Así era el Valladolid de antes del alcantarillado

Coincidiendo con el día mundial del saneamiento, ONGAWA montó una instalación en la Puerta de Alcalá de Madrid bajo este lema: “El avance médico más importante de los últimos 175 años”, refiriéndose, precisamente, al saneamiento. Puedes ver la instalación aquí: https://www.youtube.com/watch?v=MwoWiHkRYeM

El avance médico más importante de los últimos 175 años” proclamaba ONGAWA refiriéndose al saneamiento y haciéndose eco de lo que publicaba hace unos años el British Medical Journal [1], que añadía que “el saneamiento inadecuado sigue siendo un importante problema en el mundo en desarrollo“.

Y es que, si “la historia de los hombres se refleja en la historia de las cloacas”, como escribía Victor Hugo en “Los Miserables”, esta pone de relieve que hoy 2.400 millones de personas carecen de acceso a servicios básicos de saneamiento, como retretes o letrinas [2], de las que casi 1.000 millones no disponen de instalación alguna y defecan al aire libre [3].

Quizá sea porque sólo se trata de números o, tal vez, porque los que sufren esa situación viven lejos de aquí, pero el hecho es que nos es difícil sentir lo que representa la ausencia de saneamiento. Para nosotros, disponer de saneamiento es algo natural, forma parte incluso del paisaje.

Pero eso no ha sido siempre así. A mediados del siglo XIX empiezan a ejecutarse los primeros saneamientos modernos en las grandes capitales europeas (Hamburgo, París, Londres…). En España los nuevos saneamientos se retrasan unas décadas, dando comienzo a finales de siglo, cuando se proyectan los primeros (Valladolid, Bilbao, Barcelona…).

Portada del proyecto de saneamiento de Valladolid (1890)

Podemos acudir al proyecto del saneamiento de Valladolid (1890) [4] para intentar hacernos una idea de cuál era la situación entre nosotros [5] y lo que puede representar el disponer de saneamiento. Empieza diciendo: “el estado actual del saneamiento en Valladolid no puede ser más deplorable; en la mayor parte de los casos las materias fecales y aguas sucias de las viviendas van a parar a pozos negros colocados o en la vía pública, o en los patios interiores de las fincas[6], lo que se traducía en “numerosos perjuicios por lo que a la salud pública afecta”. Se refiere directamente a que “los pozos y alcantarillas permeables van inficionando el subsuelo de la población y son, a no dudarlo, el origen de numerosas enfermedades y causa importante de la excesiva mortalidad que en ella se nota”.

La limpieza frecuente de los pozos negros, aunque practicada a las altas horas de la noche, se lleva a efecto por los procedimientos más primitivos, y a más de apestar los alrededores del punto en que se ejecuta por modo insoportable, y de los inconvenientes que para la pública salud acarrea, es un espectáculo que habla muy poco en favor de la cultura e importancia de la población.

Los retretes y sumideros de las cocinas, desprovistos de aparatos interceptores de los gases que se desprenden de los pozos y alcantarillas, y constituyendo en muchos casos la sola ventilación de estas cloacas, infestan las habitaciones con sus miasmas y son también origen de numerosas enfermedades infecciosas.

En lo que a salud pública se refiere, establece que en Valladolid la mortalidad bruta asciende a “38,2 por 1.000 habitantes, referido según se ha indicado a la población de 66.400 almas”, añadiendo que “desconsoladora es esta cifra si se compara con las de las principales ciudades extranjeras [se refiere a Paris, Berlín, Londres y Bruselas, a las que más adelante añade Glasgow, Liverpool, Edimburgo, Burdeos, Viena, Turín, Nápoles y Roma]” y apostillando que las cifras “manifiestan cuán lejos estamos de reunir las condiciones de salubridad de tan importantes centros de población”.

Analiza las enfermedades infecciosas, siguiendo su rastro de sus muertos a lo largo de los dos brazos del río Esgueva, que drenan buena parte de las deyecciones, y del Prado de la Magdalena, donde las aguas subterráneas casi afloran en superficie. Observa también que “los demás focos que se observan en la población deben atribuirse a las malas condiciones higiénicas de las viviendas […/…] y también a las emanaciones de los pozos y alcantarillas filtrantes de que está Valladolid cuajado”.

Tiene su interés el análisis la epidemia de cólera del verano de 1885, que causó la muerte de 607 personas (casi un 1% de la población) en una época en la que las grandes ciudades europeas ya estaban a salvo de esa epidemia [7]. Es dramática la referencia a dos establecimientos especiales: “en el Manicomio provincial, con 5oo asilados, la mortalidad debida al cólera llegó a 128 por 1.000 [uno de cada ocho] y en el Hospital provincial, con 200 enfermos, subió a 255 por 1.000 [uno de cada cuatro], cifras que ponen muy claro de manifiesto cuan malas eran las condiciones higiénicas que reunían aquellos establecimientos[8].

Y del cólera pasamos al acceso al agua potable. “Pocas poblaciones disfrutan hoy de un surtido de aguas tan completo como el de Valladolid”, se lee en el proyecto, que remacha “resulta por tanto Valladolid, por lo que respecta a cantidad y calidad de agua disponible, en circunstancias hoy excepcionalmente ventajosas, que desgraciadamente no pueden aprovecharse, ni por el Municipio ni por los particulares, atendida la dificultad con que se tropieza en los desagües”, porque “las aguas subterráneas contaminadas por las materias fecales, resultan hasta inadecuadas para la bebida de los animales, que rehúsan de ellas.

También estudia la dificultad para utilizar directamente aguas superficiales: “Cuando los pozos, tapizadas sus paredes por las materias que las aguas sucias llevan en suspensión, llegan a hacerse impermeables, los propietarios de las viviendas que los utilizan, rehúsan el servicio del agua potable en el interior de ellas, porque el agua a discreción, llenando los pozos en breve tiempo, obliga a limpiarlos con frecuencia e introduce así un gravamen anual insoportable para la finca. Hay propiedad en Valladolid que ocasiona a su dueño un gasto por este concepto de mil quinientas á mil setecientas cincuenta pesetas anuales.

Por esta causa la mayoría de las viviendas de la población se ven en la imposibilidad de utilizar las aguas del Duero, y sus habitantes privados de un elemento tan necesario para el bienestar e higiene de la vida”.

Después de pasar revista a cómo la ejecución del saneamiento ha mejorado la salubridad de París, Bruselas, Frankfort, Hamburgo y Berlín y reducido su mortalidad (“La conveniencia de éstas es tan palmaria por lo que se refiere a la mejora higiénica […/…] que basta una ligera indicación de los resultados conseguidos por el saneamiento en otras poblaciones, para aconsejar la ejecución del mismo aquí, donde tanto se echa de menos), concluye que “si Valladolid no quiere vivir constantemente envuelto en sus propias deyecciones y sufrir las consecuencias de semejante situación, es indispensable que salga de ella, ejecutando las obras necesarias para conseguirlo”.

Y ese vivir envuelto en las propias deyecciones es el caso de los al menos 1.800 millones de personas (sí, la cuarta parte de la población mundial) que hoy únicamente tienen acceso a fuentes de agua contaminadas con materia fecal [9].

Porque Valladolid abordó, renqueando, la financiación: “he tratado también de conciliar en lo posible, el importe total de la obra con los recursos con que el Municipio puede contar, con objeto de no hacer el sacrificio que éste va por de pronto a imponerse, de todo punto incompatible con los medios a su alcance”, pero muchos otros no. y no está de más recordar que allá, por 1890, prácticamente la totalidad de África y del sur y sureste asiático estaba sometida a las potencias occidentales. Esta cuestión de la influencia del colonialismo en la historia del saneamiento la tratamos ya en la entrada “Londres y Delhi. Tan cerca y tan lejos (en alcantarillado)”.


EFEMÉRIDES

Para el día 31 de julio, cuando preparo esta entrada, el calendario del agua, el saneamiento y la higiene (puedes acceder a él desde la entrada “Pensando en agua, saneamiento e higiene, ¿sabías que…?” o bien directamente pinchando aquí  te dice que “El consumo de agua se ha triplicado en aproximadamente los últimos 50 años, llegando, según Toni Lodeiro, a los 55.000 litros por persona y año en la UE (consumo directo y el incorporado en bienes y servicios)”.

En esa línea, te anima a descargar el libro “Consumir menos, vivir mejor” de Toni Lodeiro y a aplicar los consejos recogidos en su capítulo 8, dedicado al agua (puedes descargar el libro pinchando aquí).


NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] En el número de 20 de enero de 2007 se decía, literalmente que “los lectores de BMJ eligen saneamiento como el mayor avance médico desde 1840” (http://www.bmj.com/content/334/7585/111.2), apoyándose en una votación organizada para celebrar el 175 aniversario de la revista. La votación se hizo sobre una selección previa de los 15 mayores hitos, entre los que estaban la penicilina, las vacunas o la anestesia, por ejemplo (http://www.bmj.com/content/334/suppl_1/s2).

[2] Citado en la presentación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Objetivo 6: Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos) que publica Naciones Unidas y accesible aquí

[3] Dato tomado del Informe  de los Objetivos de Desarollo Sostenible de 2016 (Naciones Unidas), accesible aquí.

[4] El proyecto original, redactado en 1890 por el ingeniero higienista R. Uhagón,  es accesible en http://bibliotecadigital.jcyl.es/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=10071415

[5] De acuerdo con lo que se recoge en “La historia del alcantarillado en Valladolid” (Aguas de Valladolid, accedido en 1º de mayo de 2017), visto hoy, “es claro el avance que el conjunto de este proyecto representa en una ciudad que hasta esa fecha había recurrido a diversas soluciones como arrojar las inmundicias a la vía pública o a los patios interiores, verterlas a las “esguevas”, o contaminar el subsuelo filtrándolas en pozos negros”. En Valladolid, ubicada en la confluencia de varios cauces (Esgueva, Pisuerga y Duero) el sistema “en operación” en el  momento de redactar el proyecto era “la desviación de los cauces de agua naturales de menor tamaño en varios ramales o “esguevas” que recogían todos los aportes de inmundicias de la ciudad, vertiendo luego al cauce principal en distintas desembocaduras”.

[6] Todas las referencias en cursiva para los que no se indique lo contrario son reproducciones literales del “Proyecto General de Saneamiento de Valladolid” (R. Uhagón. 1890).

[7] La afirmación que se hace en el texto es general, con la única salvedad de Hamburgo. En la entrada “Yo soy antihospitalario. El cólera, la medicina y el alcantarillado” se recoge esa excepción, explicando que “Hamburgo, paradigma, entonces, del liberalismo y que disponía de sistema de abastecimiento desde 1848, era la única ciudad importante europea que, captando agua de río (el Elba), no la sometía a filtración“.

[8] El total de 607 defunciones no incluye las ocurridas en el Hospital y en el Manicomio provinciales, que, por sí solas, suman 115 defunciones.

[9] Citado en la presentación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Objetivo 6: Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos) que publica Naciones Unidas y accesible aquí.

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