El año sin verano de 1816 (3 de 3). Las causas

[Esta entrada es continuación de las previas “El año sin verano de 1816 (1 de 3). Un bicentenario” y “El año sin verano de 1816 (2 de 3). Los efectos”, en las que se relata lo que ocurrió en aquel verano del año 1816, cuyo bicentenario se cumple ahora].

Y todos los desastres que hemos relatado, ¿por qué? Resulta que el año anterior, el 5 abril de 1815…

De acuerdo con su propio relato [1], el gobernador británico de la isla de Java (Indonesia), Thomas Stamford Raffles, escuchó un estruendo de explosiones que interpretó podían ser cañonazos disparados por tropas franco-holandesas en un ataque contra su territorio [2]. Como consecuencia, envió destacamentos marítimos y terrestres para localizar el origen de las explosiones, que cumplieron su misión sin ningún resultado.

Sello conmemorativo

Sello conmemorativo del bicentenario de la gran erupción del Tambora. Tomado de https://www.bbvaopenmind.com/1816-el-ano-sin-verano/

No obstante, al amanecer ya se había aclarado el origen del estruendo. La presencia de cenizas en el aire llevaba a pensar sin dudas en alguna erupción volcánica, que se pensaba podía ser la de algunos de los volcanes habitualmente activos de la isla (Marapi, Klelud o Bromo). Pero era más que eso, era el preludio de la mayor erupción volcánica explosiva de la historia, que había empezado tres años antes y se prolongó hasta julio de 1815 [3].

Estamos hablando del volcán Tambora. Está en la isla de Sumbawa (Indonesia), a unos 1.250 km de distancia de Yakarta (entonces Batavia), donde, decíamos, creyeron escuchar cañonazos (como si algo que ocurriera en Madrid fuera escuchado en Londres, Roma o Túnez, por ejemplo). La explosión  reventó los 1. 450 metros superiores de una montaña cuya cumbre estaba a la cota 4.300.

De los 12.000 habitantes de la isla de Sumbawa, solamente 26 sobrevivieron. En las islas próximas se estima que, sólo en los primeros días, en los que la oscuridad fue total, y por efecto directo de la erupción y los fenómenos a ella asociados (terremotos, tsunamis…), el número de muertos pudo acercarse a los 90.000. Pero, además, para los que sobrevivieron a la devastación inicial, no hubo refugio. Las cenizas, cuya caída se extendió sobre una superficie mayor que la de España, contaminaron los suministros de agua y el aire que, cargado por la misma ceniza, era asfixiante. El hambre y las enfermedades se extendieron rápidamente por toda la región y el número siquiera aproximado de muertos nunca ha podido saberse [4].

Probablemente la erupción debiera haber sido la noticia del año y, como tal, recogida en los libros de historia, pero la realidad es que ha sido sistemáticamente ignorada, como tantas otras que no se refieren a la gente guapa. Quizá haya quedado oculta tras la fama de la batalla de Waterloo, que había tenido lugar unos meses antes.

Pero la erupción del Tambora no sólo devastó “su” isla; también afectó a la circulación atmosférica global. El penacho de la erupción superó con creces la troposfera y alcanzó la estratosfera, teniendo en cuenta que no hablamos de las feas columnas oscuras que todos hemos visto en imágenes de erupciones y que arrastran cenizas que se depositan en unos pocos días. Hablamos de la parte invisible de la pluma, de los gases, fundamentalmente, de los de azufre [5].

La erupción inyectó en la estratosfera entre 60 y 80 millones de toneladas de anhídrido sulfúrico (SO2) y hoy sabemos (fundamentalmente a partir de las observaciones de la erupción en 1991 del Pinatubo en Filipinas [6]) que este SO2, difuso alrededor de los trópicos, se extiende  hasta circunvalar toda la tierra y se oxida para formar ácido sulfúrico (SO4H2), que se condensa en gotitas (aerosol sulfúrico), que se mantienen en la estratosfera durante desde uno a varios años. Estos aerosoles atenúan la luz solar y son la causa fundamental de los efectos climáticos de las erupciones [7].

Lessons from Tambora

Una perspectiva mundial de la erupción del Tambora en 1815 y de sus consecuencias. Fuente: “Lessons from Tambora” (S. Brönnimann et al. en “Past global changes magazine. Volcanoes and

Ciertamente, la erupción del Tambora no fue el único factor desencadenante del catastrófico 1816, el año sin verano. Así, se habla también de que el clima mundial estaba en el llamado “mínimo de Dalton” (periodo de muy baja actividad solar, que se extendió entre 1790 y 1830), que produjo unas muy bajas temperaturas, o de la misma variabilidad climática, o que acababan de finalizar las guerras napoleónicas (aunque esto difícilmente explicaría lo acaecido en Asía o Norteamérica) [8]. Pero lo que sí es indudable es que la erupción (junto con otras erupciones inmediatas anteriores documentadas [9]) fue, si no la causa, sí al menos una causa fundamental de la alteración climática que dio lugar a la crisis de subsistencia que tuvo lugar en el año 1816 (y se extendió algo más). También es indudable que hoy no sabríamos cómo evitar esa posible conjunción de causas.

Pero quizá lo fundamental sea que la anomalía climática que fue la causa principal del desastre de verano de 1816, en términos puramente numéricos, aparentemente no haya sido  gran cosa. Según las estimaciones, la anomalía veraniega no fue uniforme, oscilando entre, quizá, un calentamiento de 1⁰C en el este de Europa y un enfriamiento de hasta 3⁰C en la Europa central, de forma que la media mundial podría estar en el entorno de -0,7 a -1,9⁰C, referida a las temperaturas actuales (1971-2000), pero que, si se descuentan la incidencia del calentamiento global reciente se reducirían a un entorno de entre -0,5 y -1,0⁰C [10].

1816_summer temperature anomaly

La anomalía climática del verano de 1816 por comparación con las temperaturas medias entre 1971 y 2000. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Year_Without_a_Summer

Para acabar, una dedicatoria. Este relato está dedicado a todos aquellos que, aun hoy, son escépticos acerca de la necesidad de que los países ricos aborden medidas drásticas para hacer frente al cambio climático [11].

A aquellos que piensan que el equilibrio no es tan frágil como algunos, alarmistas, nos quieren hacer creer. Que el “sistema tierra” tiene mecanismos suficientes como para recuperar siempre un equilibrio, sin considerar que, quizá, en ese equilibrio no quepamos nosotros.

A aquellos que tienen una fe ciega en nuestras capacidades técnicas y dan por supuesta nuestra habilidad demostrada para hacer frente a los problemas cuando estos se presenten, sin considerar que quizá hoy podamos prevenir una erupción y evacuar la zona posiblemente afectada [12], pero que no sabríamos hacer frente a una disminución del 30% en la producción agrícola mundial durante uno o varios años (o quizá indefinida).

A aquellos que consideran que el riesgo de alteraciones climáticas no existe, que es puro alarmismo interesado, sin siquiera volver la vista atrás y comprobar cómo ese riesgo ya se ha manifestado a lo largo de la historia y que los efectos han sido desastrosos, incluso cuando la tierra estaba menos “tensionada” en cuanto al uso de recursos naturales se refiere.

A aquellos que piensan que las alteraciones de las que se está hablando, en el fondo, son pequeñas y que su consecuencia no puede pasar de ser una cierta incomodidad, sin pensar en que las medidas no dejan de ser convenios [13] y que una alteración de tan sólo 1 ⁰C ya ha causado una crisis de subsistencia global, por lo que alteraciones de 2-4 ⁰C pueden ser definitivas para nuestra supervivencia.

A aquellos, por fin, que consideran que las alteraciones climáticas globales nos afectarán a todos y, sobreentienden, a todos por igual, cuando es seguro que también entonces habrá poblaciones más vulnerables que otras y que, casi con seguridad, los más vulnerables serán los de abajo. Habrá quien pueda escribir libros de terror y a quien le toque mendigar para sobrevivir.

Sí. Ya sé que lo que hemos descrito es un enfriamiento y lo que ahora estamos provocando es un calentamiento, pero es lo que está escrito en la historia reciente y se puede pensar que la simetría existe (los efectos serán distintos, pero igualmente desastrosos) y, por favor, que a nadie se le ocurra compensar las emisiones de gases de efecto invernadero con emisiones volcánicas provocadas “científicamente”. Recordemos al aprendiz de brujo.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1]Narrative effects of the Eruption from the Tomboro Mountain in the Island of Sumbawa on the 11th and 12th of April 1815,-—communicated by the President” (T. S. Raffles. 1815). https://books.google.es/books?id=RlRUAAAAcAAJ&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=false.

[2] Hacía apenas cuatro años que las tropas británicas habían conquistado la isla, expulsando a los holandeses,  ocupantes anteriores y en el marco de las guerras napoleónicas. En 1816 fue restaurado el control holandés.

[3]Global Volcanism Program (GVP)” (Smithsonian Institution. Department of Mineral Sciences.  National Museum of Natural History. USA) http://volcano.si.edu/volcano.cfm?vn= 264040

[4]Climactic Effects of the 1815 Eruption of Tambora” (J. Smith en “Hohonu – A Journal of Academic Writing” 2007). https://hilo.hawaii.edu/academics/hohonu/documents/Vol05x07ClimaticEffectsof1815EruptionofTambora.pdf

[5] La estratosfera se extiende entre los 12.000 y los 50.000 m por encima de la superficie de la tierra (la capa por debajo de los 10.000 es la troposfera). Se estima que el penacho ascendió hasta los 43.000 m.  “Tambora and the Year Without a Summer of 1816. A Perspective on Earth and Human Systems Science”  (S. Brönnimann y D. Krämer.  Geographica Bernensia.  Institute of Geography de la Universidad de Berna, Suiza. 2016). (http://www.geography.unibe.ch/unibe/portal/fak_naturwis/e_geowiss/c_igeogr/content/e39624/e39625/e39626/e426207/e431533/tambora_e_web_eng.pdf)

[6] Esta erupción ha ocurrido ya en la época en que están en funcionamiento satélites con capacidades de medida de gases y aerosoles en la atmósfera. Se estima que la erupción del Pinatubo inyectó en la estratosfera tres o cuatro veces menos SO2 que la del Tambora, pese a ser la mayor de las que hemos podido conocer los que hoy vivimos. De ahí sus mucho menores efectos y la menor duración de estos.

[7]Tambora and the Year Without a Summer of 1816. A Perspective on Earth and Human Systems Science”  (S. Brönnimann y D. Krämer.  Geographica Bernensia.  Institute of Geography de la Universidad de Berna, Suiza. 2016). http://www.geography.unibe.ch/unibe/portal/fak_naturwis/e_geowiss/c_igeogr/content/e39624/e39625/e39626/e426207/e431533/tambora_e_web_eng.pdf

[8]A weak solar maximum, a major volcanic eruption, and possibly even the wobbling of the Sun conspired to make the summer of 1816 one of the most miserable ever recorded” (W. Soon y S. H. Yaskell). http://www.mitosyfraudes.org/Calen/Year1816.html o la ya citada “Tambora and the Year Without a Summer of 1816. A Perspective on Earth and Human Systems Science”  (S. Brönnimann y D. Krämer.  Geographica Bernensia.  Institute of Geography de la Universidad de Berna, Suiza. 2016). http://www.geography.unibe.ch/unibe/portal/fak_naturwis/e_geowiss/c_igeogr/content/e39624/e39625/e39626/e426207/e431533/tambora_e_web_eng.pdf

[9] De acuerdo con la base de datos de erupciones de ”Global Volcanism Program (GVP)” (Smithsonian Institution. Department of Mineral Sciences.  National Museum of Natural History. USA) http://volcano.si.edu/, en los años inmediatos anteriores a la erupción del Tambora se produjeron tres otras grades erupciones (mucho menores que la del Tambora, cuyo índice de explosividad fue de 7 en una escala de 8, pero todos ellos con explosividades de 4, uando se estima que, por término medio, se debieran producirse  una vez por década: en 1812, Awu (Indonesia), en 1813, en Suwanosejima (Japón) y en 1814, Mayon (Filipinas).

[10] Las estimaciones tienen varias procedencias: “Tambora 1815: Impacts of a volcanic eruption on climate and crop yields in Switzerland” (Tésis doctoral de S. Flückiger. Universidad de Berna. 2015). http://csold.unibe.ch/students/theses/msc/141.pdf; “250 years of global warming: Berkeley Earth releases new analysis” (Berkeley Earth Surface Temperature. 2012) http://static.berkeleyearth.org/pdf/berkeley-earth-announcement-jul-29-12.pdf y “Climactic Effects of the 1815 Eruption of Tambora” (J. Smith en “Hohonu – A Journal of Academic Writing” 2007)  https://hilo.hawaii.edu/academics/hohonu/documents/Vol05x07ClimaticEffectsof1815EruptionofTambora.pdf

[11] Una exposición de los paralelismos entre el tratamiento que se dio a las causas del año sin verano de 1816 y el que se está dando en la actualidad a la cuestión del calentamiento global puede verse en “The Year Without Summer and Climate Change Today” (M. Hertsgaard en “The Daily Best”. 2013). http://www.thedailybeast.com/articles/2013/03/02/the-year-without-summer-and-climate-change-today.html.

[12] Esa evacuación que algunos ven como posible o, incluso, como fácil tiene, al menos el problema de la escala. Se estima que la población que reside en zonas sujetas a riesgos volcánicos es de unos 600 millones de personas, siendo probablemente Ciudad de México la mayor urbe expuesta (más de   decena de millones de personas a 75 km del Nevado de Toluca. Se puede hablar también de Quito (millón y medio de habitantes), a apenas 10 km del Pichincha y algo más lejos del Cotopaxi, del Pululagua y del Reventador, o de Ciudad de Guatemala, Auckland (Nueva Zelanda), Nápoles (Italia)  y Yogyakarta (Indonesia), por citar sólo algunas de las aglomeraciones que se encuentran a menos de 50 km de algún volcán activo. Es desde luego compleja la tarea de evacuación de grandes poblaciones y su mantenimiento en “campos de refugiados” durante quizá algún año.  “A statistical analysis of the global historical volcanic fatalities record” (Auker et al. en Journal of Applied Volcanology. 2013). http://link.springer.com/article/10.1186/2191-5040-2-2

[13] Ciertamente, que una cosa cueste 37 o 41 euros es distinto, pero no dramáticamente distinto. Pero que yo me ponga el termómetro y mi temperatura sea de 37 o de 41 ⁰C ya sí refleja dos situaciones radicalmente distintas.

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3 respuestas a El año sin verano de 1816 (3 de 3). Las causas

  1. davidcabo74 dijo:

    Muy interesante, aunque he de admitir que me ha sorprendido la referencia 8 al “escéptico” Willy Soon y a la web “escéptica” mitosyfraudes.

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  2. Pingback: El año sin verano de 1816 (2 de 3). Los efectos | Agua, energia y decrecimiento

  3. Gracia dijo:

    Qué buena explicación. Me tenías sobre ascuas!!!

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