Cola de mujeres a la puerta de un váter

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Las mujeres no es que falten, es que son invisibles (Feria del Libro de Madrid de 2016)

Estaban dos mujeres en la cola para el váter y una le dice a la otra…

Que las mujeres muy habitualmente tienen que hacer cola para acceder a un váter público y que esto no les ocurre a los hombres es algo que cualquiera puede observar y que debiera ser motivo de reflexión.

Lo decía Leo Heller hablando de la desigualdad de género en el campo del agua y del saneamiento: “el diseño de los váteres públicos es un claro ejemplo de proyecto hecho por hombres y para hombres”. [1]

Si lo miramos con un poco de atención, vemos como, sistemáticamente, la superficie total destinada a los váteres se divide a partes iguales entre las zonas destinadas a hombres y a mujeres, en ocasiones incluyendo la zona de las mujeres el servicio de “atención” a niños.

Esta división “igualitaria” conduce a la “cola de mujeres a la puerta de un váter” que da título a la entrada y que es tema obvio para chistes más o menos casposos. Nada de pensar que el hecho de ser sistemáticamente las mujeres las que han de hacer cola está gritando que las necesidades de unas y otros son distintas, que la igualdad en el acceso al váter puede (en váteres separados) obligar a destinar mayor superficie a la zona de mujeres que a la de hombres.

Cierto, puede que no sea esta la cuestión fundamental, pero sí es una entre muchas, a la que quizá se podría añadir la resistencia de algunas mujeres a ir solas a un váter público.

Esto, que, como parece inevitable, también es objeto de comentarios chistosos fuera de lugar, podría ser visto como reflejo de un temor, actual o atávico. El Informe del Relator Especial sobre el Derecho Humano al Agua Potable y al Saneamiento de julio de 2016 [2], dice textualmente:

Las mujeres temen la violencia de los hombres en los baños públicos y los lugares de defecación al aire libre, así como en los caminos que conducen a ellos. Al parecer, algunas mujeres y niñas que buscaban un lugar para defecar han sido objeto de comentarios groseros, apedreamientos, apuñalamientos y violaciones. La violencia de género también se produce en lugares destinados a recoger agua, bañarse y lavar la ropa. Las agresiones sexuales a niños varones constituyen al parecer un fenómeno común e insuficientemente reconocido que es objeto de escasa atención, ya que la vergüenza y las restricciones o tabúes culturales sobre la homosexualidad disuaden a los niños de denunciar tales agresiones”.

Sí, en el campo del agua no sólo existe lo que habitualmente llamamos desigualdad de género a que nos referíamos en la entrada “La desigualdad de genero también en el agua”. También la violencia explícita de género está muy presente.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Leo Heller es el actual Relator Especial sobre el Derecho Humano al Agua Potable y al Saneamiento. La cita proviene de una charla organizada por ONGAWA  que tuvo lugar en Madrid el pasado 14 de diciembre.

[2] Se trata del segundo informe de 2016 (https://documents-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/G16/167/00/PDF/G1616700.pdf), que se centra en la desigualdad de género y que es de lectura obligada.

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