¿Por qué el decrecimiento?

Charla-coloquio que, bajo el título “Decrecimiento: De la teoría a la práctica”, organizó la Tertulia del Descrecimiento de Retiro con motivo del fin de curso 16-17 [1]

EL DECRECIMIENTO. UNA OPORTUNIDAD INEVITABLE [2]

Si prestas un poco de atención a lo que dicen todos los partidos, seguro que te das cuenta de que todo lo fían al crecimiento (continuo). Unos dicen que ya estamos en la senda del crecimiento (económico) que nos permitirá recuperar los puestos de trabajo perdidos y evitar nuevos recortes al “estado del bienestar”, mientras que otros se quedan en que crecimiento sí, pero creciendo de una forma diferente.

Pero, frente a esa visión, lo que está fuera de toda duda es que un mundo finito, como el nuestro, no permite de ninguna manera el crecimiento infinito que nos proponen. Que, en algún momento, antes o después, se agotarán los recursos y se superará la capacidad de acogida de esta nuestra Tierra.

Y el problema real y de fondo es que ese agotamiento no es algo que les tocará vivir a los nietos de nuestros nietos, sino que ya está aquí y que, si no hacemos nada, está para quedarse.

Recuerda, por ejemplo, en cómo nos subieron las tarifas eléctricas en las navidades pasadas por ser (dicen) mayor la demanda que la oferta; piensa que, también en navidades, tuvimos restricciones fuertes al tráfico en Madrid y en muchas otras ciudades, obligadas por la contaminación desbocada, y no te olvides de los muertos que esa misma contaminación causa; acuérdate de las carreteras llenas de coches atascados, del aumento acelerado de las alergias y de cómo los plaguicidas, junto a otros factores, están extinguiendo las abejas y dificultando con ello la polinización; analiza las razones de las luchas entre comunidades por un agua que no nos sobra y medita en las causas de que ya no quede un sólo hueco en nuestra costa para más “chalecitos” o de que los pozos de riego deban ser cada vez más profundos. Y si miras un poco más lejos, escucha los gritos del hambre o el crujir de la tierra seca donde hace poco había mares y lagos…

Cierto es que hay quien dice que todo esto, y más cosas que seguro puedes añadir, no dejan de ser hechos puntuales a los que, con nuestra capacidad técnica, seremos capaces de hacer frente. Pero eso no deja de ser un sueño de aprendiz de brujo, una huida hacia delante.

Basta pensar en cómo promovimos el uso del diesel para reducir la contaminación y hoy anunciamos su prohibición por la misma causa o, del mismo modo, en cómo hemos pasado de ensalzar los biocombustibles a limitar su uso. Tampoco es muy constante que digamos nuestra política hidráulica, que desde patrocinar un trasvase desde el Ebro al Levante ha pasado a una “siembra” de desaladoras por todo el litoral, sin conseguir que éstas funcionen siquiera mínimamente. Ni parece que sea aceptable el chantaje que nos proponen las grandes empresas eléctricas, pretendiendo que debamos elegir entre las emisiones de CO2 de las centrales convencionales y la condena a gestionar los residuos de las nucleares durante siglos, amén de soportar el riesgo de accidentes telúricos. O cómo el mayor productor de petróleo del mundo (Arabia Saudita) ha tenido que reconsiderar su política de extracción profunda de aguas para riego, no por su coste energético, sino por el agotamiento del acuífero y cómo ha puesto sus ojos en la explotación del Nilo, cuyos recursos ya no son suficientes siquiera para la población que allí vive.

No. No son simples errores que se rectifican y en paz. Lo que ocurre es que ya nuestro planeta (hoy, no mañana) no soporta nuestra presión. Y eso, de momento, no está conduciendo a una “explosión” sino a una adaptación más sutil: la tierra responde buscando un nuevo punto de equilibrio, calentándose, activando lo que hoy conocemos como “cambio climático” (antropogénico). Considera, no obstante, que no podemos descartar del todo esa explosión, “el colapso”, ya que los grandes errores son mucho más probables cuando las decisiones se toman en una situación de urgencia y se olvida el principio de prudencia.

Pero, como pasa con lo de llegar a los límites, el hecho es que el “cambio climático” no es que vaya a venir, es que ya está hoy aquí. Es que ya lo estamos notando.

Por ejemplo, piensa en cómo el tiempo está siendo cada vez más variable, con una proliferación notable de temporales, inundaciones y sequías o en cómo la primavera y la floración se están adelantando. Ten en cuenta que los hielos perennes están desapareciendo de los glaciares y de los polos, y que ya ha sido necesario evacuar una primera isla habitada por causa de la elevación del nivel del mar. Piensa en los muertos que causan las olas de calor, hoy más frecuentes, como también lo son los incendios forestales. Y no te olvides del avance de la desertificación en España y de la reducción del agua disponible.

Y esto no se quedará aquí sino que, si nos empecinamos en seguir creciendo, irá a peor. Implícitamente hasta lo reconocen las gobiernos, que, hace año y medio, en el Acuerdo de la Cumbre del Clima de Paris (ratificado por España y la casi totalidad de los estados) reconocen la necesidad de reducir drástica e inmediatamente las emisiones de gases de efecto invernadero, no ya para mantener la situación actual, sino para evitar que esta se desboque del todo. Y esa reducción pasa, necesariamente, por limitar absolutamente la utilización de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) sin que exista una alternativa viable, disponible a corto o medio plazo y capaz de cubrir completamente esa reducción, lo que implica renunciar a producir una parte sustancial de los bienes que en los países del Norte consumimos, es decir, a vivir con menos.

Y todo irá a peor, porque también es una realidad que hoy nuestro impacto global no es todavía mayor porque muchos, los países desheredados del Sur y los desheredados de los países del Norte, no pueden disponer siquiera de ese mínimo que permite una vida digna, algo que no es éticamente soportable y que no puede mantenerse indefinidamente si no es por la fuerza. Ya estamos viendo cómo la migración hacia el Norte crece (en número y sufrimiento) y como cada vez dedicamos más recursos a intentar frenarla (en la frontera o mediante subvenciones a sus gobiernos), recursos que detraemos de otros fines.

Y ante esto, ¿qué? Aquí ya no estamos seguros. Se trata del futuro y eso es algo que sólo podemos imaginar y en lo que podemos influir. Podríamos no hacer nada y dejar que las cosas sigan su curso. Previsiblemente los poderosos encontrarán la manera de apropiarse de los recursos cada vez más escasos, proclamarán en voz alta que el mundo es finito y que debemos adaptarnos a sus límites y conformarnos con sobrevivir malamente (nosotros, no ellos). La última crisis nos da la pauta: recortes para los más, acusados de “haber vivido por encima de las posibilidades”, mientras que los menos acumulan excesos en distintos paraísos fiscales. Es lo que algunos llaman “ecofascismo“, totalitarismo en nombre del medio ambiente.

Pero también podemos reaccionar y empezar a construir una sociedad nueva, en la que el reparto de lo producido sea equitativo y que interiorice la necesidad de reducir nuestro consumo global y vivir con menos.

Porque, si paramos un momento y lo pensamos, la conclusión está cantada: sin ninguna duda la mayoría de los que vivimos en el Norte podemos ser felices consumiendo menos, porque consumir menos debe permitirnos producir también menos, lo que nos llevará a disponer de más tiempo, que podremos llenar participando más en la educación de nuestros hijos, simplemente conversando en una plaza con amigos o tantas y tantas otras cosas que hoy no hacemos porque no tenemos tiempo y que, incluso, hemos olvidado cómo se hacen.

¡Despierta! Piensa que el decrecimiento no es una opción política. Piensa que vamos a decrecer sí o sí. Piensa que lo que es una opción es cómo decrecer. Piensa que podemos elegir decrecer plantando cara a este sistema injusto que soportamos, haciéndonos dueños de nuestro destino y transformando, profundamente y para bien, esta, nuestra sociedad.

Hoy es un lugar común decir que la generación que llega va a ser la primera que vivirá peor que sus padres, cuando pudiera ser la que viva mejor con menos y en un mundo más equitativo y humano.

EFEMÉRIDES

Hoy, 3 de julio, es el Día Internacional Sin Bolsas De Plástico. Para este día, el calendario del agua, el saneamiento y la higiene (puedes acceder a él desde la entrada “Pensando en agua, saneamiento e higiene, ¿sabías que…?” o bien directamente pinchando aquí) te dice que “según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, entre un 70 y un 90% de los residuos acuáticos que se encuentran en  playas son plásticos, muchos de ellos bolsas. Se estima que causan la muerte de unos 100.000 mamíferos marinos cada año. Un problema global como la falta de agua y saneamiento”.

En esa línea, te anima a utilizar bolsas de tela y a que, si tiras alguna de plástico lo hagas correctamente. Siempre al contenedor amarillo.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] La Charla-coloquio tuvo lugar en el Centro Clara Campoamor del distrito de Retiro, el pasado 22 de junio de 2017.

[2] El presente texto es reproducción literal del elaborado y distribuido en soporte físico por la Tertulia del Descrecimiento de Retiro, con motivo de la Charla-coloquio que clausuró su curso 16-17.

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4 respuestas a ¿Por qué el decrecimiento?

  1. Luis dijo:

    Magnífica entrada, que quiero ver como una síntesis que lleva directamente al centro de la cuestión: el decrecimiento no es una opción, pero podemos verlo como una oportunidad. ¿Seremos capaces? Ojalá mucha gente lea este artículo y piense un poquito sobre él.

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  2. JCB dijo:

    Lo que nos queda es el análisis de cómo los países que no han crecido van a crecer.Porque sin duda ellos sí lo necesitan.No es sencillo encontrar respuestas.¿Reproducimos la iniciativa aventurera de los emigrantes europeos que crearon los EEUU …la capacidad industrial de Alemania tras la segunda guerra mundial….el espíritu viajero de los británicos a los que la isla se les quedó pequeña….?.Algo deben hacer, algún modelo económico necesitarán….para crecer.

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    • Gracias JCB por tu comentario, que, como en algunas otras ocasiones, va más allá de lo que dice la entrada. En un par de páginas no se puede agotar un tema tan complejo como es el del decrecimiento a escala global.
      En cuanto a lo que planteas, mi opinión, que no se circunscribe al tema del crecimiento, es que los únicos que tienen derecho a responder a la pregunta de qué deben hacer los países del Sur son los mismos países del Sur, no nosotros desde el Norte. Son ellos los que deben escoger su camino (me gustaría que tuviesen en cuenta nuestros errores, pero son ellos los que deciden). También pienso que desde el Norte no tenemos derecho a exigirles que se conformen con su situación y respeten este (des)orden internacional.
      Otro apunte se refiere a que si es cierta la premisa que tú planteas y ellos tienen derecho a crecer, a nosotros nos tocará decrecer más y, aunque estoy seguro de que no es tu planteamiento, me gustaría señalar que sería una trampa argumentar contra el decrecimiento del Norte apoyándose en que al Sur no le queda otra que crecer. La tertulia que ha elaborado el texto se llama del “descrecimiento”, de cara a señalar, ya desde el nombre, que el decrecimiento al que se refiere es el de los que hemos crecido de más (de los que nos hemos pasado) y en lo que hemos crecido de más. No el de los que apenas alcanzan el nivel mínimo de supervivencia.
      En este sentido, en la entrada se dice, textualmente, “lo que implica renunciar a producir una parte sustancial de los bienes que en los países del Norte consumimos, es decir, a vivir con menos” y que “hoy nuestro impacto global no es todavía mayor porque muchos, los países desheredados del Sur y los desheredados de los países del Norte, no pueden disponer siquiera de ese mínimo que permite una vida digna, algo que no es éticamente soportable y que no puede mantenerse indefinidamente si no es por la fuerza”.
      Insisto, gracias por el comentario (aun cuando las posibilidades que citas como opciones no las veo relacionadas con el “desarrollo” del Sur) y te anuncio que, si este blog sigue suficiente tiempo, probablemente toque el tema del decrecimiento en el Sur en alguna entrada posterior. El tema merece la pena pero su tratamiento es muy delicado, precisamente porque es hablar de “otros” y no tiene derecho a hablar “en nombre” de otros.

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