Una pareja, la lavadora y la factura de la luz

Etiqueta oficial que describe las características básicas de una lavadora real en el nivel máximo de eficiencia energética

Érase una vez una pareja que utilizaba una vieja lavadora que, después de varias décadas de servicio, decidió dejar de funcionar. No tenía certificación energética pero sí tantos años que murió de puro vieja, por múltiples achaques.

Y nuestra pareja tuvo que ir a una tienda, a por una nueva.

Habían leído en un libro, que hablaba de esos “pequeños gestos para reducir nuestro impacto”, que debían elegirse los electrodomésticos con la mayor eficiencia energética (mejor A+++ que A+, por ejemplo). Llenos de conciencia decidieron, no sólo que la nueva lavadora estaría acreditada como A+++, lo máximo en eficiencia, sino que harían lo mismo cuando acabasen su vida los restantes electrodomésticos.

Estaban mirando las lavadoras más baratas cuando se les acercó un dependiente y les informó: “no piensen que ninguna de esas lavadoras les va a durar más de dos o tres años”.

Buscando una vida útil algo mayor, compraron una lavadora en un escalón de precios superior al que empezaron mirando y, eso sí, con el mayor nivel de eficiencia energética (A+++), certificado por una etiqueta como la de la figura.

Cada vez que lavan, sonríen. Una lavadora en el tope de lo verde. Disfrutan contribuyendo a la salvación del planeta (y a la humanidad con ello). Y, medio jugando, intentan conocer su contribución a la lucha común contra el cambio climático.

Descubren que, en el caso de las lavadoras, la  clase de eficiencia se asocia a su consumo eléctrico referido al de una lavadora patrón con la misma capacidad de carga y en unas condiciones normalizadas de funcionamiento. Para una lavadora de 8 kg de carga máxima, los límites entre niveles se reflejan en la tabla adjunta. [1]

Intentando una visión colectiva, también llegan a saber que, como media, la energía consumida por el funcionamiento del conjunto de electrodomésticos representa el 13% del consumo energético total de la vivienda y que el consumo energético del conjunto de hogares representa el 17% del total de la energía consumida en España [2].

Hacen cuentas y calculan que su lavadora (clase A+++, 8 kg y 179 kwh/año), consume alrededor del 25% menos energía que otra de clase A+, hoy considerada ya poco eficiente. Desde un punto de vista individual, una reducción importante.

Los porcentajes anteriores les permiten calcular que, entre una situación, ideal, en la que todas las lavadoras en uso fuesen A+++ (y el resto de electrodomésticos también estuviesen en el mejor nivel de eficiencia) y otra en la que fuesen sólo A+ (y los electrodomésticos restantes estuviesen también en el tercer nivel) existiría un ahorro de, aproximadamente, el 0,5% [3]. Bienvenido, pero colectivamente escaso. Y eso en el supuesto de que el pequeño gesto, como es una decisión individual, se transformase en otro mucho más grande, como que toda la población se adhiriese voluntariamente.

En eso estaban cuando, un buen día, al ojear el recibo de la luz (bueno, de la electricidad, que la luz representa apenas entre la quinta y la sexta parte de la electricidad que se consume en los hogares y con tendencia a la baja [4]) descubren que lleva adosado una información titulada “Origen e impacto ambiental de la electricidad consumida”. El impacto ambiental se refleja en dos gráficos, muy semejantes, uno referido al de CO2 emitido y el otro a los residuos radiactivos de alta actividad generados.

Gráficos contenidos en la factura emitida por un proveedor real de electricidad, que cuantifican las emisiones de CO2 y los residuos radiactivos de alta actividad consecuencia de la generación de la electricidad servida. Se refieren a la media española y se expresan en valores unitarios (por KWh generado)

En la forma, los gráficos se parecen mucho al que proclama la gran eficiencia energética de la lavadora que habían comprado, pero su mensaje es muy distinto. Mientras que, en una escala de 7 niveles, la eficiencia energética de la lavadora se sitúa en lo mejor, la energía que hace funcionar a la totalidad de electrodomésticos se ubica en el sexto nivel, el segundo peor, y eso tanto en emisiones como en residuos radiactivos.

El descubrimiento siembra la duda. ¿No estaremos cayendo en el postureo? ¿No es contradictorio alimentar una lavadora A+++ con una electricidad F? Deberíamos comprender qué estamos haciendo.

Entender lo que dice el recibo es fácil.  Los gráficos incorporan los valores numéricos concretos: la generación de la electricidad que consumen emite 0,36 kg de CO2/KWh y origina 0,75 mg de residuos radiactivos/KWh frente a los 0,25 kg de CO2/KWh y 0,51 mg de residuos radiactivos/KWh que corresponden a las medias españolas.

¡Están consumiendo una energía que emite un 44% más CO2 y origina un 47% más residuos radiactivos de alta actividad que la media de la energía generada en España! [5] ¡Y, además, esa energía, en forma de electricidad, no se utiliza sólo por los electrodomésticos sino también en alumbrado, calefacción, etc.!

Y los números son peores si se considera toda la población. Si todos los hogares españoles utilizasen la energía que ellos están utilizando, las emisiones de CO2 totales subirían un 3,0% y los residuos lo harían un 3,2% respecto a los valores actuales [6], lo que es significativamente más que el 0,5% de ahorro en energía derivada del empleo de electrodomésticos de alta eficiencia energética.

El bajón del descubrimiento no les hace abjurar de su compra de una lavadora A+++ (en el fondo siguen pensando que, como escribió Eduardo Galeano “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”) sino que, por el contrario, deciden revisar su contrato de la luz (hoy conocen que hay comercializadoras que suministran energía “ecológica”, procedente de fuentes renovables o de cogeneración de alto rendimiento, que prácticamente no generan emisiones ni residuos radiactivos [7]).

Y algo más. También, visto que las iniciativas puramente individuales parecen necesarias pero no suficientes, deciden implicarse en los movimientos ciudadanos en pro del ahorro energético, de la sobriedad en el consumo y de las energías renovables limpias, buscando incidir en la toma de las decisiones políticas globales [8].

Pero la cosa no queda aquí. Accidentalmente habían descubierto alguna cosa más, como que, por ejemplo, al computar las emisiones (y los residuos radiactivos) asociadas al funcionamiento de la nueva lavadora no habían tenido en cuenta las generadas en su fabricación y que estas no son pequeñas (leyeron que, distribuidas entre el número medio de lavados, representan aproximadamente el 10% de las emisiones derivadas directamente del consumo energético necesario para el funcionamiento [9]). Ello quiere decir que si se divide por dos la vida útil de la lavadora se incrementan las emisiones por lavado en un 10% aproximadamente. ¡También es necesario actuar en esto, renunciando a ir a la última, haciendo durar las cosas (y exigiendo que se fabriquen cosas más duraderas)!

Pero, es lo que tiene el dar vueltas a las cosas, también les surgieron nuevas preguntas, de las que la más inquietante pudiera ser la que se desprende del mismo recibo de la luz, en el que se lee, literalmente: “Si bien la energía eléctrica que llega a nuestros hogares es indistinguible de la que consumen nuestros vecinos u otros consumidores conectados al mismo sistema eléctrico, ahora sí es posible garantizar el origen de la producción de la energía eléctrica que usted consume”.

Parece una “garantía de origen” pero también puede interpretarse como que usted, consumidor, puede elegir consumir energía limpia, pero eso no conduce a una mayor limpieza de la energía producida (eso lo seguimos decidiendo nosotros, los productores). Si usted opta por energía limpia, a otros consumidores que no lo hagan les serviremos la energía restante, más sucia, de forma que la media no se mueva y se equiparen producción y consumo.

En otras palabras, si yo contrato energía limpia ¿el mix de energía generada será más limpio? Bonita cuestión, que dejamos para una próxima entrada.


NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] A grandes rasgos, los supuestos en los que se calcula la electricidad consumida son 220 lavados, de los que 3/7 son en el programa de algodón, carga completa y 60°C, 2/7 en el programa de algodón, media carga y 60°C y los 2/7 restantes en el programa de algodón, media carga 40°C. Tanto estos supuestos como las fronteras entre las categorías provienen o están calculados a partir del contenido del  “Reglamento Delegado (UE) nº 1061/2010 de la Comisión de 28 de septiembre de 2010 por el que se complementa la Directiva 2010/30/UE del Parlamento Europeo y del Consejo en lo que respecta al etiquetado energético de las lavadoras domésticas”.

[2] Estos valores provienen de la publicación del IDAE “Guía Práctica de la Energía. Consumo eficiente y responsable”. Aunque la publicación es un tanto antigua (la edición es de 2011 pero los datos corresponden a 2007 y 2008), los valores relativos no pueden haber cambiado sustancialmente.

[3] Realmente no pueden conocer cuál sería el ahorro hoy, si todos los propietarios de lavadoras  que no lo hubiesen hecho ya las sustituyesen por otras de clase A+++. La causa es que no se conocen las características energéticas del conjunto del parque de lavadoras (esto es, a cuántos hogares afectaría el cambio y desde que nivel).

[4] Este dato proviene de las estadísticas que mantiene el IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía).

[5] Para evitar posibles malos entendidos debemos señalar que los porcentajes de reducción e incremento (en este caso y en la mayor parte de los textos) no son directamente comparables. En un caso se expresa lo menor respecto a lo mayor y en el otro lo mayor respecto a lo menor. Por ejemplo, pasar de 80 a 100 representa un incremento del 25% (sobre 80) mientras pasar de 100 a 80 representa una reducción del 20% (sobre 100). Si se expresa el valor medio de los impactos en España respecto a los de la electricidad a la que se refiere el recibo, este pasaría de los 44 y 47% que se recogen en el texto a otros de más pequeños: 31 y 32% respectivamente.

[6] Estos valores se han obtenido considerando que el consumo eléctrico de los hogares es el 41% de su consumo energético total (dato contenido en las estadísticas que mantiene el IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía) y que el consumo energético de los hogares representa el 17% del consumo energético total en España (ver nota 2). Interesa señalar aquí que, como ocurre siempre que el porcentaje es pequeño, no existe diferencia significativa entre los valores correspondientes a incrementos y decrementos que se señalaba en la nota 5. Cambiando de base de referencia, los incrementos del 3,0 y 3,2% que se expresan en el texto se convertirían en decrementos del 3,1 y 3,3% si se hiciese el cambio opuesto.

[7] En la página de la Comisión Nacional de los Mercado y la Competencia se accede al resumen de los resultados del sistema de garantía de origen y etiquetado de la electricidad relativos a la energía producida en el año 2016 y, en particular, a su Anexo II, en el que se recoge la descomposición, en función de su origen, de la electricidad que vendieron cada una de las comercializadoras que actúen en el mercado eléctrico español y las emisiones y los residuos radiactivos que les corresponden, función de ese desglose.

[8] Simplemente como posibilidad, citamos dos, que aglutinan cada una de ellas un buen número de agrupaciones individuales de distintos tipos: la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético y a la Alianza por el Clima.

[9] Tomado de The Guardian  de 25 de noviembre de 2010: “What’s the carbon footprint of … a load of laundry?”.

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2 respuestas a Una pareja, la lavadora y la factura de la luz

  1. JCB dijo:

    Muy buen análisis Mariano.La cuestión es si ya cuesta regular un servicio público como es el suministro eléctrico, como podemos regular las condiciones de compra de una lavadora si no es un servicio público.¿Regular el consumo? Pasar a la economía circular y entrar en el coste de los residuos donde se mezclan regulaciones locales , autonómicas etc con diferentes actividades a la vez ya se nos va de las manos. Porque hablar para los técnicos puede resultar no sencillo pero sí se pueden llegar a acuerdos pero ejecutar con visos de credibilidad es un reto imposible hoy. Por cierto diferente según la economía del país que analicemos.El pensamiento que apuntas es cierto pero ¿cómo seguir ese camino?. Hasta China se ha dado cuenta que no puede seguir siendo un cementerio de residuos eléctricos del mundo desarrollado.Luego ,¿qué haremos con las lavadoras rotas viejas…y las nuevas que se nos romperán antes?.Un estudio de aportación valor parece demasiado…mientras mantengamos las lavadoras claro, parece lo más lógico en el interim.

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