Decrecimiento y desarrollo sostenible

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El nº 40 de la revista Integral (1982) incluía esta pareja de viñetas, firmadas por Jean François Betellier, que, en el marco de lo que expresa esta entrada, podrían parafrasearse como “Del desarrollo… Al desarrollo sostenible

La entrada surge como respuesta a críticas a una entrada anterior (“Decrecimiento. Y eso, ¿qué demonios es?“) en la que se afirmaba que decrecimiento no es desarrollo sostenible. Y las críticas se centran no tanto en la afirmación de desigualdad entre ambos conceptos sino en la crítica al desarrollo sostenible que parece subyacer (y de hecho, subyace) en el texto, en tanto en cuanto su concepto es ya un concepto integrado en el mismo sistema al que pretende (o pretendió) oponerse.

De hecho, es claro hoy que las iniciativas sostenibles dan lugar a inversiones que son una parte significativa del sistema económico actual y siguen el mismo ciclo que todas las demás inversiones: su objetivo último no es la sostenibilidad (del mismo modo que el objetivo del sector alimentario no es atajar el hambre) sino el obtener el beneficio que deja el ciclo económico: inversión en bienes y servicios (mercancías), venta de estas mercancías y reconversión en (más) dinero (capital), con una ganancia, que, como hemos dicho, es el objetivo último de la inversión inicial [1].

Pensemos un poco, sin prejuicios, en los conceptos de los que hablamos.

El desarrollo (humano).

Cuando escuchamos la palabra desarrollo aplicada al acontecer humano, casi ineludiblemente evocamos un concepto puro, que habla del proceso según el cual hemos llegado a ser lo que hoy somos. Entendemos que nos hablan del proceso de evolución humana en su totalidad, desde, por establecer algo, el imperio egipcio hasta hoy, pasando por los romanos, los mogoles o los incas, por ejemplo, al igual que por las dos guerras mundiales o nuestra guerra civil y su posguerra.

Se trata de un concepto asociado a la (supuesta) linealidad de la historia y puramente descriptivo, que no dice nada del objetivo de esa evolución ni del futuro. Baste imaginar a un observador situado en el año 2100 y mirando a lo que, entonces, sería el pasado. Para él, todo lo que hubiera ocurrido en lo que queda de siglo formaría parte del desarrollo, independientemente de que hubiéramos llegado al paraíso o se hubiera producido la hecatombe nuclear que se vislumbra en el final de la película “El planeta de los simios”.

Pese a ello, el término desarrollo tiene unas connotaciones claramente positivas, que se apoyan en la visión optimista de la historia y que permiten ocultar lo que podríamos denominar como “desarrollo real” (parafraseando la contraposición que se ha utilizado entre el concepto puro y positivo de socialismo y la maldad absoluta del socialismo real).

El desarrollo real sí tiene contenido político y se refiere exclusivamente a lo que estamos viviendo hoy en el mundo occidental, a lo que caracteriza, en lo más profundo, a la Edad Contemporánea, sucesora, pero distinta en su esencia, de las edades anteriores (Antigua, Media y Moderna), que se inicia a finales del siglo XVIII con la Primera Revolución Industrial [2]. Y lo permanente y que subyace en todo este periodo no es otra cosa que el sistema, la organización  social capitalista (de igual manera que lo esencial de la Edad Media era el sistema feudal, por ejemplo).

Lo que caracteriza al sistema capitalista es que la organización social está al servicio de un sistema económico en el que el capital se hace circular para conseguir más capital (acumulación), a través de la explotación de la fuerza de trabajo y de la naturaleza y apoyándose en el mercado (lo que era una sociedad “con mercados” ha pasado a ser otra “de mercado”). El capitalismo necesita más mercados (otros tipos, incorporación de los bienes comunes –agua, suelo, etc.- al mercado, bienes inútiles, sustituibles o menos duraderos), más territorios (más población a producir y a consumir) y en ciclos más rápidos (ciclos más cortos, obsolescencia programada, primacía de lo efímero). Todo más, lo que implica que necesita del crecimiento.

Desde ese punto de vista, cuando hablamos del desarrollo real nos estamos refiriendo al crecimiento, pero tras la máscara de apariencia amable del concepto de desarrollo, que así pasa a ser una palabra tóxica [3]. En resumen, desarrollo y decrecimiento serían conceptos antagónicos.

La sostenibilidad

Lo sostenible es otra cuestión. Aparece, políticamente, asociada al desarrollo y al medio ambiente, hasta el punto de que incluso la RAE, en su diccionario de 2014 ha añadido una acepción nueva para el término: “Que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente[4]. Esta nueva acepción liga bien el con el concepto de decrecimiento, ya que podría considerarse que describe una de sus facetas.

No obstante, interesa señalar un par de matices:

  • Habla del largo plazo y de mantenimiento, lo que podría conducir a olvidar el presente o, incluso, a considerar a este como elemento a mantener, ignorando lo desigual e injusto que es este presente (desde luego, esto también puede llegar a aplicarse al término decrecimiento entendido como tal)
  • Sólo se refiere a uno de los aspectos a que intenta referirse el decrecimiento. Establece limitaciones al crecimiento, pero ignora que esa renuncia también está destinada a vivir mejor.

El desarrollo sostenible

Si entendiésemos la expresión en su literalidad, esta diría algo así como “hagamos sostenible el desarrollo” y esto es, sin más, un contrasentido. De acuerdo con lo expuesto más arriba, sería la forma amable de decir “hagamos sostenible el crecimiento” o “busquemos un crecimiento que se pueda mantener a largo plazo, sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente”. Y ya hemos visto en entradas anteriores (es objeto de muchas de ellas, pero de manera especial de las tituladas “¿Nos tomamos en serio el crecimiento que nos prometen?” y “La falsedad del crecimiento continuo”) que esto es, hoy, imposible. No hay ningún crecimiento (positivo) que pueda mantenerse indefinidamente, partiendo de la situación actual.

Pero ese enfoque de descomponer el concepto en sus dos términos no es correcto, ya que el desarrollo sostenible debiera entenderse como oxímoron, como una contradicción que expresa algo distinto del significado literal de sus dos términos, (al modo del grito mudo utilizado por el movimiento 15M [5]).

En esta línea, el concepto como tal salta a la opinión pública en la Cumbre de la Tierra de 1992, en Río de Janeiro [6], que toma la definición del informe “Nuestro futuro común[7] de 1987. Lo expresa como “desarrollo que satisface las necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades“. Esta definición inicial cae en la contradicción que señalábamos más arriba de considerar que es posible y deseable un crecimiento positivo “bueno”, que el crecimiento no es (era) cuestionable: más explícitamente, el Principio 12 de la declaración de la Cumbre de Río dice textualmente: “Los Estados deberían cooperar en la promoción de un sistema económico internacional favorable y abierto que llevara al crecimiento económico y el desarrollo sostenible de todos los países[8].

Ciertamente, el concepto ha ido evolucionando y difuminándose con el tiempo pero manteniendo sistemáticamente su subordinación al crecimiento mundial como elemento indispensable. Siguiendo con las referencias a Naciones Unidas, la declaración de Rio+20 (2012) [9] dice en su punto 11: “reafirmamos la necesidad de lograr la estabilidad económica, el crecimiento económico sostenido…” [10].

Ese planteamiento es compartido por otras instituciones tales como, por ejemplo, la Unión Europea (está recogido en el propio tratado hoy vigente [11]), el Banco Mundial [12] y, lo que es más grave, también por el común de la población, por nosotros mismos, de forma que la toxicidad de la palabra desarrollo ha contaminado el concepto desarrollo sostenible, que hoy oculta mucho más que lo que expresa y es completamente inútil para cualquier análisis político.

Lo dicho, obviamente, no conduce al rechazo de todas las iniciativas surgidas bajo el paraguas del desarrollo sostenible. Un ejemplo reciente de estas iniciativas, también en el marco de Naciones Unidas, puede ser el referido a los llamados “Objetivos de Desarrollo Sostenible” que, aunque incluyen la promoción del crecimiento económico sostenido [13], en su conjunto son difícilmente rechazables. No puede ignorarse, por ejemplo, que sus dos primeros objetivos son los de poner fin a la pobreza y al hambre  [14].

Desarrollo sostenible y decrecimiento

Lo expuesto nos hace incluso trascender lo que decíamos al comienzo del texto. No sólo es que el decrecimiento no sea desarrollo sostenible, es que este, el desarrollo sostenible “real” se sitúa en el campo contrario, en el del crecimiento.

Pero también debemos ser conscientes de que lo que ha pasado con el concepto de desarrollo sostenible podría repetirse con el de decrecimiento. Saber que el decrecimiento no está blindado frente a la tentación de hacer análisis globales e indiferenciados, que no tengan en cuenta la tremenda desigualdad que hoy nos aplasta. Y ello conduce a que debamos tener presentes en todo momento las diferencias sustanciales que existen entre hablar de decrecimiento en nuestro mundo rico o hacerlo en países con bajos ingresos. A esto, complejo sin duda, dedicaremos una próxima entrada.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] De acuerdo con  el “Estudio del sector económico del medio ambiente en España 2011” (Fundación Forum Ambiental), la importancia económica del sector medioambiental en España puede estar situada en el entorno del 3,6% del PIB, lo que es una cifra muy alta mientras que a nivel europeo, de acuerdo con los datos de Eurostat el porcentaje llega hasta el 5% en 2013, último año con datos disponibles.

[2] Para ser más precisos, estaríamos hablando del capitalismo de base industrial. Antes habría existido lo que podría llamarse capitalismo de base agraria y hoy quizá estaríamos viviendo el capitalismo financiero.

[3] Tomamos la idea de la toxicidad de S. Latouche, cuando dice que “desarrollo es una palabra tóxica. Y lo es porque, o bien no indica nada [el desarrollo como conjunto de experiencias históricas de la dinámica cultural de la humanidad] o, caso de referirse a algo, escondería eso que expresa [el crecimiento económico, la acumulación del capital y la desigualdad]”. En castellano “Decrecimiento y posdesarrollo” (2009) en “El Viejo Topo” y, en francés, “Décoloniser l’imaginaire” (2003). Sin versión digital pública accesible

[4] En su diccionario de 2001, la RAE atribuía a “sostenible” exclusivamente una acepción: “Dicho de un proceso: Que puede mantenerse por sí mismo, como lo hace, p. ej., un desarrollo económico sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes

[5] Los que no hayáis participado personalmente, podéis entender lo que representó el grito mudo viendo los videos “Grito mudo – Puerta del Sol de Madrid – #15M 20/05/2011” y “Grito Mudo Vista Aérea 21/05/2010 – La Jornada de Reflexión llega a #acampadasol”, que reproducen algo menos de dos minutos de lo vivido en la Puerta del Sol de Madrid al comenzar la jornada de reflexión de las elecciones  municipales y autonómicas del 2011.

[6] http://www.un.org/spanish/esa/sustdev/agenda21/riodeclaration.htm

[7]Our Common Future”. UN World Commission on Environment and Development“ (1987).

[8] http://www.un.org/spanish/esa/sustdev/agenda21/riodeclaration.htm

[9] Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río de Janeiro, en junio de 2012), cuyo documento final puede consultarse en https://rio20.un.org/sites/rio20.un.org/files/a-conf.216-l-1_spanish.pdf.pdf

[10] Es cierto que a continuación el párrafo se refiere a equidad social,  protección del medio ambiente, igualdad entre géneros, etc. pero todo ello supeditado al crecimiento económico, que considera posible, necesario y benéfico

[11] En el punto 3 del Artículo  del Tratado de la Unión Europea (versión consolidada de 2008 derivada de la original de Maastricht, incorporando las modificaciones de Amsterdam 1997, Niza 2000 y Lisboa 2007)  se recoge que “La Unión establecerá un mercado interior. Obrará en pro del desarrollo sostenible de Europa basado en un crecimiento económico equilibrado y en la estabilidad de los precios, en una economía social de mercado altamente competitiva, tendente al pleno empleo y al progreso social, y en un nivel elevado de protección y mejora de la calidad del medio ambiente. Asimismo, promoverá el progreso científico y técnico” y en otro momento (Protocolo nº 14 sobre el Eurogrupo) “DESEANDO propiciar las condiciones para un crecimiento económico más intenso en la Unión Europea, y establecer para ello una coordinación cada vez más estrecha de las políticas económicas en la zona del euro”.

[12] Por ejemplo, dice que “los tres pilares del desarrollo sostenible -crecimiento económico, protección del medio ambiente e inclusión social- cruzan todos los sectores del desarrollo, desde las ciudades enfrentando la rápida urbanización hasta la agricultura, las infraestructuras, el desarrollo de la energía y su uso, la disponibilidad de agua y transporte” (http://www.worldbank.org/en/topic/sustainabledevelopment/overview)

[13] Se trata del Objetivo nº 8, que, por aportar todos los datos, también se refiere a que el crecimiento económico sostenido que se pretende debe ser inclusivo y sostenible y lo asocia al empleo pleno y productivo y al trabajo decente para todos.

[14] Literalmente, la página oficial de Naciones Unidas expresa que “Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible — aprobada por los dirigentes mundiales en septiembre de 2015 en una cumbre histórica de las Naciones Unidas — entraron en vigor oficialmente el 1 de enero de 2016. Con estos nuevos Objetivos de aplicación universal, en los próximos 15 años los países intensificarán los esfuerzos para poner fin a la pobreza en todas sus formas, reducir la desigualdad y luchar contra el cambio climático garantizando, al mismo tiempo, que nadie se quede atrás”. Son la continuación de los Objetivos del Milenio que vencieron en 2015 y se concretan en 17 objetivos, cuantificados con 169 metas. El enunciado de los objetivos es el siguiente:

  1. Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo
  2. Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible
  3. Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades
  4. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos
  5. Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas
  6. Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos
  7. Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos
  8. Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos
  9. Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación
  10. Reducir la desigualdad en y entre los países
  11. Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles
  12. Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles
  13. Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos
  14. Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible
  15. Promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y frenar la pérdida de la diversidad biológica
  16. Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles
  17. Fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible

La definición completa de los objetivos y de las metas que debieran permitir su cuantificación puede verse en http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/.

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