¿Y si todos hubiesen sido chinos?

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El Roto. Tomado de “El comercio.es

En la entrada anterior (“¡Que vienen los chinos!“) vimos cómo China había emprendido un camino de crecimiento en lo que se refiere al PIB y a la renta per cápita [1], lo que, en el fondo, no es más que replicar lo que nosotros, los occidentales, hemos hecho unas décadas atrás. Teniendo eso en cuenta, difícilmente podemos nosotros permitirnos el lujo de criticar su comportamiento, al menos sin poner antes en cuestión el nuestro propio y pagar nuestra deuda.

En otras palabras, de acuerdo con nuestra lógica perversa de considerar el crecimiento como un fin, no podemos condenar el crecimiento chino.

A partir de aquí, la pregunta surge de forma casi ingenua. China ha crecido (está creciendo), pero ¿qué pasaría si, al igual que ella, muchos otros países, que hoy forman parte de los desfavorecidos, encontrasen su vía de crecimiento y se pusiesen a ello? ¿Qué repercusiones tendría en el mundo globalizado en que vivimos?

Para contestar a esas preguntas vamos a analizar algunos parámetros significativos: la renta, la esperanza de vida, el consumo energético y las emisiones de gases de efecto invernadero.

En todas estas variables, la situación inicial china (considerando como inicial la de 1970, por el aquel de disponer de estadísticas completas) estaba muy por debajo de la de nuestro mundo (consideramos como nuestro mundo a la Europa Occidental más sus “vástagos[2]) y lo que ha estado ocurriendo ha sido su aproximación a nuestros estándares, pese a mantenerse todavía lejos, tal y como se aprecia en la figura que sigue.

En ella se presentan los valores estadísticos disponibles a partir de 1970 [3] correspondientes a China, expresados en porcentaje de los correspondientes a la Unión Europea [4] y sus vástagos, estando expresadas todas las variables como valores per cápita o por persona (salvo la esperanza de vida al nacer, obviamente). Los valores relativos  a la renta se expresan tanto en US$ como en $ internacionales [5] (desde el momento en que esta estadística existe) mientras que las emisiones de gases de efecto invernadero se expresan en emisiones equivalentes de CO2.

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Evolución reciente del comportamiento de algunas variables representativas de China expresada en porcentaje de los valores correspondientes a la Unión Europea y sus vástagos. Fuente: Base de datos del Banco Mundial

Pues bien, el juego que proponemos es el de ver qué hubiese pasado, cómo estaríamos hoy, si todos los países que están por debajo de la situación china se situasen hoy, instantáneamente, a su nivel. Los resultados, que se resumen en la tabla adjunta, son tremendos, se miren cómo se miren.

Tabla Como China

Así, la renta, expresada en dólares internacionales, pasaría a ser más de un  60% mayor que la actual en el conjunto de países “resto del mundo” (el total mundial salvo UE, sus vástagos y China), lo cual sería una buena noticia: la mejora en renta de los desfavorecidos y la reducción de la desigualdad entre países [6]. Una alegría aún mayor y más evidente sería la mejora en 6 años de la esperanza de vida al nacer (la mejora sería de 9 años en los países “resto del mundo”).

Pero, al no haber cambiado de modelo social, las alegrías anteriores se asociarían a un incremento sustancial en el uso de energía y en la emisión de gases de efecto invernadero. Ambos parámetros casi se hubieran duplicado (incrementos del 92 y del 95%) en los países “resto del mundo”, y la repercusión de estos incrementos en el total mundial habría producido aumentos muy próximos al 50% (43 y 49%).

Si todos los países con consumo de energía y emisiones de gases de efecto invernadero por persona hoy inferiores a los chinos se hubiesen igualado a estos (que todavía no alcanzan nuestro estatus occidental), las emisiones y el uso de energía sería hoy un 50% superior al actual. Sí, curiosamente, nuestro nivel de vida, en este esquema social, se apoya en la pobreza de los pobres.

Al asunto de la energía ya hemos dedicado algunas entradas anteriores (significativamente, la primera del blog: “¿Ahorro energético? Mejor decrecimiento”) y a ellas nos remitimos, por lo que en lo que sigue hablaremos sólo de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Para valorar lo que representa ese casi 50% de incremento de las emisiones del que hablábamos más arriba podemos recurrir a la reciente Cumbre del Clima de París, en cuyo proyecto de decisión final se establece que [7]:

  • La aplicación íntegra de los compromisos nacionales de reducción de emisiones de todos los países conduciría a que el total mundial de emisiones alcanzase la cifra de 55 gigatoneladas al año.
  • Para alcanzar el objetivo establecido de limitar el calentamiento global a 2ºC (de lo necesario para alcanzar el desiderátum de 1,5ºC ni hablamos) sería necesario no superar las 40 gigatoneladas

Es decir, existiría un desfase de 15 gigatoneladas. Pues bien, en valores absolutos, el citado 49% de incremento en las emisiones, que se asociaría a emisiones per cápita iguales a las chinas en los países que hoy están por debajo, corresponde a un incremento de 26 gigatoneladas. No parecen necesarios muchos comentarios; el desfase no sería de 15 gigatoneladas sino “algo” más: 41.

Y es que nosotros, los habitantes de las zonas bien del mundo, hablamos y hablamos, pero nos negamos a reconocer que la causa fundamental de que se esté agotando la capacidad de acogida de nuestro planeta es la desigualdad, es nuestro abuso de la posición dominante en la que nos hemos establecido, y que sólo renunciando a parte de nuestro consumo podríamos alcanzar un equilibrio. Nos negamos siquiera a pensar que este sistema social basado en el crecimiento (en nuestro crecimiento) está obsoleto, que se basa en la explotación de otros seres humanos a los que les negamos el derecho de, siquiera, aproximarse a nuestro “bienestar”, porque eso sería una catástrofe (para nosotros).

No se nos pasa por la cabeza que es precisa la reducción de las emisiones precisamente porque nosotros ya hemos emitido estos años atrás muchos más gases que los que nos correspondería en un reparto sólo relativamente equitativo, que estamos en deuda con los países pobres y que debiéramos disculparnos por haber agotado su cuota (no sé si todos somos conscientes de que el calentamiento global no es consecuencia de las emisiones de ayer sino de la acumulación de emisiones desde hace muchas décadas [8])

¿Con qué derecho hablamos de la necesidad de una reducción global de las emisiones cuando una buena parte de la población mundial ya está “reducida”? ¿No deberíamos disculparnos ante esa situación por habernos aprovechado de su bajo nivel de emisiones (y de tantas otras cosas)?

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] El Producto Interior Bruto (PIB) es el valor de los bienes y servicios producidos en un año y destinados al consumo (se excluyen, por tanto, los bienes producidos para producir otros bienes), expresados en términos monetarios. Como ya hemos señalado en alguna entrada anterior, el Producto Interior Bruto (PIB) refleja, a grandes rasgos, la producción total del país destinada al consumo final y es el indicador que los economistas usan para evaluar la riqueza de los países. Por su parte, la renta per cápita es igual al PIB dividido por la población o, en otras palabras, es la parte de producción económica que correspondería a cada ciudadano, si el reparto fuese equitativo.

[2] Como “vástagos” entendemos aquellos territorios conquistados por las potencias occidentales y que han sido colonizados por población europea. Los considerados son los que, cumpliendo con lo anterior, tienen entidad poblacional hoy y se mantienen en la órbita de lo que se llama “mundo occidental”. Esta forma de agrupar permite evitar el ruido que introducen las modificaciones en las relaciones de poder en el mundo occidental y, concretamente, el cambio en la posición de primera potencia desde Gran Bretaña a USA. A nuestros efectos, los “vástagos” son USA, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

[3] La “RENTA P/P (US$)” de Nueva Zelanda, ante la ausencia de datos en el periodo 1971-76 y dada su pequeña influencia relativa en el total, ha sido estimada mediante interpolación entre los valores correspondientes a 1970 y 1977.

[4] Utilizamos los valores correspondientes a la Unión Europea en lugar de los de Europa Occidental al completo simplemente por sencillez, ya que, al existir estadísticas de su evolución conjunta, no es necesaria la agregación entre los países que la componen.

[5] El dólar internacional es una unidad monetaria hipotética que tiene el mismo poder adquisitivo que el dólar estadounidense tiene en los Estados Unidos en un momento dado. Esta unidad muestra cuánto vale una unidad de una moneda local dentro de las fronteras del país. Las conversiones a dólares internacionales se calculan utilizando la “paridad del poder adquisitivo” (PPA).

[6] Debe tenerse en cuenta que este grupo “resto del mundo” es un poco un cajón de sastre, ya que en él estarían, por ejemplo, Mozambique, India y Japón. Esto, realmente, no tiene incidencia a nivel mundial, ya que tan sólo se incrementan las variables en los países que se encuentran por debajo de los niveles chinos (lo que no es el caso de Japón pero sí de Mozambique e India). A efectos de lo que representa esta disparidad a nivel del grupo sí es cierto que tiene un efecto de suavizado (siguiendo con el ejemplo, en esperanza de vida al nacer, Japón tendría un incremento nulo, por lo que para que la media sea de 9 años, el incremento medio entre Mozambique e India debe ser mayor que esos 9 años). Los incrementos que resultan en la esperanza de vida en los países citados resultan: Japón: nulo; India: 8 años; Mozambique: 21 años.

[7] En el punto 17 del documento final de la Cumbre del Clima de París se lee textualmente: “ Observa con preocupación que los niveles estimados de las emisiones agregadas de gases de efecto invernadero en 2025 y 2030 resultantes de las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional no son compatibles con los escenarios de 2 ºC de menor costo sino que conducen a un nivel proyectado de 55 gigatoneladas en 2030, y observa también que, para mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, mediante una reducción de las emisiones a 40 gigatoneladas, o por debajo de 1,5 ºC con respecto a los niveles preindustriales, mediante una reducción de las emisiones a un nivel que se definirá en el informe especial mencionado en el párrafo 21 infra, se requerirá un esfuerzo de reducción de las emisiones mucho mayor que el que suponen las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional

[8] En el documento “Climate Change 2013 – The Physical Science Basis By Intergovernmental Panel on Climate Change”  se dice que: “Como consecuencia de la gran inercia del clima y del ciclo del carbono, la temperatura global a largo plazo es controlada en gran parte por las emisiones totales de CO2 que se han acumulado en el tiempo, independientemente de la época cuando fueron emitidas. Por lo tanto, limitar el calentamiento global por debajo de un nivel dado (por ejemplo, 2° C por encima de la época pre-industrial) implica no superar un determinado balance global de CO2, es decir, un aumento de las emisiones anteriores obliga a reducciones mayores más tarde”.

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