, nos referimos a las cumbres del clima, siempre señalamos a los chinos como los malos, como los que más emiten y los que se niegan a tomar medidas (más ahora, cuando la administración estadounidense ha aceptado incorporarse a los acuerdos, con infinitas condiciones, eso sí).

Pero ocurren dos cosas. Los chinos son más (son la mayor población mundial), así sin añadidos, y, por tanto, si el mundo estuviese sólo relativamente equilibrado, debieran ser los que más en todo. La otra es que no es que vengan, es que vuelven, que ya han estado.

Empezando por esta última, en el gráfico [1] se refleja la evolución de cómo se ha distribuido el PIB [2] mundial (que, según los economistas, mide el poderío económico de los países) en tres zonas concretas: China, Europa Occidental más lo que se denomina en determinados ámbitos como sus “vástagos” (USA, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) [3] y el Resto del mundo.

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Evolución a largo plazo de la participación en el PIB mundial por muy grandes zonas

Para evitar malos entendidos señalamos que las estimaciones del PIB se expresan en dólares internacionales, lo que hace que tengan en cuenta la diferencia entre los poderes adquisitivos en las distintas zonas [4].

Dejando aparte la evolución del “Resto del mundo” por su carácter de cajón de sastre (en este grupo estarían países tan dispares como, por ejemplo, Mozambique, India, Japón y Rusia [5]), en el gráfico se aprecia cómo, desde el año 1000 y hasta 1800, la primera potencia mundial era China [6] y como, en ese mismo periodo, el mundo occidental ha ido creciendo de manera sostenida, a costa, no de China, sino del resto del mundo. En las primeras décadas del siglo XIX (hace sólo unos 200 años) es cuando se produce el gran cambio: El PIB chino se desploma (cae desde alrededor del 30% del PIB mundial a tan sólo un 5%) y el mundo occidental pasa a constituirse como potencia hegemónica y, además, a un nivel que no se había visto nunca antes (en el periodo 1900-1970, el mundo occidental, como primera potencia, acaparaba más del 50% del PIB mundial).

Más que un cambio numérico, lo que realmente se produjo hace un par de siglos fue un cambio en la forma de entender el mundo. China, aun siendo la mayor potencia, no llegó nunca a ejercer como  definidora de las formas sociales y del comercio en el resto del mundo, mientras el predominio nacido de la revolución industrial, el dominio occidental, sí.  China no quiso o no pudo (basta pensar las dificultades que tenía que encontrar la globalización en un mundo en el que las comunicaciones se movían, en el mejor de los casos, a ritmo de caballerías [7]).

Si avanzamos un poco más en el tiempo vemos cómo lo que ahora se está produciendo es una relativa recuperación del PIB chino (y quizá también, aunque en menor medida, del PIB del resto del mundo) y una caída del peso relativo del PIB del mundo occidental. A una suavización de la hecatombe anterior.

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Eso gritábamos no hace mucho en las calles de medio mundo. Imagen tomada de internet

Por otra parte, si en lugar de fijarnos en China como nación lo hiciéramos en los chinos como personas llegaríamos a la otra cuestión que señalábamos más arriba, la relativa a que los chinos son muchos. Como simple referencia baste señalar que China engloba hoy al 20% de la población mundial, frente al 11% que vive en lo que hemos llamado mundo occidental.

Esta toma en consideración de la población es lo que se hace en el gráfico siguiente, en el que se refleja la evolución de la renta per cápita [8] para las mismas zonas anteriores y expresada como porcentaje de la media mundial (a la media mundial se le asigna el valor 100 en todos el periodo).

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Evolución a largo plazo de la renta per cápita en tres muy grandes zonas, expresada en porcentaje de la media mundial

Aquí se nota como occidente, en todo el milenio pero descaradamente desde mediados del siglo XIX (la revolución industrial), ha crecido en términos de renta per cápita hasta llegar a ser casi de cuatro veces la media mundial. China, por su parte, se ha mantenido casi sistemáticamente en la media hasta el declive demediados del siglo XIX que citábamos más arriba. Ese declive ha sido tremendo, hasta el punto de llegar a reducirse su renta per cápita hasta menos de la décima parte del occidental.

Desde un punto de vista más académico o centrado en otras cuestiones, pudiera ser interesante analizar las causas del colapso chino, lo que podría conducir a hablar de la penetración comercial occidental, o del intento japonés de conquista y, también de causas internas, como el abandono de la tecnología naval y militar o la degradación de la dinastía manchú.

Pero, hayan sido las causas las que hayan sido, el hecho es que el colapso se produjo y que a lo que quizá estemos asistiendo hoy es a la recuperación china de la posición central (el representar al 20% de la población mundial ayuda). A recuperar, en unas pocas décadas, lo que había perdido en algo más de un siglo. Y es difícil rechazar esa aspiración desde nuestro mundo occidental, porque no es fácil encontrar argumentos que justifican que la primogenitura es nuestra y debe serlo para siempre.

Y lo que puede resultar interesante es pensar que lo que está pasando con China, con su crecimiento por encima del nuestro, podría pasar con el resto del mundo. Y eso querría decir que demandarían más energía, más agua, consumirían más recursos naturales, contaminarían más…

Realmente pienso que no es que debamos lamentarnos por esas demandas sino que debiéramos manifestar nuestro agradecimiento por habernos dejado disfrutar estos años de este nivel de “bienestar” basado en un consumo exacerbado. Y pensar cómo nosotros rebajamos ese consumo, para que el crecimiento del suyo no sea fatal para todos.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Elaboración propia a partir de datos de Maddison. (http://www.ggdc.net/maddison/oriindex.htm) se descargan los datos con www.ggdc.net/maddison/Historical_Statistics/horizontal-file_02-2010.xls

[2] El Producto Interior Bruto (PIB) es el valor de los bienes y servicios producidos en un año y destinados al consumo final (se excluyen, por tanto, los bienes producidos para producir otros bienes), expresados en términos monetarios. Como ya hemos señalado en alguna entrada anterior, el PIB refleja, a grandes rasgos, la producción total del país destinada al consumo final y es el indicador que los economistas usan para evaluar la riqueza de los países.

[3] Los “vástagos” reflejan aquellos territorios conquistados por las potencias occidentales y que han sido colonizados por población europea. Los considerados son los que tienen entidad poblacional hoy, que se mantienen en la órbita de lo que se llama “mundo occidental” y que cumplen los requisitos anteriores. Esta forma de agrupar permite evitar el ruido que introducen las modificaciones en las relaciones de poder en el mundo occidental y, concretamente, el cambio en la posición de primera potencia desde Gran Bretaña a USA. A nuestros efectos son USA, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

[4] El dólar internacional, también llamado dólar Geary-Khamis, es una unidad monetaria hipotética que tiene el mismo poder adquisitivo que el dólar estadounidense tiene en los Estados Unidos en un momento dado en el tiempo. Esta unidad muestra cuánto vale una unidad de una moneda local dentro de las fronteras del país. Las conversiones a dólares internacionales se calculan utilizando la “paridad del poder adquisitivo” (PPA)

[5] El incluirlo en el gráfico responde tan sólo a buscar reflejar el conjunto mundial, sin intentar el análisis pormenorizado de zonas concretas distintas de China y el Mundo Occidental.

[6] La anomalía de 1700 coincidió en China con el final de la dinastía Ming y el inicio de la Qing (manchúes), considerados como invasores. La toma del poder manchú fue rápida en el norte de China (en 1644), pero la lucha con los legitimistas de Ming en el sur duró hasta 1683. La barbarie de la guerra, combinada con la viruela y el hambre, redujo la población por más de 20 millones. Maddison. “The World Economy. A Millenial Perspective” (http://theunbrokenwindow.com/Development/MADDISON%20The%20World%20Economy–A%20Millennial.pdf)

[7] Para disfrutar pensando en la trascendencia de la velocidad de las comunicaciones en la globalización, puede leerse un precioso cuento de Dino Buzzati, escrito antes de la llegada de internet. Se titula “Los siete mensajeros” http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/buzzati/los_siete_mensajeros.htm

[8] La renta per cápita es igual al PIB dividido por la población o, en otras palabras, la parte de producción económica que correspondería a cada ciudadano si el reparto fuese equitativo.

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