Las dos caras de la malnutrición. Una metáfora de la irracionalidad del crecimiento insensato

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En algunas culturas y periodos, la obesidad es el símbolo de la felicidad. La imagen corresponde a un templo vietnamita. El texto de la flecha pide una donación para “pupilos y estudiantes pobres pero estudiosos”

Cuando se bucea un poco en los números que expresan cuestiones básicas de nuestro mundo no es raro encontrarse con situaciones difíciles de explicar. Un caso es el de la situación alimentaria. El del hambre, y no tanto por este como tal, sino por su coexistencia con la, al menos aparentemente opuesta, obesidad.

Pues bien, de esto va la entrada. De malnutrición, que, de acuerdo con un glosario de la FAO [1], es un “estado fisiológico anormal debido a un consumo insuficiente, desequilibrado o excesivo de macronutrientes o micronutrientes. La malnutrición incluye la desnutrición y la hipernutrición así como las carencias de micronutrientes”.

Hay muchas personas que pasan hambre [2]

De acuerdo con las mejores estimaciones disponibles [3], hoy casi 800 millones de personas (una de cada 9) no disponen de alimentos suficientes para llevar una vida saludable y activa, de las que la mayor parte viven en países con rentas bajas: en términos absolutos, en Asía viven las dos terceras partes del total, mientras que, en términos relativos, en África el 23% (casi una de cada cuatro personas) de la población sufre de desnutrición.

La nutrición insuficiente afecta especialmente a la infancia, hasta el punto de provocar casi la mitad (45%) de las muertes de niños menores de cinco años (3,1 millones de niños al año). Y sin llegar a la muerte directa, en el mundo, uno de cada cuatro niños padece retraso en el crecimiento, proporción que sube a uno de cada tres en los países de renta baja. En estos países, 66 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria acuden a clase hambrientos, y de ellos,  23 millones viven en África.

Su proporción se está reduciendo

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Evolución de la proporción de personas desnutridas en el mundo. Fuente: datos FAO

En el año 2000 la ONU proclamó los Objetivos del Milenio, que planteaban, entre otros, el de reducir a la mitad, en 2015 y en todos los países, la proporción de personas que padecen hambre respecto a los datos de 1990 [4]. En el gráfico se refleja la evolución de la prevalencia de la desnutrición a lo largo de ese periodo, apreciándose como, aun no habiendo logrado el objetivo numérico, sí se ha producido una reducción importante (en el entorno de ocho puntos porcentuales) [5].

Como continuación de los objetivos del Milenio, la ONU ha establecido los Objetivos de Desarrollo Sostenible que proponen, entre otras cosas, conseguir, en 2030, poner fin al hambre y asegurar el acceso de todas las personas, en particular de los pobres y de las personas en situaciones vulnerables, incluidos los lactantes, a una alimentación sana, nutritiva y suficiente durante todo el año. [6]

Hay suficientes alimentos para todos

Lo veíamos en detalle en una entrada anterior (“Al crecimiento por el hambre (¿o, quizá, viceversa?)”). Hay alimentos suficientes para todos, y holgadamente. No volvemos aquí sobre esto, que también resalta la FAO: “El hambre sigue siendo uno de los desafíos más urgentes del desarrollo, pero el mundo produce alimentos más que suficientes[7]

La producción de alimentos ha venido creciendo durante las últimas décadas

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Evolución de la producción mundial de alimentos, expresada en calorías alimentarias por persona y día. Fuente: datos de FAO

Y a un ritmo nada bajo. En el gráfico se refleja la evolución de la producción de alimentos en el mundo expresada en calorías alimentarias por persona y día. Como referencia, los requerimientos (que no el consumo) diarios de energía medios por país oscilan hoy entre 2.100 y 2.600 [8].

También hay muchas personas que sufren de sobrepeso [9]

Según los datos de la OMS [10], hoy casi dos mil millones de adultos (39% de la población mundial) tienen sobrepeso, de los cuales, más de 600 millones (13%) son obesos. Entre los niños menores de cinco años, más de cuarenta millones tienen sobrepeso o son obesos.

Por otra parte, y de acuerdo con las estimaciones de la FAO [11], el sobrepeso y la obesidad ya son el sexto factor de riesgo de defunción en el mundo, de forma que, cada año, fallecen alrededor 3,4 millones de personas adultas como consecuencia de ello. Además, se puede atribuir a sobrepeso y obesidad la responsabilidad del 44% de la diabetes, del 23% de las cardiopatías isquémicas y entre el 7% y el 41% de algunos cánceres, dándose la circunstancia de que la mayoría de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad se cobran más vidas que la desnutrición.

Su proporción crece

Así lo expresa la WHO diciendo que, desde 1980, a nivel mundial obesidad se ha más que duplicado [12] y lo corroboran Marie Ng et al. [13], que dicen que, en el conjunto mundial, la prevalencia de sobrepeso y obesidad combinados aumentó un 27,5% en adultos y un 47,1% en niños en el periodo 1980-2013. En valores absolutos, el número de personas con sobrepeso u obesidad aumentó desde 857 millones en 1980 a 2.100 millones en 2013. En todo el mundo, la proporción de hombres que tenían sobrepeso aumentó de 28,8% en 1980, a 36,9%  en el 2013, y la de mujeres de 29,8% a 38,0%.

Y combinándolo todo…

Aun estando claro que hablamos de cuestiones distintas (hablamos de producción energética por un lado y de hambre y de sobrepeso por otro), parece que los datos presentados invitan a una reflexión relativa a la ideología, hoy (muy) dominante, de la necesidad ineludible de un crecimiento económico importante a nivel mundial, si es que queremos avanzar en el proceso de desaparición del hambre.

Cierto es que podemos llegar a erradicar el hambre en el mundo, y de hecho estamos avanzando en esa línea, pero, simultáneamente, está creciendo otra pandemia hasta cierto punto opuesta, la del sobrepeso, hasta el punto que hoy la mayoría de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad se cobran más vidas que la desnutrición. Y todo ello en un contexto de crecimiento de la producción de alimentos.

Entonces, ¿debemos apostar por el crecimiento o hacerlo por una redistribución justa y humana de los alimentos?

Hoy es el mercado el que decide por nosotros y, en el tema de la nutrición, son las industrias agroalimentarias las que tiran de él, habiendo ya muchas voces proclamando su responsabilidad en la extensión de la repostería industrial y en la proliferación de bebidas azucaradas. ¿No debiéramos romper ese esquema y tomar nuestro destino en nuestras manos? ¿No podríamos llegar así a un mejor punto de equilibrio?

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2015“. http://www.fao.org/hunger/glossary/es/

[2] Hambre es sinónimo de subalimentación crónica, definiéndose esta como un “estado, con una duración de al menos un año, de incapacidad para adquirir alimentos suficientes, que se define como un nivel de ingesta de alimentos insuficiente para satisfacer las necesidades de energía alimentaria”. El resultado de la subalimentación es la desnutrición. Se refleja en  la insuficiencia ponderal (peso insuficiente) en relación con la edad, en la estatura demasiado baja para la edad (retraso del crecimiento), en la delgadez peligrosa en relación con la estatura (emaciación) y en el déficit de vitaminas y minerales (malnutrición por carencia de micronutrientes). http://www.fao.org/hunger/glossary/es/.

[3] Nos referimos a las de la ONU, en su racionalización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/hunger/) que sintetizan los contenidos en “The State of Food Insecurity in the World 2015” (FAO) http://www.fao.org/3/a-i4646e.pdf

[4] Puede profundizarse en este tema en http://www.un.org/es/millenniumgoals/poverty.shtml

[5] Los datos provienen de las estadísticas de la FAO: http://www.fao.org/faostat/es/#data/FS

[6] Puede profundizarse en esta cuestión en http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/hunger/

[7] En http://www.fao.org/food-loss-and-food-waste/es/ y en muchos otras referencias.

[8] Los valores provienen de los indicadores de la seguridad alimentaria de la FAO (http://www.fao.org/economic/ess/ess-fs/indicadores-de-la-seguridad-alimentaria/es/). También según la FAO,  se entiende por requerimiento de energía “la cantidad de energía necesaria para equilibrar el gasto energético necesario para mantener el tamaño corporal, composición corporal y un nivel de actividad física necesaria y deseable y para permitir un crecimiento óptimo y desarrollo de los niños, la deposición de los tejidos durante el embarazo y secreción de leche durante la lactancia, compatible con buena salud a largo plazo” (http://www.fao.org/docrep/007/y5686e/y5686e04.htm). Como es obvio a la vista de la definición, es tremendamente variable, en función principalmente del sexo, la edad y la complexión física de la persona y de su nivel de actividad, por lo que los valores que presenta tan sólo tienen validez estadística. “Human energy requirements” (FAO/WHO/UNU. 2001). ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/007/y5686e/y5686e00.pdf.

[9] De acuerdo con la FAO (http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs311/es/) , sobrepeso y obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Para su cuantificación estadística se utiliza el índice de masa corporal (IMC), que es sencillo, ya que tan sólo refleja entre el peso en kilos y la talla en metros elevada al cuadrado. Se considera que existe sobrepeso en adultos cuando el IMC supera el valor de 25 y obesidad cuando supera el de 30. Tiene una gran validez estadística, pero no puede aplicarse, sin más, a un caso individual.

[10] Hoja informativa de la WHO sobre obesidad y sobrepeso. 2016. (http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs311/es/)

[11] Notas previas preparadas para la Segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición (FAO. 2014). http://www.fao.org/about/meetings/icn2/preparations/document-detail/es/c/253843/

[12] Hoja informativa de la WHO sobre obesidad y sobrepeso. 2016. (http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs311/es/)

[13] Se trata del estudio más exhaustivo realizado hasta la fecha. Está publicado en The Lancet en 2014 y se titula “Global, regional, and national prevalence of overweight and obesity in children and adults during 1980–2013: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2013”. Es de acceso libre pero necesita registro previo. http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(14)60460-8/fulltext

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