Cosas que dicen los gráficos. La participación de los combustibles fósiles en el consumo energético mundial

Un gráfico no muy visualizado y que complementa otras visiones [1]. Refleja la evolución de la participación relativa de los distintos combustibles [2] en el total de la energía que consumimos entre todos. Expresa qué porcentaje de cada unidad de energía que consumimos proviene de la biomasa, del carbón, del petróleo, del gas o de la nuclear.

El gráfico empieza en 1800, cuando la práctica totalidad de la energía usada por la humanidad  era de origen bio: humana, animal o vegetal, es decir, procedía de fuentes renovables, aunque, aviso, eso no quiere decir que fuera un esquema sostenible. Basta pensar en la tremenda deforestación no revertida que tuvo lugar en toda Europa antes del boom del carbón.

Pese a su sencillez, el gráfico aporta algunas impresiones relevantes:

  • En el entorno de 1840 se inicia el despegue del carbón, que alcanza su punto culminante unos 70 años después, cuando representa más del 50% de la producción energética total. Aproximadamente entonces (1920) despega el petróleo cuya participación en el total consumido va creciendo hasta un clímax, que se queda ligeramente por debajo del 40% del total y tiene lugar alrededor de 1970. En ese momento, el carbón ha perdido peso hasta menos del 30%.
  • El gas despega algo después, hacia 1940, ascendiendo su participación en el total de una forma continuada pero más suave que en los casos de carbón y petróleo, pareciendo haber alcanzado el máximo recientemente. Se queda en algo menos del 25%.
  • Por fin, la nuclear. Aparece con entidad algo después de 1980, asciende de una forma todavía más tendida y se sitúa como máximo en el entorno del 5%, en lo que parece ya su participación máxima.

¿Qué podemos extraer de todo esto? Sencillamente que la incorporación de una nueva fuente de energía cada vez va siendo más lenta y  alcanza un máximo cada vez más bajo. No es que de tres casos se puedan extraer conclusiones generales para el futuro, pero es que, además, responde a criterios lógicos evidentes. En este esquema de crecimiento, cada vez que aparece una nueva fuente de energía, esta debe competir con un mayor volumen de energía ya a disposición, por lo que su ascenso es más difícil, al igual que lo es la participación máxima que podrá alcanzar. En 1900, cuando la producción energética era de alrededor de mil millones de Toneladas Equivalentes de Petróleo (TEP), una nueva fuente necesitaba aportar unos 430 millones de TEP para alcanzar el 30% de share. En 2000 con una producción de unos 9.000 millones de TEP, la eventual nueva fuente necesitaría unos 3.850 millones (nueve veces más), para conseguir la misma participación. Razonablemente, a la nueva fuente le será más difícil introducirse con una penetración significativa, le tomará más tiempo hacerlo y llegará menos alto. Salvo que cambiemos alguna de las bases de la situación, como puede ser la de crecer,  por ejemplo.

También se aprecia cómo desde  desde la segunda guerra mundial, hace ya 75 años, no hemos incorporado a nuestro mix ninguna nueva fuente que haya tenido un mínimo impacto en el total. El intento de hacer de la nuclear una fuente importante ha resultado, al menos hasta ahora, una apuesta fallida, que apenas ha despegado pese a sus ya décadas de antigüedad en el mercado. Hoy, tan avanzados como pensamos que somos, seguimos necesitando de esas otras energías tan antiguas y tan sucias como el carbón o el petróleo.

Pero no debéis preocuparos, dicen, que, cuando realmente la necesitemos, la nueva energía estará a nuestra disposición. Es sólo cuestión de fe.


EFEMÉRIDES

Para el día 26 de agosto, cuando reviso esta entrada, el calendario del agua, el saneamiento y la higiene (puedes acceder a él desde la entrada “Pensando en agua, saneamiento e higiene, ¿sabías que…?” o bien directamente pinchando aquí) te dice que “En determinados lugares de Uganda no se permite a las mujeres sembrar si tienen la regla porque creen que provocará cosechas pobres”.

En esa línea, te anima a descubrir más falsos mitos, que contribuyen a que la higiene menstrual siga siendo un tema tabú, en la infografía #MenstruationMatters.


NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Datos tomados de M. Roser (2016) en “Energy Production & Changing Energy Sources”, accesibles en “OurWorldInData.org” y que los referencia a la publicación de 2010 “Energy Transitions (History, Requirements, Prospects)” (V. Smil), sin accesibilidad pública. Los datos cubren el periodo desde 1800 hasta 2008.

[2] En la evolución general estaríamos dejando fuera, en los periodos iniciales y como combustible fósil, la turba, combustible de una cierta trascendencia en la relación entre naciones pero que no fue soporte, en ningún momento, de la economía mundial y que fue desplazada por el carbón con rapidez y generalidad. También han quedado fuera la hidroeléctrica y la eólica, si bien es preciso señalar que, en todo momento, las energías representadas han supuesto bastante más del 95% de la energía consumida total.

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