Y si consiguiésemos erradicar la enfermedad y la muerte…

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Un poco apelotonados si estaríamos, sí… Imagen de la serie “¿Dónde está Wally?”, tomada de “Elmulticine.com“.

La idea de que la ciencia va camino de conseguir la inmortalidad es algo muy común y también deseado. Por ejemplo, Aubrey de Grey, al que califican de “célebre biogerontólogo”,  declaraba que: “Pensar que podemos vivir 1.000 años es una cifra conservadora[1].

Esta entrada no va de ciencia ficción, sea esta una visión adelantada del mundo o un puro sueño (quizá pesadilla). No va de la posibilidad o no de alcanzar esa inmortalidad, sino sobre lo que querría decir que eso llegase, más allá de que, como dibujaba Forges, tendríamos que soportar varios siglos sin Iniesta y su gol [2]. La idea es imaginar ese mundo futuro, en el que nadie enfermaría ni moriría, eso sí, sin cambiar nuestros hábitos profundos.

La previsión más fiable de la que hoy disponemos relativa a la evolución futura de la población mundial es la publicada por la División de Población de Naciones Unidas [3]. Pues bien, su estimación centrada para el presente siglo establece que, partiendo de una población mundial de 7.300 millones de personas en 2015, llegaremos en 2100 a los 11.200 millones, con un crecimiento de un 55%. En el gráfico se refleja esta previsión.

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Evolución prevista de la población a lo largo del siglo XXI, de acuerdo con las estimaciones centradas de la División de Población de Naciones Unidas (2015).

Estas previsiones responden a un ritmo esperado de nacimientos y defunciones, de forma que la población al final de un año es igual a la existente al inicio más los nacimientos y menos las defunciones que ocurren en ese año. En las estimaciones que venimos considerando, los nacimientos y defunciones esperados son los reflejados en el gráfico, expresados en periodos quinquenales.

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Evolución prevista de nacimientos y defunciones a lo largo del siglo XXI, de acuerdo con las estimaciones centradas de la División de Población de Naciones Unidas (2015).

Debe notarse que, detrás de las apariencias de estabilidad en nacimientos y de ascenso en defunciones, se esconde el hecho de que la población crece a lo largo del siglo, por lo que, realmente, la tasa bruta de nacimientos sigue una evolución decreciente mientras que la de defunciones experimenta un ligero aumento, como consecuencia del envejecimiento de la población. [4]

Pues bien, si suponemos que, por arte de magia (o por lo que sea) desde el pasado año de 2016 hubiesen desaparecido la enfermedad y la muerte (o hubiesen hecho un paréntesis de un siglo), las defunciones que prevé el informe no tendrán lugar y la población se incrementará mucho más rápidamente. El resultado sería la evolución que refleja el gráfico, en el que también se refleja la previsión con defunciones.

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Evolución futura de la población mundial en el supuesto de no defunciones desde 2016 y en comparación con la prevista real por Naciones Unidas. Elaboración propia a partir de los datos de los gráficos anteriores.

Se puede señalar también aquí que el crecimiento aparentemente lineal responde a una tasa de crecimiento decreciente. [5]

Numéricamente, en ausencia de defunciones, la población entre 2015 y 2100, en lugar de multiplicarse por 1,55 se multiplicaría por 2,60.

Y, si tenemos en cuenta que ya hay muchas voces clamando por la dificultad de que la tierra sea capaz de soportar la población que se le viene encima, ¿qué pensar si a esa población le añadimos otros ocho mil millones de personas, que son más que las que hoy coexistimos?

Aunque tal vez no haya que preocuparse mucho. Quizá, en ausencia de muertes por causas de enfermedad o vejez podríamos recurrir a muertes por hambre o en guerras declaradas para conseguir alimentos (o para respirar o acceder al agua potable…) Y esas muertes caerían entre los más débiles.

Porque, de la posibilidad de modificar nuestros hábitos, nuestra forma de relacionarnos con el mundo en que vivimos, ni hablar, que nos ha costado mucho alcanzar este estatus de sobreabundancia y desperdicio como para renunciar a él. Que, en el fondo, los que caerán serán los “otros”, que están peor preparados.

¿Y si nos arrastrasen en su caída y nos despeñásemos nosotros también?

Mal mundo éste en el que incluso la utopía de conseguir una vida sana y duradera, más que un sueño, tiene la forma de una de las peores pesadillas que uno pueda imaginar.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES  

[1] El País de 20 de octubre de 2016 

[2] Esta viñeta ya ha sido recogida en la entrada anterior “¿Hasta dónde queremos llegar?”. Puedes acceder directamente a la viñeta pinchando aquí: http://elpais.com/elpais/2015/02/27/vinetas/1425046008_511719.html

[3] Se trata de la publicación “2015 Revision of World Population Prospects”, cuyos texto, datos e informaciones complementarias son accesibles en https://esa.un.org/unpd/wpp/

[4] Expresadas en unidades por mil habitantes, entre los periodos 2015-20 y 2095-2100 las tasas pasan de 18,1 a 11,8 para los nacimientos y de 7,8 a 10,5 para las defunciones

[5] La tasa de crecimiento en el periodo 2010-15 ha sido del 1,2% anual, que, sin defunciones, se convertiría en el periodo 2015-20 en un 1,9%, para recuperar el 1,2 al final del siglo (periodo 2095-2100)

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