El cambio climático explicado en pocas palabras

El cambio climático que estamos viviendo está en la base de la necesidad imperiosa y urgente de reducir nuestro impacto sobre el planeta, de decrecer. Por otra parte y simultáneamente, hay voces que dicen dudar de la existencia de tal cambio o, al menos, de que sea esencialmente debido a la actividad humana; que, siendo el clima tan variable como es, resulta imposible la atribución de responsabilidades a sus variaciones.

Ciertamente podríamos entrar en el fondo de la cuestión y hablar de la gran diferencia que existe entre el “tiempo meteorológico” (variable) y el clima (estable a medio plazo, hasta ahora), pero, en lugar de eso, ya tratado en muchos foros [1], hemos preferido plantear una semejanza.

Pensemos en una persona que cada día laborable acude a su trabajo en su propio coche, circulando por una autopista, y supongamos que, por la razón que sea, esa persona decide incrementar su velocidad ligeramente cada semana. Que, partiendo de una velocidad normal, pongamos por ejemplo de 100 km/h, cada semana la sube un poquito, algo difícilmente perceptible, 1 km/h por ejemplo.

En esas condiciones, la segunda semana estaría circulando a 101 km/h, al cabo de diez semanas lo haría a 110 km/ y al cabo de un año ya estaría circulando a más de 150 km/h.

Cómo no puede ser menos, un día determinado nuestro conductor sufrirá un accidente y el atestado se planteará cuáles han sido las causas. Cierto es que el accidente podrá ser atribuido a la lluvia, a una distracción del conductor, atendiendo a su móvil, o a cualquier otra causa distinta de la velocidad excesiva.

Pero también es cierto que las probabilidades de accidente han estado creciendo a lo largo del tiempo por causa del incremento de la velocidad y, aunque en el caso concreto pudiera haber otra causa principal, es indudable que, en un momento u otro, el accidente habría llegado. Incluso si el conductor se recupera y persevera en su “apuesta”, es seguro que sufrirá un nuevo accidente, más duro que el anterior.

Volvamos ahora al cambio climático. Tenemos datos de la temperatura media del planeta y su evolución que dicen que está creciendo de un tiempo a esta parte, como se aprecia en el gráfico.

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Evolución de la temperatura media anual del planeta tomando como referencia la media de las temperaturas del siglo XX. Fuente: US National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA).

Sabemos que la temperatura terrestre es el resultado del balance entre la energía entrante (proveniente del sol) y la saliente (reflejada y radiada) y que en este balance interviene el llamado “efecto invernadero”, que “filtra” la energía saliente y da lugar a que la tierra se mantenga más caliente que lo que le correspondería si esa filtración no existiese [2]. También sabemos que el efecto de ese “cristal”, en la atmósfera, lo producen distintos gases, llamados gases de efecto invernadero, entre los que está el vapor de agua, pero también el CO2, el metano, el óxido nitroso…

Pues bien, también tenemos datos de cómo la concentración de esos gases ha estado creciendo en las últimas décadas de manera significativa, como se aprecia en el gráfico.

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Concentración de CO2 en la atmósfera. Medidas correspondientes al observatorio de Mauna Loa, en Hawaii, que dispone de la serie temporal más larga. Fuente: US National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA).

También tenemos datos de cómo las emisiones de gases de efecto invernadero han estado creciendo de una forma regular a lo largo de los últimos tiempos [3] y que estas emisiones, fundamentalmente, están asociadas con las actividades humanas, y en especial con la utilización de combustibles carbonosos (carbón, gas o petróleo), sea en transporte o en otros usos energéticos [4].

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Evolución temporal de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Es de notar cómo prácticamente todo el crecimiento se debe al del CO2 emitidos por el uso de combustibles carbonosos. Fuente: Banco Mundial.

Si recopilamos un poco lo dicho, vemos cómo el cambio climático está en marcha (la velocidad de nuestro conductor está subiendo), cómo es nuestra actividad la que está causando el cambio (es nuestro conductor el que decide ir más deprisa cada semana) y cómo, si mantenemos nuestra apuesta por el crecimiento, nos encaminamos a un accidente grave

Pero incluso sabemos todavía un poco más. Podemos incluso desentrañar las causas de los accidentes que ya han ocurrido, discernir entre los que son imputables al cambio climático (al exceso de velocidad) y aquellos que no lo son directamente (los imputables al pavimento mojado o a la distracción del conductor). Disponemos para ello de modelos que reproducen razonablemente la evolución temporal del clima en función de las medidas de los parámetros que lo rigen, un ejemplo de cuya utilización es que se refleja en el gráfico que sigue [5].

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Gráfico tomado de “Extreme event attribution: the climate versus weather blame game” (R. Lindsey) en el que se refleja la evolución temporal de las medidas reales de la temperatura media del planeta (línea negra) y de los resultados de los modelos, en condiciones reales (roja oscura) y en las mismas condiciones pero habiendo eliminado la influencia de las emisiones de CO2 consecuencia de la actividad humana (naranja). Se usa como referencia la media real del periodo 1881-1920 (línea gris)

El gráfico pone claramente de manifiesto que la temperatura record de 2015 (y todavía más la de 2016 y el hecho de que 16 de los 17 máximos hayan tenido lugar en este siglo [6]) no es fruto de la variabilidad natural del clima sino que son consecuencia de nuestra actividad y, concretamente, de nuestras emisiones de CO2, de igual manera que era inevitable el accidente de nuestro conductor, en un día de lluvia o atendiendo al móvil.

Una nota final para los que consideren que un grado centígrado de diferencia en la temperatura es muy poco. Un grado es poco o mucho dependiendo del proceso del que estemos hablando. Evidentemente, en la forja del acero o en la cocina un grado es poco, pero referido a procesos biológicos, como la temperatura corporal humana, en tan sólo 5 ⁰C está la diferencia entre morir por hipo o por hipertermia. Para valorar lo que puede representar una variación de menos de 1 ºC en la temperatura del planeta puedes ver, por ejemplo, las entradas anteriores de la serie “El año sin verano de 1816”.


EFEMÉRIDES

Hoy, 4 de junio, cuando cierro esta entrada, el calendario del agua, el saneamiento y la higiene (puedes acceder a él desde la entrada “Pensando en agua, saneamiento e higiene, ¿sabías que…?” o bien directamente pinchando aquí (http://www.ongawa.org/un-ano-de-acciones-por-el-agua-el-saneamiento-y-la-higiene-como-derechos-humanos/) te dice que “A través de las manos sin lavar se transmite la influenza, el Síndrome Respiratorio Agudo Grave, el Estafilococo Dorado Resistente a la Meticilina, la disentería, la shigelosis y la diarrea, entre otras”.

Alrededor del tema, te anima a compartir el post “Higiene ¡¡hombre!!” del Banco Interamericano de Desarrollo.


NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Es preciso señalar que cuando se habla de la variabilidad del clima se está haciendo un juego de palabras. Lo que es variable es lo que habitualmente denominamos “el tiempo”: hay días que llueve y otros que no, por ejemplo. El clima, que sí que ha experimentado modificaciones a lo largo del tiempo (baste recordar que en algunos periodos el desierto del Sahara ha sido un vergel), es esencialmente estable, de forma que buena parte de los refranes siguen manteniendo su validez, como por ejemplo el que dice que “en abril, aguas mil”. La variabilidad del “tiempo meteorológico” forma parte de la estabilidad climática de la que hablamos. Esta cuestión no se trata aquí, pero si quieres  entrar algo más en el tema puedes leer el artículo  “¿Cómo podemos predecir el año más cálido si las previsiones meteorológicas son tan inciertas?” (M. A. Rawlins).

[2] El nombre de “efecto invernadero” define bien su esencia. Es el mismo que da lugar al calentamiento bajo los efectos de la luz solar de los recintos acristalados (invernaderos) o de un coche al sol. La causa es que el cristal permite el paso de la energía entrante (de unas determinadas longitudes de onda) pero no el de la saliente (radiación de los objetos del interior, de otras longitudes de onda).

[3] Una característica de los gases de efecto invernadero que no hemos señalado hasta el momento es su persistencia en la atmósfera. Sabemos que la gran mayor parte de los gases de efecto invernadero que llegan a la atmósfera no desaparecen sino que se mantienen en ella durante varias, muchas, décadas, lo que hace que los efectos de las emisiones sean también muy duraderos y que, incluso, si las emisiones se anulasen bruscamente, esta anulación tendría efectos tan sólo a largo plazo.

[4] Las industrias cementeras, que se referencian en el gráfico, son responsables de una parte significativa de las emisiones de CO2 (del orden del 5%), fundamentalmente por causa de su elevado consumo energético y por su gran extensión. Se citan en el gráfico tan sólo por formar parte de las series estadísticas más largas de las que disponemos.

[5] El gráfico está publicado en el sitio de la US National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA). En él se cita como origen “Multimodel assessment of anthropogenic influence on record global and regional warmth during 2015” (J. Kam y otros) en “Explaining extreme events of 2015 from a climate perspective” (Special Supplement to theBulletin of the American Meteorological Society. Vol. 97, No. 12, December 2016). Los valores derivados de la modelización corresponden a la media de ocho modelos climáticos.

[6] El dato correspondiente a 2016 y el ranking de las temperaturas provienen de la US National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA). Como curiosidad, el año que impide el pleno de 17 años sobre 17 es 1998.

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