Pero, ¿para qué consumimos tanta energía?

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La impagable Mafalda de Quino. Tomado de “The JAJAJA Times

No sé si todos somos conscientes de que nuestro consumo energético por persona, el de los españoles, es tan sólo de alrededor de la tercera parte (el 36%) del consumo en USA [1] y que, pese  a ello, la gran mayoría de nosotros consideramos que en España se vive mejor que allí, aunque esto es sólo una intuición.

También parece cierto que en países cuyo consumo energético per cápita es del orden del 36% del nuestro ya sí consideran (también es una intuición) que en España se vive mejor. Estamos hablando de Albania, Armenia, Ecuador, Egipto, Indonesia, Moldavia y Túnez [2], pero lo mismo amplificado se puede decir de países con un consumo todavía inferior.

Avalar o rechazar las intuiciones anteriores no es asunto sencillo, dada la subjetividad y lo poliédrico del concepto “vivir mejor”, que no parece ser algo susceptible de ser expresado en términos numéricos [3].

Una aproximación numérica que tiene una cierta neutralidad es la expresada por el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la ONU. El IDH, que nació en 1990, “es un índice compuesto que se centra en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: tener una vida larga y saludable, que se mide por la esperanza de vida al nacer; la capacidad de adquirir conocimientos, que se mide por los años de escolaridad y los años esperados de escolaridad; y la capacidad de lograr un nivel de vida digno, que se mide por el ingreso nacional bruto per cápita. El límite superior del IDH es 1 [en la entrada utilizamos el valor del Índice multiplicado por 100]” [4]. Aunque adolece de muchos inconvenientes, presenta la ventaja de utilizar exclusivamente parámetros que pueden ser medidos de forma objetiva.

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Conceptualización de las dimensiones del desarrollo humano, de acuerdo con el “Informe sobre Desarrollo Humano 2015”. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Si aceptáramos la convicción dominante del “cuanto más mejor”, sería lógico esperar que el IDH creciese al hacerlo el consumo energético, máxime si se tiene en cuenta que uno de los componentes del IDH es el poder adquisitivo, la renta, y ya hemos visto en una entrada anterior (“Cosas que dicen los gráficos. Consumo de energía versus poder adquisitivo“) que estas variables se relacionan muy bien de forma linealmente creciente.

La sorpresa surge cuando representamos en un gráfico, para cada país, el IDH en relación con el consumo energético [5]. Cada punto representa a un país y se han resaltado, como referencia, los puntos correspondientes a España y USA. Se han dibujado también unos segmentos que permiten establecer un límite superior (aproximado) de la zona en que existen puntos.

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Relación entre consumo energético e Índice de Desarrollo Humano (ONU). Elaboración propia a partir de datos del Banco Mundial en cuanto al consumo energético  y de Human Development Data (1980-2015).

Se aprecia cómo, ciertamente, existen países para los que lo esperado se cumple: por debajo de un consumo de unos 800 kg de petróleo equivalente, un pequeño crecimiento en el consumo energético se traduce (o puede traducirse) en un gran aumento del IDH. El bienestar de estos países parece estar condicionado por su baja disponibilidad energética.

Pero, una vez superado el valor de los citados 800 kg de petróleo equivalente el crecimiento se suaviza, hasta el punto que una vez superados los aproximadamente 2.600 kg de petróleo equivalente (por casualidad, en el entorno del consumo español) el IDH parece absolutamente independiente del consumo. Incrementos en el consumo no aumentan para nada el IDH.

Contra lo expuesto se puede razonar que el IDH no deja de ser un índice convencional que está limitado al valor 100 y que difícilmente puede subir (mucho) en las cercanías de ese límite. Se podría contestar que el índice, como hemos señalado, tiene entre sus componentes el poder adquisitivo y que este tiene una relación lineal creciente con el consumo energético, por lo que, si el índice deja de crecer, tiene que haberlo hecho las otras componentes.

Pero más sencillo que eso es ver qué pasa con las otras dos componentes, también gráficamente [6]. En los dos gráficos que siguen se reflejan las relaciones entre el consumo energético y la esperanza de vida al nacer [7] y los años esperados de escolarización [8].

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Relación entre consumo energético y esperanza de vida al nacer. Elaboración propia a partir de datos del Banco Mundial en cuanto al consumo energético y de Human Development Data (1980-2015).

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Relación entre consumo energético y años esperados de escolarización. Elaboración propia a partir de datos del Banco Mundial en cuanto al consumo energético  y de Human Development Data (1980-2015).

Los gráficos hablan por sí mismos y ambos corroboran lo que exponíamos más arriba: mientras que, cuando el consumo energético es muy bajo, el bienestar parece estar limitado por esta disponibilidad energética, una vez superado un umbral, que se sitúa en el entorno del consumo español, no parece que de mayores consumos derive ningún beneficio en términos de bienestar (nos hemos referido a dos parámetros básicos, como son la esperanza de vida al nacer y la esperanza de escolarización).

Es claro que lo que antecede no es una demostración pero si permite afirmar que, mientras que hay razones suficientes para pensar que superar un consumo energético por persona de aproximadamente 2.500 kg de petróleo equivalente por año, que es el consumo español hoy, es puro despilfarro, no hay nada que avale las ventajas que en el bienestar tiene un sobreconsumo energético.

Pero, simultáneamente, también hay razones para pensar que la desigualdad tremenda que existe entre países pudiera hundir sus raíces en la falta de disponibilidad de energía en los países más pobres.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Según los datos del Banco Mundial, en España el consumo medio de energía per cápita es de  2.503 y en USA 6.916, datos todos ellos de 2013 y expresados en kg equivalentes de petróleo.

[2] El consumo per cápita que corresponde a un 36% del consumo español es de 906 kg  equivalentes de petróleo. De acuerdo con los datos del Banco Mundial en el entorno de ese consumo (datos 2013) se encuentran Albania, Armenia, Ecuador, Egipto, Indonesia, Moldavia y Túnez.

[3] De eso se aprovecha la “economía”, que cuantifica el bienestar exclusivamente en términos de dinero, en términos de Producto Interior Bruto (ver, por ejemplo, la entrada “Algunos dogmas de la religión económica“)

[4]Informe sobre Desarrollo Humano 2015”. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

[5] En el gráfico no se han representado los países  con población inferior a 1,5 millones de personas y se ha limitado el eje de abscisas al valor de 10.000 kg equivalentes de petróleo por año, lo que deja fuera exclusivamente a Qatar, que, como se exponía en la entrada “Cosas que dicen los gráficos. Consumo de energía versus poder adquisitivo” es atípico tanto por su nivel de renta como por su consumo energético, exageradamente elevados.

[6] Como se ha dicho previamente, el IDH incorpora la capacidad de adquirir conocimientos mediante la medición de los años de escolaridad y de los años esperados de escolaridad. Aquí hemos reflejado exclusivamente el segundo indicador principalmente por no sobrecargar la entrada pero también por entender que el indicador relativo a los años de escolaridad incorpora una parte muy importante de la situación en años pasados y relativamente lejanos. Se define como el  “número promedio de años de educación recibidos por las personas de 25 años o más, calculado a partir de los niveles de logros educativos utilizando la duración oficial de cada nivel. “Informe sobre Desarrollo Humano 2015”. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

[7] Esperanza de vida al nacer: número de años que se espera que viva un recién nacido si los patrones de las tasas de mortalidad por edad vigentes en el momento del nacimiento se mantienen a lo largo de la vida del lactante. “Informe sobre Desarrollo Humano 2015”. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

[8] “Años esperados de escolaridad: número de años de escolaridad que puede esperar recibir un niño en edad de comenzar la escuela si los patrones vigentes de las tasas de matriculación por edad se mantienen a lo largo de la vida del niño”. “Informe sobre Desarrollo Humano 2015”. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

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